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Una gala sobria y rápida

La ceremonia de inauguración de la 61ª edición del festival de San Sebastián luce elegancia y fluidez

El Lehendakari, Iñigo Urkullu, junto al realizador estadounidense, Oliver Stone, en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Ampliar foto
El Lehendakari, Iñigo Urkullu, junto al realizador estadounidense, Oliver Stone, en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. EFE

Con Oliver Stone, Annette Being o Michelle Yeoh. Con David Byrne, Todd Haynes y Diego Luna, que son parte del jurado. Todos ellos aparecieron por el escenario del Kursaal para presentar las diversas secciones de la 61ª edición del festival de cine de San Sebastián, que presentaban esta noche Unax Ugalde y Cayetana Guillén Cuervo con elegancia y solvencia: él todo de negro; ella de blanco. El escenario tampoco jugaba con grandes elementos, sino que dejaba el protagonismo a los vídeos y dos 61, un blanco y otro naranja.

Las diferentes secciones del Zinemaldia provocan situaciones graciosas, como que Michelle Yeoh –por quien no pasan los años- hablara de cocina, en concreto con un plano de fondo de un documental sobre gastronomía española. Bening, con su exquisita dicción y su clase natural, dio paso a la sección Perlas, en la que sí participa con ‘La mirada del amor’. La actriz estadounidense iba de negro, como casi todos los participantes masculinos en el acto. Sara Cózar, protagonista de Bypass, que el año pasado se proyectó en el certamen, presentó el ciclo dedicado al cine vasco.

En el patio de butacas todas las autoridades participantes del patronato del certamen: ministerios de Cultura, Gobierno Vasco, Diputación y Ayuntamiento. En el centro el ministro José Ignacio Wert, que mañana entregará el Premio Nacional de Cinematografía a J. A. Bayona, que en la pasada edición presentó aquí Lo imposible. La gala fue rápida, 45 minutos, sobria y pensada para que los telespectadores no se aburrieran, y acabó con las palabras de Haynes, presidente del jurado, rodeado de sus compañeros de deliberaciones, que declaró su felicidad ante el trabajo que le espera en los próximos ocho días. De epílogo aparecieron Juan José Campanella y Arturo Valls, director y doblador de Futbolín, que presentó su película pidiendo que los espectadores se sintieran niños, y se divirtieran antes de sufrir los habituales sufrimientos mostrados por los filmes festivaleros.