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ENTREVISTA: ENRIQUE URBIZU

“No creo en la felicidad de la impunidad”

El triunfador de la noche de los Goya consigue seis estatuillas por 'No habrá paz para los malvados'

Enrique Urbizu, retratado ayer en Madrid. Ampliar foto
Enrique Urbizu, retratado ayer en Madrid.

Se abre el ascensor y aparece Carlos Boyero. Enrique Urbizu (Bilbao, 1962), que estaba esperando en la puerta, le mira. Durante un segundo, como en los mejores thrillers, se hace el silencio, y de repente los dos sonríen de oreja a oreja: hay saludos y felicitaciones para un cineasta que entró temeroso el domingo a la ceremonia de los Goya y salió con dos debajo del brazo (mejor guion original y dirección) y otros cuatro para su No habrá paz para los malvados. Aunque son ya las cinco de la tarde del lunes, Urbizu vive aún en su jornada de gloria, porque ha dormido tan solo un par de horas. La ocasión lo merecía.

Pregunta. ¿Han premiado una película o la carrera de un director que casi nunca ha dado su brazo a torcer?

Respuesta. He dirigido encargos y te aseguro que bien hechos son lo contrario a dar tu brazo a torcer. Porque intento hacer mi trabajo con la misma honestidad. Puede que se tenga esta percepción de galardonar un camino, pero no lo pienso mucho. En cualquier caso No habrá paz para los malvados es la consecuencia de ese recorrido, de todo lo aprendido con mis siete filmes anteriores.

P. No habrá paz para los malvados nace de dos ideas: crear un thriller urdido en una larga persecución y ahondar en el 11-M.

R. El 11-M sirve para los mimbres, pero el cesto que tienes que tejer no puede ser ese atentado. Yo nunca pensé en que estábamos hablando de eso. Ahora, sí quería incidir en cómo fue posible, qué falló en la policía y el sistema judicial para que pudiera ocurrir, cómo se organizó... Plantear esas preguntas, pero no responderlas. Y eso legitima la película. Entrar en el 11-M sería un ejercicio posmoderno.

P. La película tiene multitud de detalles meditados: las imágenes de musulmanes siempre cercanos a pupitres, la posible lectura religiosa de un cruzado, Santos Trinidad, contra los islamistas, el plano de unos juegos infantiles sin niños como proyección de nuestro futuro...

R. Todas esas imágenes surgen en la escritura. El primer plano del filme es una máquina de azar, lo que remite al western, arrancamos en un burdel... parece un anuncio de todo lo que ocurre posteriormente. Me gusta que las películas tengan una estructura construida, pensada, que mis primeros y últimos planos tengan nexos.

P. Ha derrotado en el Goya al mejor guión a Woody Allen.

R. [Estalla en carcajadas]. Tiene mucha gracia... aunque a Woody Allen le importará un rábano. Es la estatuilla que más aprecio porque yo soy un director que escribe, no un guionista que dirige. Me siento obligado a escribir y ese premio me hizo mucha ilusión y me sonrojó. Pensé que iba a ganar Miguel Barros por Blackthorn. En fin, lo mejor es que esta cosecha ha sido tan heterogénea que echa por tierra ese tópico de la españolada, de que solo hacemos dramas o comedias. Que un policíaco gane los goyas grandes es una gran noticia para el cine español, que empujará a que se hagan más, que hará que los productores pierdan el miedo a este género. No habrá paz para los malvados ha sido una película rentable, ha encontrado su público... Al fin y al cabo, intento decir cosas sobre el país en el que vivo. Hacer el distingo entre cine de género y cine de autor me parece una antigualla.

P. Con sus películas, un espectador puede aprender cómo es España.

R. Lo intento. Yo vivo a ras de calle, me muevo en el centro de Madrid, oigo a la gente... Hay diálogos de mis películas que están sacados de lo que escucho cuando desayuno en un bar, nunca se me hubiera ocurrido esa frase. Ahí está la base de todos los personajes. Conocer a la gente es una materia prima fundamental para mi cine.

P. ¿Sin José Coronado no hubiera existido No habrá paz para los malvados?

R. Eso es mucho decir. Hubiera sido diferente, nunca mejor. Coronado es fundamental: lo quería a él, a su melena, a su bigote, a su chaqueta... Santos Trinidad era para José.

P. La vida mancha es su película favorita.

R. Sí, es en la que más cerca he estado de fotografiar lo invisible. La caja 507 y No habrá paz... son thrillers muy físicos, son verbo. En La vida mancha apenas hay argumento, comunico cosas apenas explicitadas, el espectador debe rellenar esos huecos emocionales. Es la historia de un no, de un triángulo amoroso en el que el clímax transcurre en un baño, tiene un ambiente especial. Es mi película más adulta

P. Isabel Coixet jugó con su título el domingo para explicar las injusticias en España: “Sí hay paz para los malvados”.

R. Es una cuestión de tiempo verbal. En presente de indicativo sí hay mucha paz para los malvados. El versículo del profeta Isaías habla en futuro. Tampoco creo que vivan tan en paz. Aunque salgan indemnes o absueltos de los juicios, no creo que el espejo les devuelva una imagen demasiado grata. No me creo la felicidad de la impunidad. Cuando se afeitan, ¿quién es el cabrón que está al otro lado del espejo?