CRÍTICAOpinión
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El hombre del saco

En algunas de las grandes películas de terror se incrustan subtramas que apelan al drama social como dolorosa forma de acongojo emocional. Piensen en el sufrimiento (pos)maternal de La profecía o El exorcista, el miedo al engendramiento de esta última o La semilla del diablo, o la violencia ultrarreligiosa y el matonismo adolescente de Carrie. El miedo social acrecienta el terror mental y amplifica las posibilidades sobrenaturales; una sistemática que recoge Dictado, de Antonio Chavarrías, pero para ser tratada no como subtexto que apoye el terror puro sino como elemento esencial de una película sin apenas temblores.

DICTADO

Dirección: Antonio Chavarrías.

Intérpretes: Juan Diego Botto, Bárbara Lennie, Mágica Pérez, Nora Navas.

Género: intriga social. España, 2012.

Duración: 95 minutos.

Basándose en una historia de Sergi Belbel, Chavarrías reflexiona bien sobre el remordimiento, el resquemor hacia la maternidad y la tragedia de ver morir a un hijo. Y aunque en un par de momentos parece incluso cortada (¿de guion? ¿De montaje?), desechando elementos que se apuntan y prometen, pero que no se amplifican, por ejemplo esa condición de escritor del padre suicida (¡famoso por una novela llamada El ogro!), que apenas si se deja entrever en un periódico, la película deja en la retina un puñado de sobrecogedoras imágenes que parten de lo social. Es, sin embargo, en el último tercio cuando el relato se tambalea: el maquillaje y la peluquería de la abuela acaban con las posibilidades dramáticas de un inverosímil as en la manga de guion; el desenlace gira hacia una lucha física más obvia que trascendente, y el análisis de la naturaleza del mal en las, en ocasiones, terribles actitudes de los niños es simplemente inexistente.

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