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Formas en agitación

En la obra de Luis Gordillo se intuye la debilidad y la fragmentación del individuo.

Una muestra recoge trabajos suyos desde los años sesenta, llenos de juego y movimiento

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Sin previo aviso, un gran cuadro (363u600 centímetros) abre la muestra. El firme rectángulo enmarca 63 cuadrículas bien definidas. Pero este orden contrasta con cuanto encierra. El cuadro se mueve, lo agitan formas cambiantes: unas ahuecan cuerpos sólidos y otras, aunque parecen proteger su integridad, no impiden que los cuerpos, en su interior, se escindan en núcleos, que los harán estallar, o se disocien en óvulos que los acercan al meandro. La firmeza inicial se resuelve en oscura metamorfosis: el color, entre oliva y ocre (solo algunas manchas de luminoso azul), y el propio título, Serie limo, subrayan la inestabilidad de estas figuras en continuo hacerse y deshacerse. A estas situaciones las llamamos caos, esperando que reviertan en formas. Aquí no cabe esa ilusión: la integridad de la forma aparece tocada de agitación, siempre dispuesta a alumbrar a su otro.

La exposición que presenta en Málaga desarrolla ese argumento. Horizontalia: procesos horizontales. Frente a una construcción que señale en profundidad cuanto se agita tras la aparente paz de lo natural o bajo la firmeza de un rostro, Gordillo reúne aquí obras que muestran esa inquietud en una incesante sucesión de formas. La escultura clásica, decía Hegel, construyó “individuos de una pieza”. Gordillo, en las cabezas de los años sesenta, señaló por el contrario la debilidad y fragmentación del individuo. Lo hizo construyendo figuras en profundidad. La obra expuesta antepone la dispersión a la intensidad: formas sucesivas trazan el proceso de alternancias y contradicciones de eso que llamamos vivir.

'Gentlemen's ambiguity (2007), de Luis Gordillo.
'Gentlemen's ambiguity (2007), de Luis Gordillo.

Quizá parta esta reflexión de La pareja americana (1975). Una foto de prensa de Chuck Colson, asesor de Nixon, implicado en el caso Watergate, lo muestra a la salida de un juicio acompañado de su mujer. La respetable imagen matrimonial acrecienta en vez de frenar cuanto puede ocultar el funcionario: qué hizo, obligado por qué, pretendiendo qué cosas, siendo o no consciente del riesgo, hasta dónde y por qué medios estaba dispuesto a ocultar lo hecho. Gordillo parece sugerirlo a través de 88 imágenes: altera las figuras, las disuelve en un plano oscuro o las deforma entre el temor y el deseo. Este baile de identidades abandona el ámbito social en Secuencias edipianas: el impávido muñeco y las amenazantes tijeras sirven de contrapunto al reclamo publicitario de los devaneos playeros de Tom Jones con una fulgurante modelo. La obra prescinde de la pintura: bastan las fotos fragmentadas y recompuestas para mostrar la agitación de la máquina del deseo y anticipar, con la imagen especular del muñeco mirándose a sí mismo, la otra máquina, la que llamó Deleuze, célibe, que alimenta la ilusión de la entereza del sujeto frente a los vaivenes del impulso.

A estos trabajos se unen los fechados en los noventa: la Serie limo, ya comentada, inquietante evocación de lo orgánico, o la llamada Alambique, que asimila intestinos o bacilos a tuberías. La ironía del título de dos bellas series litográficas, Los pulmones no son las almas, hace pensar que el deseo se inscribe en la propia carne, en un cuerpo aún sin formar. Esta es también la fuerza de 16 cabecitas expresionistas (2003-2010), prolongado en Cabeza G y Cabeza H. El propio término “expresionista” suena irónico porque en estas piezas la forma cabeza, más que modelarla la materia pictórica, parece surgir de ella, como brotaron del muro las misteriosas palabras del libro de Daniel (mane, tecel, fare), solo que aquí no anuncian otra catástrofe que la promovida cada día por la inscripción del deseo en el cuerpo.

'Refracción paralela (2003), de Luis Gordillo. ampliar foto
'Refracción paralela (2003), de Luis Gordillo.

En este contexto cobran especial relevancia dos enfrentamientos que plantea la muestra. El primero opone fotos de carné de un joven Luis Gordillo al divertido Autorretrato con ojos artificiales: la identidad, disciplinaria y respetable, de buen chico (ante el examen de estado, la mili o la universidad) contrasta con el esperpento que surge al usar a modo de ojos los conos recortados de un envase de huevos. El otro enfrentamiento, menos patente, se da entre el inicio de las naves izquierda y derecha del recinto de la muestra. A la derecha, la compostura de los Gentlemen, formas simétricas enfrentadas que remiten de nuevo a una esforzada y estéril individualidad que, temerosa, se refugia en su propia imagen especular. A la izquierda, los inquietantes Dios hembra B y C que a la estrategia autolimitadora de los Gentlemen oponen la fuerza expansiva de su estructura divergente. Los Otros posibles títulos, pieza complementaria de Dios hembra, quizá sea buen resumen de la muestra. Baste citar dos de ellos: Mujer pariendo un dios y Lo pantanoso femenino.

Luis Gordillo: 'Horizontalia'

Centro Andaluz de Arte Contemporáneo

Calle de Alemania, s/n. Málaga

Hasta el 26 de agosto