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La colección Gurlitt volverá a sus dueños legítimos

Un comité investigará durante un año qué cuadros de los 1.280 que guardaba el anciano en su piso expoliaron los nazis

Cornelius Gurlitt, en un supermercado muniqués en noviembre.
Cornelius Gurlitt, en un supermercado muniqués en noviembre. action press

“Es necesario que pasen una o dos generaciones para que algunos de los crímenes nazis vayan resolviéndose. Por ejemplo, que un coleccionista privado acepte que un grupo de expertos analicen sus obras y se comprometa a devolver aquellas que proceden del expolio a los judíos”. Así resumía ayer el periodista Stefan Koldehoffen en el berlinés Museo de Pérgamo el acuerdo que el día anterior habían cerrado las autoridades alemanas con Cornelius Gurlitt.

Los funcionarios de aduanas de Baviera encontraron hace dos años en un piso de Múnich un tesoro con 1.280 obras de arte. Algunas de ellas tenían procedencia legítima y otras —las autoridades alemanas estiman que en torno a 500, mientras que los asesores del coleccionista reducen la cifra a medio centenar— fueron robadas por los nacional-socialistas durante la II Guerra Mundial.

Esto abre la puerta a que otras víctimas del nazismo hagan valer sus derechos

Tras meses de negociaciones, el anciano de 81 años, que heredó la colección de su padre, Hildebrand, ha acordado con los Gobiernos federal y de Baviera la creación de un comité de expertos, que dispondrá de un año para dilucidar la procedencia de los cuadros y grabados. Gurlitt, con una salud muy precaria, tendrá derecho a designar a uno de los miembros de la investigación, que será financiada por las arcas públicas.

Este paso abre la puerta, según el ministro bávaro de Justicia, el socialcristiano Winfried Bausback, “a que otras víctimas del terror nazi hagan valer sus derechos sobre las obras de arte”. “Estamos mandando una señal clara al resto del mundo. No vamos a permitir que la injusticia nazi se prolongue 70 años después del fin de la guerra”, añadió la responsable gubernamental de Cultura, la democristiana Monika Grütters. Las autoridades alemanas salen así del paso después de haber recibido numerosas críticas por parte de familiares de víctimas de los nazis por haber mantenido el hallazgo tanto tiempo en secreto.

El conflicto se remonta al encargo que Adolf Hitler hizo en los años treinta del siglo XX al padre de Gurlitt para que comprara y vendiera obras de lo que los nazis consideraban “arte degenerado”. Con los fondos que se recaudaran se financiarían las actividades del régimen. Gurlitt hijo, que al finalizar la II Guerra Mundial tenía 12 años, guardó en secreto el tesoro que había heredado durante más de 50 años.

La colección, en la que se encuentran obras de los pintores más destacados del periodo de entreguerras —entre ellos, Pablo Picasso, Henri Matisse, Otto Dix, Marc Chagall o Max Libermann— está ahora confiscada. Tras el año que dure la investigación, los cuadros o grabados que no se hayan documentado como robados volverán a las manos de Gurlitt.

La enésima sorpresa que ha deparado el caso Gurlitt la dio el protagonista el pasado lunes. Al cuadro Mujer sentada, de Henri Matisse, que está en proceso de devolución a los herederos del marchante judío francés Paul Rosenberg, le ha salido una nueva reclamación. Alguien, cuya identidad no ha trascendido, asegura ser su legítimo propietario.