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La fiebre del pijama-à-porter

La prenda salta de la cama a la calle convertida en una versión relajada del traje para hombre y mujer

Los diseñadores subrayan su versatilidad

La cantante Rihanna con un traje pijama de Pucci. Ampliar foto
La cantante Rihanna con un traje pijama de Pucci.

Quién hubiera pensado que Hugh Hefner, fundador de la revista Playboy, se convertiría algún día en icono y precursor estilístico. Pero así ha sido. Ir en pijama por la calle –como él lleva haciendo 40 años- ha pasado de considerarse un síntoma de sonambulismo (o demencia senil) a una manifestación de buen gusto. Esta tendencia, que Prada insinuó sin demasiada repercusión hace cuatro años, volvió a asomar la cabeza en las colecciones para esta primavera-verano de Stella McCartney, Louis Vuitton o Haider Ackerman. Adoptada de inmediato por algunas de las mujeres más imitadas del mundo del espectáculo, como la cantante Rihanna o la directora de cine Sofia Coppola, llegó, a través de sus fotografías en la alfombra roja, a las páginas de miles de revistas y blogs. Y de ahí a la calle gracias a las cadenas textiles, que, de American Apparel a Zara, apuestan masivamente por ella. Solo la experimentación antropológica dirá si aquellos que carecen de estilista pueden, por ejemplo, acudir a un restaurante en pijama sin dar la impresión de haber huido del psiquiátrico, como Jack Nicholson en Alguien voló sobre el nido del cuco, o, en el mejor de los casos, de venir de sacar la basura.

“Ese es el guiño divertido que tiene y me parece supersexy. Debemos de dejar de pensar en esta prenda como algo que te pones para dormir y empezar a entenderlo como un conjunto, tanto para el hombre como para la mujer”, argumenta el diseñador Baruc Corazón, que construyó su marca precisamente en torno al pijama para vestir y a la camisa.

Bea Deza, la creadora de la firma española Sister Jane, es otra gran defensora de las virtudes del tradicional pijama de caballero, que no del esquijama bajo bata, otra clásico español a su manera: “Tiene el punto andrógino de un traje, pero con el toque femenino y sofisticado de la seda. El pijama es el nuevo esmoquin”, explica.

Así lo interpreta también Kim Jones, responsable de la línea masculina de Louis Vuitton, en su primera colección para la casa. “El pijama de seda rígida busca reemplazar los atuendos de tarde más formales porque he querido dar al traje de noche un movimiento más relajado en el patronaje”.

Corazón cree que esta prenda ha salido de la cama para quedarse en la calle, literalmente. “Nuestro estilo de vida está cambiado y con él nuestras necesidades a la hora de vestir. El pijama es la solución perfecta a muchas de ellas. Es sencillo, fácil, versátil y cada uno puede adaptarlo a su personalidad”, defiende.

El mercado estadounidense parece darle la razón. Hace tres años, pocas personas a parte del pintor Julian Schnabel se atrevían a lucir en un acto los delicados pijamas de Olatz López, su entonces mujer. Hoy las creaciones en seda de esta vasca protagonizan editoriales de las cabeceras de moda más relevantes. El país vive, según publica The Wall Street Journal, una auténtica fiebre del pijama. La prenda está tan de moda entre los adolescentes que el estado de Florida ha decidido censurar su uso en los institutos y un comisionado de Louissiana, Michael Williams, ha presentado una proposición de ley para prohibirla en público. “La rectitud moral en América está menguando. Hoy es el pijama ¿Qué será mañana, andar por ahí en ropa interior”, declaraba al diario económico. Alguien debería recordarle al comisionado que Madonna ya puso de moda allá por los noventa eso de llevar el sujetador por encima de la ropa. Y que el pantalón de pijama no es más antiestético que aceptado chándal. Aunque esa es otra discusión.