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Mainer reivindica la literatura española del medievo y del XVIII

El catedrático escribe la 'Historia mínima de la literatura española' como un relato que muestra el rumbo tomado por la escritura y la historia del país en ocho siglos

En este "presente incierto y vivaz" encajan dentro del hilo argumental narradores como Javier Marías, poetas como José Manuel Caballero, ensayistas como Fernando Savater y dramaturgos como Juan Mayorga

Entre los más jóvenes están narradores como Ray Loriga y poetas como Juan Antonio González Iglesias

Leandro Fernández de Moratín, pintado por Goya.
Leandro Fernández de Moratín, pintado por Goya.

Millones de palabras en 50.000 palabras. Infinitas páginas en 201 páginas. Centenares de nombres de escritores, temas, corrientes y tendencias en nueve capítulos. 800 años de creación literaria para leer en unas... cuatro horas. Millares de libros asomados en un libro: Historia mínima de la literatura española (Turner), de José-Carlos Mainer. Un ensayo que se lee como un relato de la creación literaria en España y de la vida del país en el cual destacan las luces reivindicadoras que lanza sobre periodos más o menos eclipsados por la Historia oficial y el imaginario colectivo, como son la Edad Media y el siglo XVIII, mientras arriesga con el presente.

No se trata de un canon sino de una especie de vademécum, una guía para facilitar una lectura razonada de las letras españolas que recoge los cambios producidos a lo largo de su historia

¿Qué hay entre las jarchas de la Edad Media, pasando por el Cantar de mio Cid y José Ángel Mañas? Son el comienzo y el penúltimo nudo de un hilo literario de ocho siglos unido por la misma lengua. Mainer (Zaragoza, 1944) ha creado una narración ágil que empieza con una reflexión sobre qué es la literatura y su función, salta de inmediato a los orígenes de esta historia con las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar y termina, por ahora, con las corrientes y temas de la creación literaria más contemporánea: la presencia de la Guerra Civil, el auge de la autoficción, la mezcla de novela y ensayo, la vuelta del tono más personal en la escritura, la autobiografía y la generación del desencanto hasta llegar a la literatura del desasosiego desencadenada en esta década.

“No se trata de un canon sino de una especie de vademécum, una guía para facilitar una lectura razonada de las letras españolas que recoge los cambios producidos a lo largo de su historia”, explica el catedrático. El libro reivindica y hace justicia sobre momentos desdeñados o reprobados por estudios tradicionales y se une a una corriente intelectual que reconoce los valores y aportaciones a la humanidad y a las artes de épocas como la Edad Media (entre los siglos V y XV) y el siglo XVIII, en el caso concreto de España. Si la Edad Media no existiera, aclara Mainer, el mundo moderno no existiría, “los grandes cambios que se viven después vienen de allí en muchos órdenes, incluida la vida intelectual”. Un periodo que aún se ve oscuro e improductivo a pesar de que los románticos fueron de los primeros en empezar a iluminar aquellos mil años.

El siglo XVIII en España es singular. Atrapado entre el esplendor del Siglo de Oro y su estela y la literatura del XIX. Se ve como una especie de paréntesis estéril cuya idea Mainer borra. Lamenta que haya habido “una especie de repugnancia política venida en parte por Menéndez Pelayo. O sea visto como el siglo traidor y de influencias externas venidas, por ejemplo, de Francia”. Cuando la verdad es que, agrega el catedrático, si se dejan de lado ideologías y prejuicios, es allí donde se cuajan varios cambios y en la literatura se producen obras de alto valor. Ahí están, recuerda, los autos sacramentales y "figuras admirables" como el poeta Juan Meléndez Valdés o los dramaturgos y poetas Nicasio Álvarez de Cienfuegos y Leandro Fernández de Moratín, con piezas como El sí de las niñas.

El siglo XVIII es importante, ahí están los autos sacramentales y "figuras admirables" como  Meléndez Valdés, Álvarez de Cienfuegos y  Moratín

Se trata de un ensayo que se lee como un relato escrito casi de un tirón y de manera lineal del que solo una cosa hubiera preferido no escribir José-Carlos Mainer: de sus coetáneos. Pero el formato de esta colección de Turner lo exigía: recordar el origen de la literatura en español y cerrar con el pulso actual. “Un presente incierto y vivaz”, es el subtítulo del último capítulo del libro para referirse al periodo posterior a la muerte del dictador Francisco Franco en 1975. Sus claves, afirma Mainer, son la “nueva concepción de la cultura” que modifica el panorama desde el propio germen hasta su divulgación y promoción. Un segundo aspecto es el nuevo enfoque de una escritura más creativa, literaria y autónoma. Una herencia del periodo justo anterior donde se empieza a vivir o a recuperar un cierto exhibicionismo, como se aprecia, por ejemplo en los Novísimos, que dejó sobre el periodo anterior “la sensación de que se había hecho una literatura fracasada”.

Siempre es más difícil valorar la creación contemporánea porque no se sabe qué dirá el tiempo, asegura Mainer. Pero aceptó el reto. No como un diccionario ni una lista de nombres ni de obras, sino dentro del hilo argumental del relato que empezó en la Edad Media. Entre los autores contemporáneos presentes en dicha línea argumental de Historia mínima de la literatura española figuran Fernando Savater, Javier Marías, José Manuel Caballero Bonald, Ana María Matute, Juan Marsé, Antonio Muñoz Molina, Antonio Gamoneda, Cristina Fernández Cubas, Juan Eduardo Zúñiga, Enrique Vila-Matas, Álvaro Pombo, Luis Mateo Díez, Eduardo Mendoza, Juan y Luis Goytisolo, Francisco Brines, Félix de Azúa, Rafael Chirbes, Pere Gimferrer, José María Merino, Antonio Colinas, Juan José Millás, Almudena Grandes, Andrés Trapiello, Ignacio Martínez de Pisón, Luis Landero, Jon Juaristi y Fernando Aramburu. De las últimas generaciones figuran autores como Juan Antonio González Iglesias, Ray Loriga, Isaac Rosa, y José Ángel Mañas, el más joven de todos.

Como siempre, el problema no son las presencias sino las ausencias. Una de ellas es la de autores como Arturo Pérez-Reverte que no encajaba dentro de la estructura de corrientes o temáticas más características del momento. "Él y todos los demás que no aparecen en el libro, al igual que otras tendencias literarias", añade Mainer, "deben sentirse incluidos porque la idea del volumen es la de un presente incierto, abierto". Siempre en construcción.

Este es el penúltimo acercamiento que José-Carlos Mainer hace a este tema. En 2010 fue el coordinador de los nueve tomos de la monumental Historia de la literatura española, editado por Crítica, un compendio de 6.500 páginas desde la Edad Media hasta hoy.