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El codazo más rentable de la historia del arte

‘El sueño’ de Picasso aumentó su precio pese a haber necesitado una restauración

La obra fue dañada por un desgarrón

'El sueño', de Picasso, en la subasta de 1997 en la que lo compró Steve Wynn. Ampliar foto
'El sueño', de Picasso, en la subasta de 1997 en la que lo compró Steve Wynn. AFP

La casa siempre gana en los casinos. Y parece que uno de sus grandes empresarios, Steve Wynn, también. El martes se supo que Wynn había cerrado con Steven Cohen la venta del cuadro de Picasso de 1932 El sueño por 155 millones de dólares (120 millones de euros), 16 más de lo que estaba dispuesto a pagar el mismo comprador siete años atrás. Antes de que el dueño del Bellagio de Las Vegas atravesara accidentalmente con un codo el retrato de Marie-Thérèse Walter.

¿Un cuadro que ha sufrido importantes daños cuesta más restaurado que si no hubiera sido rasgado en primer lugar? En enero de 2007 no era el caso de El sueño. Wynn interpuso entonces una demanda a la aseguradora Lloyds; alegó que tras la restauración el valor del cuadro había sido fijado en 85 millones y reclamaba el pago de 45 millones, la diferencia con el precio que su comprador, Steven Cohen —el mismo que lo ha acabado adquiriendo—, estaba dispuesto a pagar antes del accidente. La demanda fue retirada, pero según Forbes Wynn recibió el dinero. Así que solo aquel codazo le ha dado 61 millones. Un golpe de suerte.

A esto se añade que en 1997 Wynn adquirió el cuadro en una subasta de Christie’s por 48 millones de dólares, ni la tercera parte de lo que ha ganado con su venta, cuyos detalles exactos no han trascendido. Se especula con la posibilidad de que el galerista William Aquavella haya estado detrás del trato ya que en el pasado ayudó a Wynn a vender obras de Gauguin y Van Gogh al mismo comprador, Steven Cohen.

Steven Cohen, su comprador, ha pagado 120 millones de euros por la obra

Los daños que El sueño sufrió por el codazo no están del todo claros, aunque el cuadro fue expuesto en la galería Aquavella de Nueva York tras ser restaurado. En 2010 otro cuadro de Picasso, El actor, también quedó rasgado cuando una visitante cayó sobre él en el museo Metropolitan. William Aquavella habló entonces de lo avanzados que estaban los minuciosos procesos de restauración que incluían agujas de acupuntura. Sin embargo, uno de los factores más importantes a tener en cuenta es si la obra dañada tuvo que ser repintada —se desconoce si se hizo con El sueño—, ya que el rumor de que una obra ha sufrido este proceso puede hundir su precio.

El cuadro parece ser una fijación para el comprador, Steven Cohen, hábil financiero que en los últimos meses ha sufrido un revés judicial más que económico. En unas horas sus abogados comparecerán ante la Corte Federal de Manhattan. Si todo va bien quedará ratificado ante el juez un histórico acuerdo que por 616 millones de dólares (482 millones de euros) pondrá fin a la demanda por tráfico de información privilegiada a la que hace frente el dueño de SAC Capital Advisors. Aunque el trato no implica que se declare culpable de los cargos, la Security Exchange Commission (SEC) se reserva el derecho a demandarle en el futuro.

No es esta la primera vez que Cohen supera la barrera de los 100 millones en la adquisición de arte: en 2006 Mujer III de Kooning le costó 137,5 millones de dólares; Bandera, de Jasper Johns, 110 millones en 2010; y el año pasado desembolsó 120 millones por cuatro esculturas de Matisse. El tiburón de las finanzas —y propietario del escualo que metió Hirst en un tanque de formol— empezó a coleccionar arte en 2000. Una década más tarde lleva más de 300 piezas. La mayoría de las obras las conserva en su casa y en su oficina en Connecticut, y el pasado mes donó al MoMA un cuadro de Martin Kippenberger y otro de Ed Ruscha. Forbes estima el valor de la colección en 1.000 millones de dólares y Bloomberg sitúa su fortuna en 9.500 millones. En los últimos tres meses su fondo de capital ha tenido unas ganancias de un 4%, según The New York Times. Cohen no está acostumbrado a perder, pero veremos si el El sueño roto acaba por ser rentable.

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