Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
OBITUARIOS

Emilio Martínez de Velasco, arquitecto del ‘Pirulí’

Diseñó para RTVE un “obelisco funcional” que se convirtió en emblema del paisaje madrileño y símbolo de la España de la Transición

El arquitecto Emilio Fernández Martínez de Velasco, fallecido el domingo en Madrid a los 73 años, fue el autor del hito más reconocible del skyline de esa ciudad: el Pirulí, el nombre con el que se conoce a la torre de comunicaciones, actualmente propiedad de Abertis, edificada junto a la sede de los servicios informativos de TVE. Martínez de Velasco (Madrid, 1940) trabajó durante décadas como director de Arquitectura de RTVE. Lo era cuando, coincidiendo con el Mundial de 1982, se erigió Torrespaña en poco más de un año —la construcción se inició en febrero de 1981 y el edificio se presentó en público en marzo del año siguiente— para que los partidos se pudiesen retransmitir al resto del planeta. “La dibujé en una tarde, conté con un equipo de ingenieros estupendos, aquel verano no hizo viento y no llovió una gota... ¡el Pirulí estuvo chupado!”, apuntaba Martínez de Velasco hace unos años en este periódico. “Uno tiene más cariño a los proyectos complejos”, afirmaba entonces quitándose importancia. “Es un obelisco funcional”, explicaba el arquitecto, “un hito por la altura, pero nada más; no pretendía ser espectacular o bonita, sino útil”.

Su relación de amor/odio con el fuste de hormigón era, en sus propias palabras, “freudiana”. Y no carecía de sentido del humor. “Es algo así como la actitud ante un hijo demasiado brillante, mucho más que el resto de la prole (y de cuya paternidad no se está muy seguro)”, explicaba el arquitecto en un texto titulado Torres e icebergs para la revista del CSIC Informes de la construcción en 1982. Usaba la metáfora del iceberg —con sus seis séptimas partes ocultas bajo la superficie del agua— para explicar todo lo que escondía la alargada sombra del Pirulí: el resto de las instalaciones que se crearon para la retransmisión del Mundial, que quedaron eclipsadas por la fama instantánea de la torre, y el trabajo de un equipo con el que el arquitecto consideraba que tenía que compartir el crédito.

“Era muy generoso con todos, menos con él mismo”, le define su amiga, y colega arquitecta, María José Rodríguez Tarduchy. “Emilio tenía más cariño a otras obras más íntimas que el Pirulí, donde se había expresado con mayor libertad”, recuerda el arquitecto José Antonio Pruneda, con quien Martínez de Velasco montó un estudio cuando ambos terminaron la carrera. La Casa de la Radio, la reforma de los estudios Buñuel o del edificio del No-Do son parte de la carrera de este profesional que se consideraba “un servidor público” y que estaba especialmente orgulloso de que el Pirulí hubiese salido barato: la licitación fue adjudicada por 257 millones de pesetas, en torno al millón y medio de euros.

Excelente conversador, escritor de cuentos cortos y aficionado a la nueva literatura policiaca nórdica, Emilio F. Martínez de Velasco firmó la que en su momento fue la construcción más elevada de la ciudad y la novena torre de comunicaciones más alta del mundo. Con sus 220 metros, se convirtió además en un símbolo de la España de la Transición. “Desde el Pirulí se ve un país confundido y feliz”, cantó Víctor Manuel.

Construida a un ritmo de 4 metros al día, el arquitecto solía decir que al final la torre que salió se parecía mucho a la que él dibujó una tarde “sin tener la más remota idea”. Socarronería aparte, Martínez de Velasco también escribió en 1982: “Ha sido una aventura fascinante, un ejercicio imprescindible de colaboración interdisciplinar, una muy estimable demostración del nivel de tecnología nacional y, como dicen mis hijos, un ‘farde”. Y ahí sigue fardando su obra, inseparable del perfil de la ciudad.