SEMANA DE LA MODA DE PARÍS

Viajeros al tren de Louis Vuitton

Un desfile y una muestra sobre la firma y su diseñador, Marc Jacobs, cierran la semana de la moda de París

El desfile de Marc Jacobs para Louis Vuitton organizado ayer por la firma en una falsa estación de trenes, en la semana de la moda de París.
El desfile de Marc Jacobs para Louis Vuitton organizado ayer por la firma en una falsa estación de trenes, en la semana de la moda de París.BENOIT TESSIER (REUTERS)

Ni siquiera la confirmación de que Hedi Slimane vuelve a Yves Saint Laurent evitó que Louis Vuitton copara el protagonismo en la última jornada de la semana de la moda de París. La presentación de las colecciones para otoño/invierno 2012 se cerró ayer con una orgía de atención para la mayor firma de la industria del lujo. El día empezó con el desfile de Marc Jacobs para la marca y terminó, en la misma carpa del Louvre, con una fiesta para celebrar la exposición dedicada al diseñador y a Louis Vuitton en el Museo de las Artes Decorativas.

A las 10 de la mañana, dos días antes de que se cumplieran 14 años de su debut en Vuitton, Marc Jacobs hacía que un vagón de tren entrara en el palacio. La escalada en la ambición de las escenografías de Vuitton amenaza la hegemonía de Chanel en la materia. Pero el pasaje que descendía del tren con parsimonia ya era un espectáculo en sí mismo. El viaje de Jacobs, de 48 años, desde la primera y minimalista colección que firmó para Vuitton es extraordinario. La simplicidad de entonces es hoy una densa ornamentación que evidencia el creciente interés del estadounidense por el trabajo manual de los oficios de la moda. Es uno de los asuntos que recorren el libro publicado con motivo de la exposición. “Los franceses protegen su lenguaje y evitan utilizar anglicismos para que no se pervierta”, analiza Jacobs. “Me parece admirable. Si respetas algo, debes cuidarlo y mantenerlo. Y esas reglas se aplican también a la artesanía de la moda”.

Dado que la muestra es la primera gran exposición que analiza el trabajo de Jacobs en Vuitton existe la tentación de simplificar su concepto como una retrospectiva de uno de los creadores contemporáneos más mediáticos. No es eso. “Se trata de una invitación al análisis a partir de las historias de dos hombres en distintos momentos de cambio”, explica la comisaria, Pamela Golbin. “Louis Vuitton vivió la transformación del mundo por la revolución industrial. Jacobs, por la globalización”. Al hombre que fundó la compañía está dedicada la primera de las dos plantas de la exposición. “Conocemos la marca, pero no a él”, reflexiona Golbin. “Quise descubrir qué hizo una sola persona en 1854 para que hoy su nombre sea tan famoso. Y encontré a un innovador de su época”.

Una modelo del desfile de McQueen.
Una modelo del desfile de McQueen.GONZALO FUENTES (REUTERS)

Otros interrogantes fueron los que se planteó Jacobs en 1997 cuando recibió el encargo de crear la división de moda de la marca de marroquinería. “Pensé: ‘No es el equipaje más práctico ni el más ligero, ¿por qué lo compra la gente? Porque es reconocido’. Es como Coca-Cola, Nike o Mickey Mouse. Está en la naturaleza humana, queremos ser miembros de un club”. Al final de las escaleras que unen el espacio dedicado a uno y otro hombre hay unos paneles de imágenes, sonidos y vídeos. Una de ellas, sin ser especialmente grande, es significativa: la reproducción de La Gioconda a la que Marcel Duchamp le dibujó un bigote en 1919. Sintetiza la filosofía de Jacbos en Vuitton y lo que hizo con su colaboración con Stephen Sprouse en 2001. “Debes tener un saludable respeto y un saludable descaro con una institución como esta”, explica en el libro. “Hay que ser respetuoso para preservar y no serlo para evolucionar. El grafiti de Sprouse pintarrajeaba el logotipo, pero al mismo tiempo lo hacía visible para gente más joven. Por eso funcionó”.

La legitimidad artística que otorga la colaboración con Stephen Sprouse, Richard Prince y Takashi Murakami explica que las colecciones en las que estos participaron ocupen buena parte de la planta dedicada a Jacobs. Pero en ella también hay una vitrina que muestra 53 bolsos como si fueran gigantescas chocolatinas. La asimilación del visceral apetito que despiertan estos accesorios y el de los dulces es la mejor explicación de la magnitud del fenómeno Vuitton.

Es curioso observar que en los cuatro desfiles que Sarah Burton ha entregado ya para Alexander McQueen no se ha visto bolso alguno. El acercamiento de Burton a la moda es más místico que práctico y las mujeres que pueblan su imaginario no tienen tan mundanas necesidades. La luminosa visión del futuro que ofreció el martes es un espectáculo de artesanía y estética, aunque su persistente alejamiento de lo cotidiano empieza a despertar recelos.

En cambio, la unión de sentido pragmático y creativo preside los diseños de Miuccia Prada. Ayer presentó una colección para Miu Miu que imagina trajes masculinos importados de los setenta y túnicas de ante con espejos. Por si el protagonismo de Jacobs en la jornada no era suficiente, el diseñador acudió como invitado a ese desfile. Era su día.

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