CRÍTICA: 'LOS BECARIOS'Crítica
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¡Qué empresa más ideal!

Vince Vaughn y Owen Wilson encarnan a dos infelices vendedores que, tras quedarse en paro, se convierten en becarios de Google

Owen Wilson y Vince Vaughn en 'Los becarios'.
Owen Wilson y Vince Vaughn en 'Los becarios'.

Al ambientar su ficción en ese limbo de marcas e identidades corporativas que es la zona de embarque de un aeropuerto, Steven Spielberg dio forma en La terminal (2004) al sueño húmedo de todo ejecutivo de Hollywood obsesionado con las inserciones publicitarias: la película se convirtió, en su momento, en la producción de Hollywood con mayor densidad de product placement por milímetro de fotograma. Siempre se puede llegar mucho más lejos, como demuestran tanto Los becarios como una película española de próximo estreno: Viral de Lucas Figueroa, ambientada en el interior de la FNAC Callao y, por tanto, subordinada, en cada una de sus decisiones creativas, a los requerimientos de imagen de la empresa. En Los becarios, Vince Vaughn y Owen Wilson encarnan a dos infelices vendedores de relojes que, tras quedarse en paro, deciden convertirse en talluditos becarios de Google. Los primeros minutos de la película parecen apuntar a un retrato satírico del capitalismo 2.0 y sus simulacros, que pasan por reformular el entorno laboral en espacio lúdico y por disfrazar la política empresarial casi de mística filosofía de vida. Por supuesto, es una falsa pista: el gran punto de giro de la propuesta pasa por transformar la comedia de choque generacional en una suerte de aparatosa ficción corporativa, que acaba loando las portentosas capacidades de Google para redimir a su pelotón de los torpes en fuerza de trabajo perfectamente integrada.

LOS BECARIOS

Dirección: Shawn Levy.

Intérpretes: Owen Wilson, Vince Vaughn, Rose Byrne, Max Minghella, Dylan O’Brien.

Género: comedia. Estados Unidos, 2013

Duración: 119 minutos.

En un momento en que el consumidor cultural celebra una nueva ficción televisiva que solo ha sido posible cuando los contenidos han podido liberarse del yugo de la publicidad, resulta inquietante contemplar cómo el cine se arrodilla ante un patrocinio que no se esfuerza ni en disimular, ni en camuflarse. Los becarios tiene exactamente la misma dinámica narrativa que Monstruos University: un elocuente testimonio del atajo que han tomado ambos proyectos, apoyándose antes en moldes narrativos pre-cocinados que en ideas inéditas. Como en el caso de la última propuesta Pixar, resulta difícil enemistarse del todo con Los becarios: lo valioso está en los detalles, en algunas réplicas, en las caracterizaciones de sus secundarios y en la eficaz, aunque no explosiva, química de su pareja cómica protagonista.

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