OBITUARIO

Aleksei Balabánov, el ‘enfant terrible’ del cine ruso

Muchas de sus películas son comedias negras ambientadas en los estertores del comunismo soviético

Aleksei Balabánov, en 2007.
Aleksei Balabánov, en 2007.CORDON PRESS

El director de cine ruso Aleksei Balabánov (Sverdlovsk, actual Ekaterinburgo, 1959) falleció el pasado día 18 en San Petersburgo a los 54 años tras sufrir un infarto. Muchas de las películas de Balabanov son comedias negras extremadamente violentas ambientadas en los estertores del comunismo soviético y en la agónica instauración del capitalismo gansteril tras el desplome de la URSS. Algunas de sus obras más conocidas, como Hermano (1997) y su secuela Hermano 2 (2000), que le dieron un gran éxito comercial en Rusia, han sido comparadas con la cinematografía de Tarantino.

Varias de sus creaciones son adaptaciones libérrimas de clásicos contemporáneos, como sus dos primeros largometrajes, Días felices (1991) y El castillo (1994), en los que llevó al cine las obras homónimas de Samuel Beckett y Franz Kafka. También se inspiró en Nikolái Gogol, Fiódor Dostoievski o Mijaíl Bulgákov (Morfina, 2008).

Ajeno, por no decir abiertamente hostil, al establishment cinematográfico ruso, en 1994 fundó, junto con Sergei Selyanov y Viktor Sergeyev, el estudio independiente CTB, a través del cual produjo todas sus películas.

Balabánov, que había estudiado idiomas en la universidad, trabajó como traductor en el Ejército soviético en África y Oriente Próximo. Posteriormente fue ayudante de dirección en su ciudad natal y más tarde se instaló en San Petersburgo, ciudad que en sus filmes aparece retratada como un lugar de pesadilla que tritura a sus habitantes.

Ambientados con un agresivo fondo de rock ruso, en sus filmes figuran sanguinarios matones chechenos, funcionarios sádicos y corruptos, mafiosos en busca de redención, grotescos escenarios de horror de los años ochenta (Cargo 200, premio a la mejor dirección en el Festival Internacional de Cine de Gijón) o pioneros de la pornografía en la Rusia zarista (De monstruos y hombres, 1998). Yo también (2012), última película que completó, presentada hace pocos meses en Rotterdam, es una peculiar réplica al Stalker de Tarkovski.

Pese a su constante búsqueda del enfrentamiento y la provocación, que muchas veces tocó los límites de la tolerancia oficial, la filmografía de Balabánov ha recibido numerosos premios en Rusia. También ha sido bien acogida en diversos certámenes internacionales. En 2009, el Festival de Gijón le dedicó una retrospectiva.

“Las películas de Aleksei Balabánov son un retrato colectivo de nuestro país en la época más dramática de su historia”, escribió en su página de Facebook el primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, tras conocer la muerte del cineasta.

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