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Una oportunidad para el diálogo

'Proyecto 43-2' se presenta en Madrid con un guion que se basa en entrevistas con víctimas del terrorismo, periodistas y políticos

Una escena de 'Proyecto 43-2'.
Una escena de 'Proyecto 43-2'.

El arte no es mero entretenimiento, sino también una oportunidad de trasladar grandes historias, tanto ficticias, como reales, que invitan a la reflexión y  debate. Un ejemplo de ello está en la función Proyecto 43-2 que presenta hoy la compañía homónima. La obra, que desembarca en la sala Kubik de Madrid, narra la vuelta a casa del hijo de una víctima del terrorismo en el décimo aniversario de su asesinato. Presos de la tensión, los cinco actores ponen sobre la mesa discursos desde las distintas perspectivas ideológicas de Euskadi.

La iniciativa nació del interés de su joven directora y ha recorrido ya varias localidades vascas, madrileñas, de Valladolid y Barcelona. "En 2007 me enganché al tema vasco en un encuentro con Eduardo Madina. Me impactó su forma de afrontar la vida después del atentado y su trabajo por la convivencia", recuerda la directora y actriz María San Miguel (Valladolid, 1985). Aprovechando la excusa de la tesina de un máster, la vallisoletana realizó cerca de 20 entrevistas a víctimas del terrorismo no vinculadas a asociaciones, periodistas y a un amplio abanico de políticos, entre los que se encuentran los nacionalistas de Aralar, Bildu y Partido Nacionalista Vasco (PNV), y los mayoritarios Partido Popular (PP) y Partido Socialista (PSOE).

El reparto de la obra.
El reparto de la obra.

La función de aproximadamente una hora de duración, recoge desde el llanto y estigmatización de una viuda a la situación de quien se ha sentido vigilado, perseguido y expropiado, pasando también por aquellos que no han escogido un lado al que todos le empujan a pertenecer. "Lo justo y lo injusto, siempre lo decidieron por mí los demás", sentencia la viuda en la obra.

De esta manera Proyecto 43-2 se convierte, además de en entretenimiento, en una herramienta pedagógica. Como quien dirige un documental, la representación teatral recoge los testimonios de aquellos que han vivido directamente el terrorismo de ETA en Euskadi en las últimas décadas. "Muchos contaban historias que verbalizaban por primera vez", reflexiona San Miguel, "detrás de la potente necesidad de expulsar algo que ha estado ahí muchos años. Todos quieren ver el fin. Es un nuevo tiempo y hay que apostar por ello".

Sobre el escenario se respira drama, tensión y silencios incómodos. Para romper con este ambiente y fomentar el diálogo, uno de los deseos la compañía, los actores comparten con el público, después de cada pase, un marmitako (bonito con patatas) cocinado durante la representación. Así, da comienzo un coloquio de cerca de 30 minutos. "Siempre ha funcionado muy bien el encuentro con el público. Cuesta romper el hielo, en Euskadi un poquito más, pero se animan. Allí el público llegó a olvidarse de que estábamos nosotros y dialogaban entre ellos".

Proyecto 43-2 es, según su creadora, una iniciativa privada que no ha contado con más apoyo económico que el de la Fundación Rodolfo Benito Samaniego, artífice del estreno. Las ayudas por parte de instituciones públicas, como el Gobierno Vasco y el Ministerio del Interior, se han remitido, explica, a facilitar contactos e información. Pero estas dificultades económicas no han evitado que la compañía lleve su experiencia incluso a Euskadi, a pesar de un primer momento de escepticismo. "Teníamos que ir y siempre nos han recibido muy bien. Había pluralidad en el público, de hecho, en Eibar nos fueron a ver  concejales de Bildu y nos dijeron que les pareció una buena herramienta, que les había sorprendido".

Una escena de la obra.
Una escena de la obra.

Los puntos calientes de esta gira se han centrado, sin duda, en el País Vasco y Madrid, los dos territorios que más han sufrido el terrorismo de ETA. "En Madrid es otro el sentimiento. Aquí impacta mucho la viuda y los testimonios directos que se conocen menos, mientras que allí se identificaban más con los silencios y las confesiones de los personajes. Decían: 'Es que eso nos pasa". La obra enfrenta, sin embargo, hechos y sentimientos.  "Debemos hablar y escuchar al otro. Te puede apetecer menos si te parece injusto, pero es la única manera de construir un futuro mejor. Creo que ya no hay vuelta atrás, solo se puede caminar hacia adelante".