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En busca del espectador perdido

El espectacular éxito de la reciente Fiesta del Cine, con más de un millón y medio de entradas vendidas a 2,90 euros, ha reabierto el debate sobre el precio del billete, considerado excesivo por parte del público. EL PAÍS ha reunido a los implicados (exhibición, distribución, producción, público, Academia de Cine y ministerio) en busca de soluciones.

Desde la izquierda, Adolfo Blanco, de la distribuidora A contracorriente; Fabia Buenaventura, de FAPAE (productores); Susana de la Sierra, del ICAA; Juan Ramón Gómez Fabra, de FECE (exhibidores), y Enrique González Macho, presidente de la Academia. Marién Kadner tuvo que ausentarse.
Desde la izquierda, Adolfo Blanco, de la distribuidora A contracorriente; Fabia Buenaventura, de FAPAE (productores); Susana de la Sierra, del ICAA; Juan Ramón Gómez Fabra, de FECE (exhibidores), y Enrique González Macho, presidente de la Academia. Marién Kadner tuvo que ausentarse.

Colas multitudinarias en las puertas de las salas, gente joven viendo películas en pantalla grande, público yendo al cine entre semana como hacía años que no ocurría. La V Fiesta del Cine ha provocado un terremoto en la industria: 1.573.412 entradas vendidas de lunes a miércoles a 2,90 euros, es decir, siete veces más espectadores que los mismos tres días de la semana anterior, y el doble de asistentes que la Fiesta del Cine de 2012. Con solo registrarse previamente en la web del evento (lo hicieron dos millones de personas) cualquiera podía ver una película en 2.574 salas de 272 cines.

Visto el resultado, comienza el debate. ¿Es el cine caro en España? ¿Si se bajara el precio medio de la entrada —6,8 euros—, volvería la gente a las salas y se detendría la sangría de espectadores? Si en 2004 se vendieron 144 millones de entradas, en 2012 solo fueron 94,2 millones. EL PAÍS juntó el viernes por la mañana a debatir durante hora y media sobre lo ocurrido y sus posibles consecuencias a Juan Ramón Gómez Fabra, presidente de FECE, la federación de exhibidores; Enrique González Macho, presidente de la Academia de Cine; Susana de la Sierra, directora del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA); Adolfo Blanco, consejero delegado de la distribuidora A contracorriente; Fabia Buenaventura, directora general de la Confederación de Asociaciones de Productores (FAPAE), y a Marién Kadner, una espectadora que participó en la Fiesta del Cine. También fueron invitados varios directores de cine y representantes de las grandes distribuidoras, las majors de Hollywood, que no pudieron acudir.

Pregunta. Este éxito de la Fiesta del Cine, ¿es porque la gente quiere ver películas a precios bajos? ¿Fue un evento puntual o el principio de la vuelta de los espectadores a las salas?

Susana de la Sierra. Fue una sorpresa muy positiva. Hay desde luego un interés por ir al cine y debemos aprovechar ese impulso. El cine español resulta atractivo: entre las 10 más vistas hay tres españolas.

Así se reparte una entrada

El 21% es el IVA.

El 3% es para las entidades de gestión de derechos de autor.

El 33% (porcentaje variable) es para los exhibidores.

[El 43% (variable) es para las distribuidoras (aquí entra la parte de los productores).

Enrique González Macho. Lo primero es agradecer al público la asistencia. Me atrevo a decir que habría gente que por primera vez entraba en una sala, y espero que la experiencia les haya descubierto que el cine visto en una sala llena es una emoción muy distinta. Ahora que volvemos al día a día, no hagamos demagogia: fue un hecho excepcional con un precio excepcional, con una afluencia inmensa de público como se da en los festivales de cine, que llenan salas en ciudades que el resto del año están vacías. Somos conscientes de que esos 2,9 euros por entrada es un gesto al público, no una operación económica. Ese precio es inviable, pero es cierto: hay deseo de ver cine. No olvidemos que el cine tiene otros problemas: el mayor, la piratería. O que en el precio de la entrada un 24% es de impuestos y tasas. Una bajada que hiciéramos los dueños de los cines de 15%, que puede sonar grande, no repercute más que en algo más de un euro. Sí pido al público que busque salas con buenos precios: en Madrid se pueden ver películas de estreno a 5,50 euros, y por aún menos si posees una tarjeta de fidelización. Se impone un gesto universal —sin llegar a acuerdos, que están prohibidos por el Tribunal de la Competencia— de bajada de precios.

Adolfo Blanco, de la distribuidora A contracorriente.

Marién Kadner. Yo fui a la Fiesta del Cine. Como estudiante el cine me parece caro y eso que no compro palomitas o bebidas y otros consumibles. Un precio razonable por entrada podría ser cuatro euros. La cultura me parece cara, aunque soy sensible a que haya que pagarla.

Fabia Buenaventura. Todos somos conscientes de que este es un evento puntual, parecido a unas rebajas de ropa o a las ferias de libros. Pero también que hay que realizar un esfuerzo de ajustes de precios bien comunicado, y reducir el IVA, que de una tacada bajaría un euro el precio. El público ha hablado claro: nos gusta ver películas en pantalla grande y queremos rebaja de precios. Es el momento de entender que tal y como está la situación económica de las familias en España hay que hacer cambios sin por ello hundir la cadena industrial: producción, distribución (que recibe cerca del 43% del precio de una entrada) y exhibición (que se lleva el 33% restante, descontados impuestos).

Fabia Buenaventura, de FAPAE (los productores).

Juan Ramón Gómez Fabra. Esta fiesta nació porque hubo acuerdo entre todos los sectores para organizarla, un acuerdo que durante décadas no existía. Este año el fenómeno ha estallado porque hemos usado las redes sociales para la comunicación, porque se ha celebrado en toda España y porque hasta el año pasado la entrada se lograba habiendo comprado otra previamente: en esta edición solo hacía falta acreditarse. Es innegable que el espectador es sensible al precio, pero el precio puede verse de dos maneras: de la percepción que tenemos de él y de su valor real. La gente piensa que las entradas son caras, aunque en realidad es el precio neto más barato de Europa. El aumento del IVA fue la patada final cuando estás al borde del precipicio.

Adolfo Blanco. Yo soy optimista con el futuro del cine. Se consume más cine que nunca, pero el que se ve en sala vive un terremoto. En España está más amenazado que en ninguna parte del mundo porque sufrimos la tormenta perfecta, en la que se han juntado el IVA, la carísima digitalización de las salas, la piratería… Ahora bien, tenemos la obligación de aceptar el reto que nos han planteado los espectadores. No podemos dejar que se enfríe este momento: debemos aprovecharlo. No se puede esperar dos meses en un “a ver qué hacemos”. El cine en España ha costado de media desde 1958 unos cinco euros, salvo una bajada a tres euros en los ochenta. Ahora cuesta 6,8. No es caro comparando con otros soportes culturales, pero es el precio más caro de la historia. Pensemos, volvamos a hacer auténticos días del espectador con entradas a mitad de precio. Espabilemos.

Juan Ramón Gómez Fabra, de FECE (los exhibidores).

J. R. G. F. Hay una percepción de que pagas mucho por el cine, y creo que debemos darle un valor a lo que estamos viendo. Sin embargo, es cierto: debemos obtener más tráfico, más espectadores en las salas. Para una bajada real de precios hay que pensar en nosotros los exhibidores, en la alta fiscalidad, pero también en los distribuidores, que se llevan casi la mitad de lo recaudado por entrada. Ese parámetro no ha cambiado cuando sí lo ha hecho el ritmo de consumo: antes una película estaba en cartel cuatro meses. Ahora importa el primer fin de semana, las películas se lanzan con 500, 600 copias, los propios exhibidores las ponemos en cuatro pantallas de un complejo. Damos respuesta a ese ansia, y a la semana siguiente los otros estrenos empujan a esos filmes a segundo plano. Otro gran cambio es que antes el cine era una salida de ocio habitual. Ya no existe ese hábito. Ahora es un evento, y solo si logras que tu película sea un evento triunfas en taquilla. Otro detalle: si lográramos parar la piratería, es posible que los distribuidores ganaran más con los otros mercados (DVD, visionado on demand, televisiones) con lo que no apretarían tanto su porcentaje en la entrada de las salas.

S. S. El precio es importante, pero no el único factor. Estoy de acuerdo con que la subida del IVA ha tenido su impacto, pero ha sido más psicológico que real, porque la percepción de que el cine era caro ya existía, y aumentó. Y además de apelar y comunicar las ofertas, debemos explicar a la gente por qué una entrada cuesta lo que cuesta. Una película tiene grandes costes. El abandono de las salas no solo se debe al precio. No restaría importancia a la piratería, porque si tienes gratis un producto te olvidas de la experiencia estética de ver una película en sala. Para cada generación hay razones distintas de la huida: el público infantil ha dejado de ir porque consume más audiovisual en casa, los padres jóvenes necesitan pagar canguros…

Enrique González Macho, presidente de la Academia.

P. Es cierto que los hábitos de consumo han mutado, pero el 21% de IVA ha sido la guinda. ¿No es momento de bajarlo?

S. S. Mi opinión sobre aquel aumento ha sido igual desde el principio, como también así lo han manifestado el secretario de Estado y el ministro Wert. Considero que, ahora que hay una reflexión sobre su descenso, espero que esta Fiesta del Cine, que también contaba con el apoyo del ICAA, sirva para agilizar esta reflexión.

E. G. M. Hay más problemas: se siguen estrenando unas 550 películas al año en España, y unas 20 concentran el 90% de la taquilla. Tenemos además un parque de salas sobredimensionado. Lo normal sería una pantalla por 25.000 habitantes. Aquí estamos en una sala por 14.000 habitantes, encima mal repartidas: en muchas capitales de provincia no hay ni una. Porque se creció pensando solo en que todos los centros comerciales tuvieran salas. Eso sí, como hemos sido los últimos en la carísima reconversión tecnológica al digital, tenemos las más modernas.

Marién Kadner, espectadora de cine.

A. B. Tenemos que hacer deberes para que estas películas evento se repitan más: buen boca oreja, gran promoción —pensad en Telecinco con Lo imposible—. Nos cuesta mucho lanzar las películas. Publicitar una película en España es más caro que en el resto del mundo. Lo mismo las televisiones públicas deben promocionar más las películas en cartelera, y no solo las producidas por ellos. Es crear afición en la población, que para eso es una cadena pública, como se hace en Italia…

E. G. M. Porque en España nunca ha habido una política audiovisual, como sí en Francia.

J. R. G. F. Han cambiado los hábitos del consumo, pero curiosamente la gente con teles inmensas ven películas pirateadas con rayas y problemas de sonido. Es un problema educacional, hemos perdido de vista los valores de calidad. Y ni hablo de la piratería.

Susana de la Sierra, del ICAA.

M. K. A mí me encanta ir al cine, y verlo en una gran pantalla, al igual que mis amigos. Lo mismo somos unos románticos. Porque entre ver una película a cuatro euros en una sala o verla pirata, pago. Pero sigo sin entender por qué no se puede bajar a ese precio las entradas.

E. G. M. Es sencillo: de una entrada el 24% se va en impuestos y ahí no rascamos. Del resto la mitad, muy aproximadamente, se queda en el cine y la otra mitad la distribuidora. En los cines tenemos que pagar empleados, impuestos, electricidad, las instalaciones, aislamientos térmicos y acústicos… Y pagas lo mismo vayan 10 personas o 1.000.

J. R. G. F. En España la media de ocupación es de un 12%, bajísima [venden 12 entradas de cada 100 posibles]. Solo logras movimiento en tres sesiones fuertes en toda la semana: ya no hay negocio en las noches laborales. Y las distribuidoras fuertes, las majors, te piden un dinero fijo por entrada, no dejan negociar.

A. B. Nadie te obliga a proyectarlas.

J. R. G. F. Diles eso a los de los complejos comerciales.

Medidas a estudiar

Celebrar la Fiesta del Cine varias veces al año en lugar de una, aprovechando su tirón popular.

Establecer diferentes precios de entrada según las películas (en virtud de su presupuesto, formato, gasto en promoción, etcétera).

Reunión urgente de los sectores implicados (exhibidores, distribuidores, productores...) para no dejar pasar el efecto Fiesta del Cine.

Recuperar el día (o los días) del espectador con entradas a 4 o 4,5 euros.

Precios especiales para familias que acudan a ver películas infantiles.

E. G. M. Yo he sido muy peleón con eso, pero reconozco: no puedes prescindir de las películas de las cinco majors, porque suponen el 80% del mercado.

J. R. G. F. Cierto, tienen un seudomonopolio. Y aviso: con el apagón analógico desaparecerán 1.000 pantallas el próximo año.

F. B. ¿Por qué dejamos que en España el porcentaje que se lleva de una entrada una major sea mayor que en el resto de Europa?

J. R. G. F. Por culpa nuestra. Cuando hay tantas salas compitiendo, quieres ese taquillazo a toda costa.

E. G. M. No soy antiamericano, pero con los años en el cine he aprendido que o trabajas con ellos o trabajas para ellos. Contra las majors no haces nada.

J. R. G. F. Dicho todo eso, ahora hay gran comunicación, y el IVA ha afectado tanto a todos que nos ha unido. La insensibilidad cultural de este Gobierno es bestial. Nos vamos a reunir pronto [puede que el próximo día 5] para que el espíritu de la Fiesta del Cine no desaparezca. Hay muchos intereses enfrentados, pero creo que hay necesidad de solución.

A. B. Ajustemos el precio a la demanda. Como distribuidor a veces querría dar algunas de mis películas a menor precio, para sensibilizar y educar al público, o que las entradas fueran más baratas según pasen las semanas de esa película en cartel. Dinamicemos como en Francia los pasaportes, que por un fijo —no sé, 300 euros— puedas ver las películas que quieras todo un año: sería un gran regalo de Navidades. Precio reducido desde el domingo por la noche para todos los días laborales. Y pensemos en acciones radicales para cuando, por ejemplo, llegue el Mundial de Fútbol. ¿Una Fiesta del Cine de 15 días?

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