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69ª mostra de venecia

Retrato veraz de las secuelas del mayo francés

En 'Après Mai', Assayas vuelve a hacer la crónica de una época concreta.

'Outrage beyond', de Kitano, es violencia, griterío y diálogos repetitivos

El director francés Olivier Assayas durante la presentación de la película 'Apres Mai' ('Algo en el Aire') durante la 69ª edición del Festival de Cine de Venecia
El director francés Olivier Assayas durante la presentación de la película 'Apres Mai' ('Algo en el Aire') durante la 69ª edición del Festival de Cine de Venecia EFE

Olivier Assayas se propuso en Carlos, una película de cinco horas que se estrenó comercialmente con su montaje original reducido a la mitad, aunque se vio entera en el Festival de Cannes y en su pase en televisión, reconstruir una época especialmente convulsa a través de la actividad terrorista del venezolano Ilich Ramírez, que adoptó el alias de Carlos y que era identificado popularmente como El Chacal. Describiendo los atentados que cometió este hombre, las conexiones internacionales entre los grupos terroristas, la complicidad y la protección que estableció Carlos con diversos gobiernos para los que actuaba frecuentemente como mercenario, Assayas conseguía un retrato complejo, apasionante y veraz de esos largos años de terror, de los sombríos mecanismos, alianzas, traiciones y venganzas entre grupos que internacionalizaron lo que ellos denominaban la lucha armada contra el imperialismo y el capitalismo.

En Après Mai, Assayas vuelve a hacer la crónica de una época concreta, pero en este caso resulta transparente que ha vivido aquello que nos está narrando, que su testimonio es de primera mano, que casi todo es autobiográfico. Comienza en el París de 1971, tres años después de que aquel espontáneo Mayo del 68 intentara cambiar el estado de las cosas y lograra poner muy nervioso al Estado. Sigue los pasos de un adolescente y de sus compañeros del liceo. Habla con la credibilidad y sensibilidad de un tiempo protagonizado por la confusión ideológica, el enfrentamiento violento con el orden, el descubrimiento a tientas de la vida, el sexo, el amor, la rebeldía y la política, el desorden anímico y la necesidad de identificarse con algo que marcan los caminos iniciáticos.

Estos críos, que son hijos de la burguesía ilustrada, descubren pronto el salvajismo del orden reprimiendo las manifestaciones, ejercen la subversión clandestina, deben escaparse de Francia antes de que les detengan por haber dejado malherido a un guardia, en su militancia ideológica pasan del trotskismo al maoísmo y acaban en el anarquismo situacionista. El vagabundeo por placer o por necesidad también lleva a algunos de ellos al misticismo orientalista, al enganche a la droga dura, a buscar el nirvana en Nepal y sitios así. También aspiran a la creatividad, a contribuir a la causa revolucionaria haciendo documentales y películas militantes, pintando, haciendo graffitis, confundiendo frecuentemente el panfleto con el arte. Y se enamoran, viajan, se separan, se reencuentran, abortan, alucinan, militan en el dogma, dudan, algunos se pierden definitivamente en el peligroso camino.

Olivier Assayas recrea esas vivencias sin intentar poetizarlas, sin maniqueísmo, sin dar doctrina, desvelando las luces y las sombras de una generación que creía posible cambiar el mundo, convencida de que sus motores vitales debían de ser el riesgo, la insumisión y la experimentación. Riesgo relativo ya que los protagonistas de esta película en su viajera existencia y su búsqueda de sí mismos, curiosamente siempre encuentran techo y sustento. Se supone que tienen amigos molones en todas partes y que nunca les falta el cheque de sus instaladas familias para sufragar su camino errante.

Takeshi Kitano en la presentación de 'Outrage beyond'
Takeshi Kitano en la presentación de 'Outrage beyond' AP

Todo es reconocible en Après Mai, los personajes, el lenguaje, las actitudes, el aroma y los fetiches de una generación muy concreta. La mirada de Assayas te deja una sensación más agria que dulce, es un testimonio sobre la mezcla de verdad y de impostura, de incertidumbre y búsqueda, de arrogancia y desamparo. De esas cosas que marcan la adolescencia y la juventud.

El director japonés Takeshi Kitano me sorprendió hace muchos años en la Mostra de Venecia con Hana-bi. Me sorprendió por su brutalidad ritual y un lirismo extraño. Kitano no ha vuelto a hacerlo. Sus películas desde entonces me parecen una caricatura lamentable de aquella. Y siempre es la misma película. Ya me lo sé todo sobre el honor de la Yakuza, los harakiris, los clanes mafiosos y la ineficaz policía que les persigue. Outrage beyond ofrece más de lo mismo. Con idéntico esquematismo visual, ritmo dormitivo, violencia exagerada, griterío extenuante, diálogos y situaciones repetitivas. Pero el personal de los festivales, tanto organizadores como cronistas y público, al parecer encuentran divertidísimo al maestro Kitano. Ellos sabrán por qué.