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Machado, fuerza y movimiento

Eduardo Chapero-Jackson compite en los Goya con un documental heterodoxo sobre el poeta sevillano

Machado, fuerza y movimiento

Disputada y al filo. Si en la candidatura al Goya principal dos películas en blanco y negro disputan el premio a otras dos en color, en los documentales dos piezas más ortodoxas, Hijos de los nubes, de Álvaro Longoria, y Contra el tiempo, de José Manuel Serrano Cueto, se enfrentan a dos títulos más arriesgadas, que juguetean con la experimentación y la ficción. Son Mapa, de Elías León Siminiani, o su diario de un enamorado en pos de una mujer imposible, y Los mundos sutiles, de Eduardo Chapero-Jackson, un encargo de Acción Cultural Española para celebrar el centenario de la publicación de Campos de Castilla, de Antonio Machado. "Cuando contactó conmigo Ana Amigo, la productora, me dio un poco de miedo. Es Machado, fundamental en la cultura española, y supe desde el principio que no haría un documental al uso", cuenta el director madrileño de 41 años, que con Los mundos sutiles ha logrado un récord difícil de igualar: ha sido candidato al Goya con su primer corto (Contracuerpo), su primer largo (Verbo) y ahora su primer documental.

En Los mundos sutiles la vida y obra de Antonio Machado es un hilo conductor que se entrecruza con la conversión en danza de los sentimientos que provocan sus poemas en una estudiante de ballet, Amaia Pardo ("La danza me parece un arte muy actual", asegura el director). "Trabajé mucho codo con codo con los coreógrafos y bailarines del conservatorio de María de Ávila. Me proponían diversos movimientos y los probábamos y pactábamos". Y no es el único elemento. Desde un rap (interpretado por Nach, cuyos temas eran el motor de Verbo) a la voz de Manolo Solo como Machado ("Huí del amaneramiento de una voz engolada") o las imágenes que a Chapero-Jackson le producían los versos del poeta sevillano.

Machado, fuerza y movimiento

"Ha sido complicado, dadas las limitaciones que teníamos, pero hemos usado esas limitaciones como parte de la creación", cuenta el cineasta que reconoce otro miedo: "Al ser una propuesta temática, puedes salirte del punto, te puedes perder". Chapero-Jackson buscó en la danza "ese algo tan físico de los textos de Antonio Machado". Y además ha querido alejar al escritor de esa imagen "viejuna" (en palabras del cineasta), que hemos heredado de los colegios: "Empecé a leerle tras el encargo y me di cuenta de qué mal nos lo habían explicado, de cómo nos lo habían escondido". Y no solo en lo poético, sino en cómo ha sido acusado políticamente desde la izquierda y la derecha: los primeros le usaron, los segundos le censuraron. "Porque era demasiado complejo como para ser etiquetado. Yo quería despolitizarlo. Encontrar lo actual, relevante y lucido que resulta su obra para nuestra actualidad es algo que he buscado mucho: la escalofriante elipsis que hace esta crisis con la del 98 en cuanto al estado emocional de un país".

Sí, pero de fondo, queda la belleza, la de Machado y la de Los mundos sutiles. "Mi mayor recompensa es que el documental empiezan a pedirlo desde los colegios, y que muchos profesores me hablan de cómo les ha interesado. Ojalá haya despertado alguna semilla de pasión por la poesía".  ¿Y al final qué ha quedado de Machado en Chapero-Jackson? "Ha sido como convivir durante un año con una persona con la que en realidad nunca has vivido. Era como un fantasma en mi interior. Acabado todo el proceso aún me sorprende la humanidad de Machado".