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‘El hobbit: la desolación de Smaug’: regreso con dragones a la Tierra Media

'El hobbit: la desolación de Smaug', segunda entrega de la adaptación de Jackson de la novela de Tolkien, se estrena hoy

De El señor de los anillos, las más de 1.400 páginas de la obra maestra de J. R. R. Tolkien, Peter Jackson sacó tres películas. Y de El hobbit, unas 300 páginas de novela infantil que el autor británico escribió en 1937, también. Así que tras una primera parte de casi tres horas y pocos avances en la trama, hoy se estrena la segunda entrega de la adaptación cinematográfica de El hobbit: la desolación de Smaug. Para cerrar la trilogía, por cierto, habrá que esperar otro año, hasta El hobbit: partida y regreso, en diciembre de 2014.

“La decisión de dejarlo en tres películas llegó al final, cuando rodamos todo, y no encontraban la manera de dividir el contenido sin perder mucho material interesante. Sé que fue un dilema para Peter [Jackson]”, asegura el actor Richard Armitage, en Madrid para promocionar el filme. En concreto, el británico interpreta a Thorin, el líder de un puñado de enanos en misión para reconquistar una montaña y un tesoro que un día fueron suyos. Para ello, los barbudos cabreados y Bilbo Bosón, el pequeño hobbit que viaja con ellos y da el nombre a la película, tendrán que afrontar orcos, arañas, elfos oscuros, huidas caóticas y profecías, hasta tocar a la puerta del actual inquilino de su antiguo hogar: el terrible dragón Smaug.

Precisamente la aparición de la enorme criatura es quizás la novedad más esperada de esta segunda película. Si en la primera tan solo se vio el ojo del dragón, El hobbit: la desolación de Smaug ofrece un buen aperitivo -a la espera del epílogo- de las habilidades incendiarias y destructivas del monstruo alado. En la pantalla, eso sí, porque llamas y vuelos en el rodaje solo fueron telas verdes e imaginación. “Peter [Jackson] no te deja completamente a oscuras. No te da un dibujo perfecto de Smaug pero sí una buena idea sobre su tamaño. Aunque, siendo honestos, en muchas de las secuencias que rodé y que incluían al dragón, ni siquiera él sabía todavía cómo sería”, relata Luke Evans, galés ya adoptado por Hollywood (Fast and furious 6, Furia de titanes), que se mete en la piel de Bardo, una de las nuevas incorporaciones del filme.

El actor británico Luke Evans, fotografiado en Madrid. ampliar foto
El actor británico Luke Evans, fotografiado en Madrid.

Encantado con la duración de la trilogía (“permite profundizar más en los personajes y en la narrativa”), Evans lo está más aún con su papel, un arquero que arrastra un legado maldito: “Es un honor darle vida por primera vez. Es fantástico pensar que algún niño ahora podría coger el libro, tras ver la película, leer de Bardo y pensar en mi cara”. El protagonismo de su personaje, fundamental pero a la vez marginal en el libro, es uno de los grandes cambios que Jackson ha aportado respecto al Hobbit literario. Elogiado incluso por muchos fans de Tolkien por su fidelidad a los tres volúmenes de El señor de los anillos, esta vez el director neozelandés y sus guionistas parecen haber tirado más de fantasía. De ahí que, entre otras aportaciones, regrese Legolas, ya protagonista de El señor de los anillos, y aparezcan una elfa inventada -Tauriel, interpretada por Evangeline Lilly-, una pincelada de amor entre ella misma y un enano, y varias secuencias que la novela no contiene.

“Es muy sutil, no creo que distraiga de la historia. Y es bonito ver a un personaje femenino fuerte. Creo que si Tolkien hubiera escrito El hobbit hoy en día, habría incluido a Tauriel”, defendía ayer Evans en un chat digital con los lectores de EL PAÍS. Obviamente, es imposible saberlo. Lo que sí destacan, en cualquier caso, el propio actor galés, Armitage y miles de aficionados más es la complejidad de los protagonistas del universo fantástico creado por el autor británico. “Todos tienen sombras. Muy a menudo en el cine los personajes son o blancos o negros y eso queda muy falso. Por ejemplo, Thorin no es ni bueno ni malo. Es ambos”, sostiene el actor que lo interpreta, Armitage.

Pese a ser destinado a ser un gran rey, Thorin es también, como sus compañeros de expedición, pequeño. Así que en el rodaje se adoptaron distintos estratagemas para hacer coincidir a enanos y criaturas de estatura normal en la pantalla. A veces, bastaba con una plataforma que elevara al humano por encima de los enanos. Otras, valía el truco de dar objetos de tamaños distintos a seres más o menos altos. Pero no siempre. “Si había muchos utensilios y a lo mejor teníamos que pasárnoslos, era imposible”, recuerda Evans. En esos casos, la secuencia se rodaba por partida doble y luego se mezclaba. Al fin y al cabo, si sabes triplicar una película, duplicar un momento es lo de menos.

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