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Indridason: el rey de la novela negra en un país sin crímenes

El autor islandés nos habla de la vida de su personaje, de las preguntas sin respuesta de su país y de sus novelas y hasta de elfos

El escritor islandés Arnaldur Indridason, en Barcelona. Ampliar foto
El escritor islandés Arnaldur Indridason, en Barcelona.

Al llegar por la tarde a Reikiavik, cuando uno observa los vastos páramos que tienen como único fin las pesadas nubes que aplastan el horizonte y se deja envolver por una noche gris y brumosa que no llega a serlo del todo, entiende por fin la oscuridad, la tristeza y la búsqueda de respuestas que reinan en las novelas de Arnaldur Indridason (Reikiavik, 1961) y que atormentan a su antihéroe, el policía Erlendur Sveinsson. El escritor recibe a EL PAÍS en un hotel de Reikiavik, con la enorme torre de la iglesia de Hallgrímskirkja de fondo. Indridason, cuerpo grande, ojos pequeños, mirada cómplice unas veces, tímida otras, responde en islandés, idioma que ve amenazado, con algunas frases en inglés y tímidos gestos de afinidad hacia su interlocutor cuando habla, bien o mal, de Erlendur. En cambio, si lo que se aborda es la compleja situación de un país perplejo tras la brutal crisis de 2008, Indridason se vuelve hacia la traductora y, muy serio, responde en islandés.

“Espero que hayamos aprendido algo del colapso total que tuvimos. Fue tremendo. No sé muy bien cómo definir lo que pasó. Tuvimos mucho dinero muy rápido y de repente no teníamos nada de nuevo y no sabíamos dónde había podido ir”, asegura con gesto serio y perplejo. Periodista e historiador antes que escritor, cuando se le recuerda que, al menos, hay dos banqueros que han pagado con la cárcel sus desmanes, esboza una mínima sonrisa antes de añadir: “Sí, ahora parece que están pasando cosas”.

Con una de las tasas de criminalidad más bajas del mundo, los islandeses han sido capaces de convertir a un autor de novela negra en un fenómeno editorial que ya ha vendido 10 millones de ejemplares en todo el mundo y que ha sido traducido a 40 idiomas. En un país de 320.000 personas, para la primera edición de Pasaje de las sombras (premio RBA de novela negra, traducción de Fabio Teixidó) se imprimieron 25.000 ejemplares.

Espero que hayamos aprendido algo del colapso total que tuvimos en 2008

Un paseo por la capital, una ciudad entregada a los libros, explica algo de todo esto.Sin embargo, cuando uno busca las huellas de la degradación y el crimen por las calles de Reikiavik no encuentra ni rastro. Ni siquiera acudiendo a los escenarios de sus novelas. “Nuestra realidad criminal es pequeña, monótona, cotidiana y está a inmensa distancia de la de otros países” asegura el rey de la ficción criminal islandesa. En este panorama, Erlendur, un policía solitario, condenado por la culpa, silencioso, amargado y, en palabras de su propio creador, “aburrido”, se obsesiona con el pasado y con los crímenes por resolver. Su vida está señalada por la desaparición de su hermano cuando él tenía 10 años y mientras paseaban juntos, un hecho que le atormenta y que ni quiere ni puede superar. “La felicidad no es tan interesante como el sufrimiento. Si fuera alguien que viviese en algún barrio conservador y elitista de Reikiavik, todo perfecto, tendría muy poco que ofrecer. Es mejor hablar de gente como Erlendur, marcados por el dolor. Él ni siquiera quiere ser feliz, le basta, como mucho, con una consolación por lo ocurrido”, asegura empequeñeciendo aún más sus ojos.

En las novelas de Indridason no importa el quién, sino el porqué, aunque esa pregunta tenga muchas veces el silencio como respuesta. Como la de Erlendur, la historia de Islandia está marcada por las desapariciones. Es un país inhóspito, con una alta tasa de suicidios, muy poco habitado y con un clima infernal. “Todavía desaparece demasiada gente. Los espacios naturales son muy grandes y los inviernos son largos y oscuros. Antes la gente se podía perder de una granja a otra. Eso ya no ocurre tanto. Ahora bien, perdemos a la gente no sólo por la naturaleza sino por acciones humanas y eso es lo que preocupa a Erlendur”.

No me parece bien que los crímenes de droga sean castigados más duramente que los de género

Que no haya crimen organizado ni grandes criminales- “no son tan torpes ni tan estúpidos como dice Erlendur”, asegura entre carcajadas- no quiere decir que el país no tenga problemas. Dos, más o menos acuciantes. La integración de los inmigrantes, de la que el autor se ha ocupado en Invierno Ártico, y los crímenes machistas, tratados ampliamente en La mujer de verde, que el escritor reconoce era un libro destinado a denunciar una situación algo ignorada, y Pasaje de las sombras.

Indridason minimiza el asunto migratorio: “Son un porcentaje muy pequeño, del 10% de la población. Y el racismo no encontró su lugar ni siquiera a raíz de la crisis”. Pero no es tan benévolo con la violencia machista. “Es un crimen horrible y muy complicado porque la víctima siente mucha vergüenza y el poder está con el que lo comete. Además, los niños sufren muchísimo. Son los crímenes más difíciles de investigar porque faltan testigos y la vida privada en Islandia es intocable”, afirma en su tono más serio.

Indridason no comparte muchas cosas con el policía al que debe su fama y del que asegura todavía hay historias por contar: “Él no aguanta el sol de medianoche, a mí me encanta. Erlendur está muy a gusto durante los inviernos largos y duros. Yo no”, asegura en medio de una noche ya cerrada, invierno islandés en estado puro. Pero sí cree como él que la sociedad islandesa está americanizada en exceso, que el inglés está desplazando al islandés y que el sistema judicial es a veces demasiado blando: “Lo que me encoleriza es que los criminales estén en la calle. A veces me parece una justicia muy ligera. Ha habido sentencias de violaciones demasiado suaves. No me parece bien que los crímenes de droga sean castigados más duramente que los de género”. 

Indridason (cinéfilo; futbolero y fan de Arsenal y Barça; loco por el golf y devoto padre de familia) cree que Islandia y su personaje, al que asegura no comprender en muchas ocasiones, andan todavía en busca de una identidad. ¿Es Erlendur el islandés típico? “Nooo. Aunque no sé muy bien qué es esto de ser islandés. Él es triste, es un padre de familia lamentable pero también un gran policía”, responde. Indridason asegura no creer en los elfos, pero algunas páginas de Pasaje de las sombras y su cara al ser preguntado por segunda vez y guardar silencio le delatan. “Sólo puedo decir que nunca he visto uno, pero que seguimos dando rodeos cuando hacemos carreteras y encontramos el lugar en el que viven”, añade lacónico, no se sabe si en broma o muy en serio.

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