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Amores homosexuales

Mientras en Francia manifestaciones ultras protestaban contra la nueva ley de igualdad del matrimonio, en el festival de Cannes destacaba el cine sobre gais

Era curioso que mientras en Francia diversas manifestaciones ultras protestaban contra la nueva ley que legitima los matrimonios homosexuales, en el festival de Cannes destacaban varias películas que precisamente celebraban con alegría el amor entre personas del mismo sexo. Para comenzar, ahí está la que se alzó con la Palma de Oro, La vida de Adèle, primera y segunda parte, que cuenta el descubrimiento de su lesbianismo de una adolescente, su pasión sexual con una mujer experimentada, la vida en pareja y el posterior desengaño, película que acabó concitando el aplauso de críticos y jurados, lo que viene siendo poco habitual. Por parte de algunos críticos hubo temores de que el jurado presidido por Steven Spielberg no considerara esa película, aunque por otra parte en el jurado se encontraba también el taiwanés Ang Lee, que ya había tratado el amor entre hombres en El banquete de boda y Brokeback Mountain, y también el director rumano Cristian Mungiu, que el año pasado presentó precisamente en Cannes una turbulenta historia de amor entre mujeres en Más allá de las colinas.

Por su lado el jurado de la sección Una cierta mirada decidió dar el premio como mejor director a Alain Guiraudie por su película El desconocido del lago, en la que un joven se enamora de un hombre atractivo a pesar de saber que se trata de un asesino. Las explícitas secuencias de sexo no escandalizaron a nadie, como tampoco las de Opium, en este caso más recatadas, película dirigida por la actriz y cantante Arielle Dombasle, que fue presentada en la sección Cannes Classics como acompañamiento de La bella y la bestia, de Jean Cocteau, cuya copia restaurada se estrenaba con motivo del 50 aniversario de la muerte del poeta. Opium narra los tórridos amores de Cocteau con el muchacho Raymond Radiguet, fallecido a los veinte años tras haber publicado su famosa novela El diablo en el cuerpo. Y por si fuera poco uno de los atractivos de la sección oficial fue Behind the Candelabra en la que Michael Douglas encarna al famoso pianista Liberace que mantuvo secretos amores con el joven Scott Thorson, interpretado en la pantalla por Matt Damon…

Mientras en París algunas calles bullían en acalorada protesta por las bodas gays en Cannes nadie se desgarraba las vestiduras por ello. El cine daba de nuevo un paso adelante. Ahora nos toca esperar a que esas películas lleguen a España donde el clero sigue piándolas con este tema. Ay, Dios.