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Cataluña: el recorte que viene

Teatre Lliure, Mercat de les Flors, Teatre Nacional de Catalunya y festival Temporada Alta son algunas de las instituciones aquejadas por el hiperactivo tijeretazo de la crisis. Las artes escénicas viven en Cataluña su momento más delicado

El barcelonés Mercat de les flors, sujeto a recortes presupuestarios Ampliar foto
El barcelonés Mercat de les flors, sujeto a recortes presupuestarios

La semana pasada, el director Lluís Pasqual anunció que, debido a los recortes, se veía obligado a eliminar tres espectáculos de la programación del Teatre Lliure. Y no solo eso: la temporada acabará a finales de mayo, pero la siguiente no comenzará hasta mediados de octubre. Los teatros públicos hacen cada año una estimación de presupuesto basada, grosso modo, en las aportaciones institucionales del año anterior. Tal estimación, que suele realizarse a final de temporada, ha de verse confirmada (o desmentida) entre enero o febrero de la siguiente, que es cuando se aprueban las ayudas institucionales. Así pues, la decisión de Pasqual estaba motivada por un comunicado de la Generalitat al Patronato del Lliure, indicando, como se sabe, que le recortaría un 15%: 614.000 euros. Parece ser que el recorte del Ayuntamiento de Barcelona será de un 5%. Y están por llegar los presuntísimos recortes de la Diputación y del Ministerio de Cultura (bueno, de Educación, Cultura y Deporte), o sea, que los cañazos están lejos de haber acabado.

Alguna gente tiende a pensar que los teatros públicos han tirado el dinero por las ventanas y que bien empleados les están los ajustes. Es materia opinable. Desde hace tres años (o sea, desde el comienzo de la crisis), tanto el gobierno español como la Generalitat destinan a Cultura el 1% de su presupuesto, mientras que Francia llega al 2,4: más del doble, con los que se financian (para hablar solo de la escena) cinco teatros nacionales, 70 scènes nationales (similares a nuestros Centros Dramáticos, aquí exiguos y allí formando una espesa red) y 40 scènes conventionnées, espacios de pequeño o mediano aforo gestionados por ayuntamientos locales. Un dato curioso: comparando partidas, un grupo de cómicos catalanes comprobó que ese 1% equivale a lo que la sanidad de Cataluña destina a la compra de antidepresivos.

“Nuestra estructura”, dijo Pasqual, “está tan debilitada que ya no puede adelgazarse más”. Tiene razón: en el Lliure, a diferencia de otros teatros públicos y para poner un solo ejemplo, no hay utilleros. No los hay porque no hay dinero para pagarles. Y no se puede recortar más personal técnico porque no habría funciones. Ergo, han de recortar algunos montajes para no quedarse sin ninguno. ¿Que en el TNC (Teatro Nacional de Cataluña) tienen más medios y más personal? Desde luego que sí, pero han de programar tres salas. Y no hay que olvidar que tanto el TNC como el Lliure —los portaestandartes del teatro público catalán— ya llevan acumulados varios recortes anuales. La pasada temporada, el TNC recortó en producciones: 15 espectáculos menos. Al TNC, que dirige Sergi Belbel, también le acaba de caer, cómo no, el cañazo de la Generalitat: un 10% menos de subvención, con lo cual recibirá 8,300 millones, mientras que en 2011 la subvención fue de 9.250, y en 2010 de 10.885 millones.

O sea, que vamos bajando a ojos vistas.

Como al Lliure, también le han atizado un recorte del 15% al Mercat de les Flors, centrado en la danza contemporánea y otras “artes del movimiento” y dirigido por Cesc Casadesús: su presupuesto se queda en 900.000 euros frente a los 1,42 millones del año pasado, lo que les aboca a reducir presencia internacional. ¿Y el cañazo del Ministerio? Se espera con comprensible temor, ya que, también el año pasado, redujo su aportación un 12%. Un 15% ha sido el recorte de la Generalitat aplicado al Liceo, pero puede resultarle fatal (como declaraba hace poco Joan Francesc Marco a Lourdes Morgades y Daniel Verdú) si ahora se le suma el tajo de Cultura, que aporta 11,5 millones frente a los 11 del gobierno catalán.

Los trabajadores del coliseo salieron el domingo pasado a la calle ante la amenaza de un ERE temporal, que les dejaría sin trabajo durante los meses de marzo y junio. Igualmente, supondría la suspensión de algunos títulos no sólo anunciados sino ya a la venta: el programa doble de Alexander Zemlinsky (Una tragedia florentina y El enano), Pélleas et Mélisande, de Debussy y, quizás, los Ballets de Monte-Carlo. El Auditori de Barcelona también sufrirá su recorte del 10%: disminuirá el volumen de los conciertos que producen, pero mantendrán los de la OBC (Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya).

Temporada Alta, el gran festival teatral de Cataluña, que entre los pasados octubre y diciembre coprodujo una treintena de espectáculos, también está a la espera. A diferencia de otros teatros públicos, este año ha sido el primero en el que la taquilla ha actuado como principal fuente de ingresos (846.000 euros, el 27,5% del presupuesto), seguida por el patrocinio privado (18%: 552.000 euros). El Ministerio aporta tan sólo un 3%, pero la Generalitat sufragó el 17,9 (552.000 euros): si no se ha manifestado todavía es porque Temporada Alta cierra telón, por así decirlo, a primeros de diciembre; lo hará, al parecer, a finales de febrero. Problema añadido: va a perder un 25% del presupuesto, tanto del festival como de los espectáculos de El Canal, su nuevo centro de producción, ya que este año acaba su vínculo con Perpignan a través de Intereg, el programa de apoyo con fondos de la Comunidad Europea, establecido por tres años. Salvador Sunyer, director del certamen, no ve viables recortes estructurales: quizás una reducción de espectáculos y coproducciones, manteniendo el mismo periodo de exhibición.

Comparativamente, el Festival Grec no tiene tantos problemas, ya que depende en gran medida del Ayuntamiento barcelonés, que ha anunciado, como en el Lliure, una reducción del 5% de un presupuesto que roza los 4,5 millones. Con todo, como declaró su nuevo director, Ramón Simó, se reducirán días de exhibición. Hasta ahora, el Grec comenzaba la última semana de junio y sus últimas funciones se alargaban a la primera de agosto: la edición del 2012 se concentrará en el mes de julio.