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Mario Galeano: El hijo de la cumbia

Cacique de los grupos Frente Cumbiero y Los Pirañas; colíder de Ondatrópica, el músico, productor y director colombiano es el gran responsable del nuevo vuelo que experimenta la música popular de su país

Mario Galeano: El hijo de la cumbia

Muy cierto lo del Pep: todo en la vida tiene un puto jefe, un puto amo. Mourinho lo es aún en las salas de prensa del fútbol español (incluso desde el Chelsea), la Merkel -tras su tercera reelección- se perpetúa como canciller en Alemania, ya veremos si Walter White seguirá siendo el capo y Mario Galeano es el responsable del reposicionamiento de la cumbia en el mundo entero.

A sus 35 años, el músico y productor colombiano logró lo que ningún otro artista latinoamericano de su generación ha conseguido: acercar la tradición hasta los intrincados terrenos de la vanguardia internacional.

A sus 35 años, el músico y productor colombiano logró lo que ningún otro artista latinoamericano -por lo menos de su generación- ha podido conseguir:  acercar la tradición hasta los intrincados terrenos de la vanguardia internacional y demostrar su cualidad mutante y evolutiva. Al punto de que la inglesa Mary Anne Hobbs,  la DJ, presentadora de la BBC y patrona del dubstep, reconoce en el único fenómeno cultural que aúna -amén de las crisis económicas y políticas- a la América Latina hispanoparlante una de sus grandes debilidades musicales.

Al mismo tiempo que controla las riendas de Ondatrópica, laboratorio rítmico dedicado a los sones tradicionales colombianos que lleva adelante junto a su Santidad del groove británico, el inglés Quantic (establecido en la nación cafetera desde 2007), además de que funciona como un All stars de la música popular de su país (en él participan desde el salsero Fruko hasta el guarachero Aníbal Velásquez), Galeano es también el artífice del grupo de psicodelia free jazz tropical Los Pirañas y del Frente Cumbiero: el impulsor de la nü cumbia. A pesar de que la terna apunta hacia el mismo objetivo, cada emprendimiento sostiene una identidad propia. “Para muchos es contraproducente tener tres proyectos caminando simultáneamente, pero me parece muy bien porque una cosa empuja a la otra. No se pisan, y tienen fibras y públicos diferentes”, justifica el asimismo melómano y DJ. “No lo siento tampoco una carga excesiva de trabajo. Aprovecho la visibilidad que tienen todas estas propuestas para seguir grabando y experimentando, pues no todas las agrupaciones locales corrieron con la misma suerte”.

Mario conoció los misterios del heraldo sonoro de su país en un periodo en el que el rock bogotano comenzó a tomar forma, fuerza y furor, tras su despertar en el under, a fines de los ochenta, gracias a grupos como Aterciopelados, La Derecha y 1280 Almas. “En la época de la alternatividad y del grunge, entre 1995 y 1996, estaba tocando en bandas de rock progresivo y de jazz. Aunque mi primer proyecto serio, Ensamble Polifónico Vallenato, lo tuve a fines de los noventa, en un momento en el que El Bloque (NdelR: combinado encabezado por el músico y productor Iván Benavides, e integrada por componentes de La Provincia, el conjunto que acompaña a Carlos Vives. David Byrne lo reclutó para el sello Luaka Bop, con el que editó un homónimo disco en 1998) nos mostró muchas posibilidades en ese encuentro entre el rock y los géneros tropicales. Eso nos marcó un montón. Éramos ruidistas, atonales y noiseros, y de ahí en más fue un proceso de acercarse a los instrumentos, de ir a San Jacinto, de conocer la manera en que ciertos estilos se relacionan con otros, y de comprar vinilos”.

Teaser del álbum de Ondatrópica

Desde el surgimiento del Ensamble Polifónico Vallenato hasta Ondatrópica han pasado tres lustros en los que la música popular contemporánea colombiana ganó impronta. “A diferencia de los ochenta, década en la que el rock local estaba muy interesado en copiar lo que sucedía afuera, en los noventa nació el interés por marcar una identidad y un nuevo sonido”, explica Galeano. “Encontramos que estéticamente había un universo de posibilidades que también nos permitía desarrollar un lenguaje propio. Y en ese largo proceso de investigación realizamos varios proyectos”. No obstante, en 2010 salió a la venta el álbum que sacó a la cumbia de las repisas de los anticuarios: Frente Cumbiero meets Mad Professor, que surgió a partir de la invitación del compositor y director del combinado al padrino del dub a Bogotá, un año antes. “La idea de mezclar cumbia con dub fue mía, por eso lo llamé. Lo trabajamos paralelamente hasta que se logró. No conocía nada del género. Cuando escuchó unos discos que le dejé, encontró una estrecha relación entre la gaita (instrumento propio del estilo) y el ska”.

Mientras, Galeano que también es docente en la Universidad Javeriana de Bogotá, pone a bailar incluso a los eslavos, hace pocas semanas se presentó en Moscú con el Frente Cumbiero, en su terruño es prácticamente ignorado por los medios y la industria. “Nuestro aliado ha sido Internet porque las únicas emisoras en las que sonamos son las culturales o la Radio Nacional. Las estaciones comerciales están moldeadas por el modelo de los noventa de la payola y el vallenato”, describe el artista que prepara en este momento un proyecto al lado de Jorge Drexler. “Es un movimiento que no llegó al mainstream, aunque no hay una resistencia estética. La gente dejó de escucharlo. Aquí el imaginario colectivo lo asocia con un sonido clásico nacional, de la época de esplendor de las orquestas elegantes de salón. Ni siquiera representa a una clase social, a diferencia de Argentina, México o Perú, donde es un fenómeno muy fuerte. Así que lo que nos queda es movernos en un ambiente alternativo, totalmente underground de muy pocos bares de Bogotá”.

 Si bien la cumbia ayudó a desbaratar el cliché latino impuesto por la salsa y el merengue alrededor del mundo, su proyección en esta orilla del Atlántico aún depende de los validadores internacionales. “Eso es muy típico de nosotros. Tenemos la materia prima, pero hasta que no venga un gringo a decirnos que esto está bien, nadie le da atención”, advierte el  colombiano, que prepara los próximos títulos del Frente Cumbiero y Ondatrópica, y ya tiene en la calle el más reciente de Los Pirañas. “Los extranjeros tuvieron la cualidad de darle una nueva dimensión estética al lograr conectarla con otras cosas. Tras su aparición en los blogs cool de Nueva York, Berlín o Londres, le movió el piso a un montón de gente”. Pese a que muchos productores de electrónica y músicos latinoamericanos aprovecharon su auge para sostener sus carreras, algunos ya comenzaron a bajarse del género para subirse al siguiente vagón de la boga. “Qué bueno que salga del discurso de la gente, y que el oportunismo decaiga. Eso es importante porque lo que queda es la esencia. Seguirán surgiendo proyectos, y nos mantendremos los que estamos en el asunto”.