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Borís Nadezhdin, opositor ruso: “Para Putin, el único fin a la guerra es la capitulación de Ucrania”

El veterano político, que prepara su salto a la Duma Estatal tras ser vetado en las elecciones de 2024, busca “superar el síndrome postimperial y el retorno de Rusia a Europa”

Boris Nadezhdin, Russian opposition figure

Nada se interponía entre Vladímir Putin y su quinto mandato cuando Borís Nadezhdin [Tashkent, Uzbekistán, 62 años] desafió al dirigente ruso presentándose a las elecciones presidenciales de marzo de 2024. Este veterano político, crítico con la guerra desatada contra Ucrania y hasta entonces habitual en la televisión del Kremlin, recabó alrededor de 250.000 firmas en apenas tres semanas para postularse como alternativa independiente. Su nombre sonaba cada vez más a medida que se acercaban los comicios y el Kremlin, que había cortado la publicación de sondeos, invalidó sus firmas y con ello bloqueó su candidatura. Pero Nadezhdin, cuyo apellido se asemeja a “esperanza”, no se rinde y volverá a presentarse en las parlamentarias de 2026 para intentar llevar una voz crítica, dentro de sus posibilidades, a la sumisa Duma estatal.

“Desde la perspectiva de Putin, el único fin posible a la guerra es la capitulación de Ucrania”, enfatiza durante una entrevista en su casa, a finales de diciembre, a las afueras de la capital rusa. “Capitulación significa que Ucrania esté gobernada por fuerzas políticas completamente bajo el control de Moscú”, añade.

Nadezhdin tiene una dilatada carrera. Fue diputado de la Unión de Fuerzas de Derecha durante la primera legislatura de Putin; en los noventa trabajó como asistente de Serguéi Kiriyenko, el poderoso jefe adjunto del gabinete de Presidencia actual; y en los 2000 fue segundo del líder opositor Borís Nemtsov, asesinado en 2015.

“Una tregua a largo plazo y el establecimiento de una paz duradera son improbables mientras Putin esté en el poder”, abunda Nadezhdin, que agrega que “mientras [Volodímir] Zelenski ostente el poder de Ucrania y Putin el de Rusia, es extremadamente improbable que se llegue a un acuerdo”.

La mayoría de los opositores rusos están en la cárcel, en el exilio o, como en los casos de Nemtsov y Alexéi Navalni, muertos. La gran pregunta es por qué Nadezhdin ni siquiera ha sido marcado oficialmente con la etiqueta de agente extranjero, que se usa para silenciar a opositores y organizaciones consideradas molestas para el poder.

“No lo sé, no tengo una respuesta, pero puedo adivinar por qué. Es significativo que tanto Putin como Kiriyenko me conozcan personalmente”, responde el opositor. “He criticado a Putin y sus políticas desde 2003 [...], pero nunca lo insulté personalmente. Nunca invité a nadie a hacerle nada malo. Nunca crucé esos límites y me han conocido personalmente durante 30 años”, apostilla.

Nadezhdin quiere ofrecer a los votantes dos grandes propuestas. Una es cambiar las prioridades del Estado, donde el 40% de los presupuestos va al ejército y la seguridad frente al 25% de gasto social y el 10% en infraestructuras. La otra es “superar el síndrome postimperial y el retorno de Rusia a Europa”.

“Putin tiene metido en la cabeza que no se puede confiar en los europeos, y esa es una base muy pobre para las negociaciones. Por eso digo que es extremadamente improbable que el conflicto termine con Putin”, asevera.

No obstante, considera “absolutamente imposible políticamente” que Moscú inicie una nueva guerra con la OTAN, salvo que ocurra algún incidente por parte europea en zonas como el exclave de Kaliningrado. “Rusia tiene muchos problemas tanto económicos como internos, y hay muchos problemas con la actitud de la gente. Dos tercios de la población quieren el fin del conflicto militar actual”, sostiene el opositor.

Nadezhdin tiene un trabajo enorme por delante. Por un lado, el partido que le apoyó en 2024, Iniciativa Cívica, fue liquidado. Por otro, las autoridades han despojado de la ciudadanía rusa a su jefe de campaña, Dmitri Kisiev, y algunos de los 4.000 colaboradores que trabajaron en sus equipos a nivel federal y regional ”han sido perseguidos con multas, registros o detenciones”.

Asimismo, ha perdido “muchísimo dinero” y una casa. Las autoridades le declararon en bancarrota un par de meses después de las elecciones presidenciales de 2024 por un caso que se remonta a 2011, cuando un banquero le entregó al partido del que era miembro, Causa Justa, 300.000 dólares [unos 255.000 euros]. La entidad quebró en 2017 y el empresario desapareció. “No era un préstamo personal [...]. Esta suma no habría sido un desastre para mí, pero calcularon los intereses de demora y me cobraron 112 millones de rublos, unos 1,2 millones de euros”, explica.

No obstante, Nadezhdin confía en poder reunir un nuevo equipo y recibir los fondos necesarios para postularse a la Duma estatal. “Mi principal recurso es mi reputación y la confianza de millones de personas. Este es mi principal recurso, no me lo pueden quitar”, asevera al señalar que llegó a superar un apoyo del 15% en los sondeos, más de 15 millones de potenciales votantes.

Semblanzas con el franquismo

“Tenemos un régimen autoritario clásico en Rusia”, afirma el político. “Lo mismo ocurrió en España bajo el franquismo, un régimen personalista”, apunta Nadezhdin, que remarca que este tipo de sistemas “pueden desaparecer muy rápidamente” y desmiente el mito de que los rusos necesitan ser gobernados por un líder fuerte.

“España tenía a Franco y Portugal a Salazar. Los dos decían que sus países tenían un camino especial [...], en los sesenta decían que había que mirar lo mal que estaban las cosas en Europa. Que había disturbios y los hippies se rebelaban mientras que allí todo era estable”, explica Nadezhdin. “Pero en los setenta, Portugal y España estaban muy por detrás de Francia y Alemania en desarrollo económico”, añade antes de subrayar que corrupción hay en todos lados, pero en un régimen autoritario “es monstruosa”, mientras que en una democracia “el poder cambia y no hay una sola figura que reparta todos los cargos y privilegios”.

Pocos rusos se sienten representados ya por la oposición en el exilio, sostiene, aunque dentro del país todavía quedan, además de Nadezhdin, algunas alternativas al putinismo que podrían encauzar el desencanto. Entre ellas, la formación opositora Yábloko y el Partido Comunista.

Yábloko es hoy víctima de una dura persecución. Tras muchos años en el alambre, su líder, Nikolái Rybakov, ha sido vetado de cualquier postulación al ser multado por tener una foto de Navalni en redes sociales y otros miembros destacados han sido detenidos.

“Yábloko representa un gran problema para nuestros líderes porque [como partido] puede nominar una lista sin tener que recoger firmas”, explica Nadezhdin. “Muchos dicen que no es peligroso porque en las últimas elecciones a la Duma [en 2021] obtuvo un porcentaje muy pequeño de votos, pero esa era una realidad diferente. La realidad ahora es que Rusia está en un conflicto militar con Ucrania y la gran mayoría de ciudadanos quieren que termine”.

“Varias figuras importantes de Yábloko están siendo rehenes, me atrevería a decirlo así, como una herramienta para presionar a [su fundador Grigori] Yavlinski. Espero que tenga la fortaleza y el coraje para participar en las elecciones a pesar de esto”, afirma Nadezhdin.

En cuanto al Partido Comunista, Nadezhdin cree que está atrapado en sus incoherencias, pues su lealtad a Putin a nivel federal y el apoyo a la guerra es incompatible con sus críticas a la crisis económica. “La educación, la sanidad, etc. Se están deteriorando porque el Estado gasta toda su energía en acciones militares. Los comunistas tienen una oportunidad única, pero es poco probable que la aprovechen. Es comprensible”.

La pandemia como pretexto para vetar manifestaciones

Las autoridades han prohibido a Nadezhdin y su equipo convocar manifestaciones y han puesto la pandemia de covid, ya en pleno 2025, como excusa para denegar los permisos. De cualquier forma, según el político, “la tensión social no ha alcanzado el nivel necesario para que la gente esté dispuesta a organizar protestas masivas contra Putin”.

El opositor remarca, además, la escasa costumbre de manifestarse en Rusia y la verticalidad de su sociedad. “Los rusos expresan su descontento grabando llamamientos al presidente Putin”, explica. “La gente cree que puede pedirle a Putin que lo cambie todo y él les escuchará. Pero esta ilusión se está disipando, aunque no tan rápido como algunos desearían”, agrega.

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