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¿Qué nos quedará de la microcultura?

Teatro mínimo, cine con móviles, relatos de una frase, 'nanopoemas': las formas de creación en formato corto crecen sin parar pero su impacto real es un enigma

Con este reportaje les queremos llamar a la reflexión y la participación. Las expresiones artísticas en formato pequeño se han convertido en una tendencia y un fenómeno. Se multiplican las 'nanopropuestas' culturales, pero también crecen sus detractores. ¿Cree usted que se trata de una moda pasajera o es un género que ha llegado para quedarse? Bajo estas líneas les ofrecemos un canal para el debate. O tal vez prefiera pasar a la acción y dejarnos aquí su aportación al microrrelato. Eso sí, en tan solo 280 caracteres.

Una señora mayor colorea un álbum de dibujos para niños, sentada a la mesa de su cocina. A los pocos segundos, su joven hija vuelve al hogar. Las dos mujeres entablan una conversación íntima sin preocuparse apenas de la decena de invitados que, posados en unos taburetes, llenan el minúsculo cuarto y escuchan en silencio. Pasan algo menos de 15 minutos, el tiempo suficiente para que la madre encuentre las palabras para explicar a su hija por qué su padre no volverá. El diálogo termina. Los aplausos de los invitados cierran la sexta y última representación de la noche de Papá se ha ido. Maribel Vitar y Mara Ballestero, las dos actrices, se despiden del público con una reverencia.

La obra citada es una de las tapas de teatro de la carta del número 9 de la calle Loreto y Chicote de Madrid. Un tema, seis obras, seis representaciones por noche de miércoles a domingo. Cada función cuesta cuatro euros y dura un cuarto de hora. Estos números encierran la fórmula áurea que resuelven las salas del Microteatro Por Dinero. Entre 5.000 y 8.000 personas (según Verónica Larios, una de los 21 socios que dirigen el barco) mezclan cada mes cañas y píldoras de teatro, siguiendo una receta que en octubre celebra su primer aniversario.

"Respecto al teatro tradicional se gana en intimidad y libertad", asegura Elvira Lindo. La escritora, autora de varios guiones teatrales, es el bolígrafo tras los diálogos de Papá se ha ido. "Me gusta mucho esta fórmula. Ves una o más obras, tomas una caña. Es más inmediato y más alternativo. Nunca había visto a los actores tan de cerca", afirma Lindo.

Pero no solo de teatro vive el prefijo micro. De hecho, últimamente parece encajar bien en todo tipo de puzles culturales. Entre fenómenos más asentados (microrrelatos) y otros más recientes (micropoesía, festivales de microcine rodado con un móvil), lo pequeño desfila a menudo en las pasarelas de la cultura. "Hay varias causas. La crisis del formato largo, de los grandes relatos, sobre todo en la literatura, es una de ellas. En segundo lugar, los nuevos medios tecnológicos favorecen contenidos más fáciles de difundir y descargar. Es el sabor de lo efímero", aclara el filósofo y ensayista José Luis Pardo.

Comunicación urgente

"No tenemos tiempo, necesitamos una comunicación más urgente, entender las cosas de un disparo", tercia la micropoetisa Ajo. Por ello, sus pistolas llevan desde 2004 cargadas de proyectiles fugaces como: "Olvidan solo quienes tienen tiempo". Ese año Ajo publicó Micropoemas, el primer libro que recogía sus obras. Desde entonces la brevedad no ha dejado de ser el primer punto de su manifiesto artístico. "Es mucho más difícil: decir mucho con poco significa complicarse la vida", defiende Ajo.

Aquí parece hallarse una de las claves del género micro. Ya se hable de cine, de teatro o de literatura, no cambian los fundamentos que mantienen de pie el pequeño castillo. "Hay que tener una idea clara de lo que se quiere narrar y caracterizar bien a los personajes", explica Verónica Larios, de Microteatro Por Dinero. Pero el pilar principal de la estructura, que se repite en casi todas las entrevistas, es otro. "Tienes que contar más de lo que te permita el espacio o el tiempo, ser muy sugerente", aclara Elvira Lindo. O, dicho de otra forma, "hay que tirar de un doble filo: algo que se ve y algo que solo se intuye", como cuenta Ajo.

Creadores de comidas efímeras, los chefs de la microcultura fían sus esperanzas al retrogusto. "Un buen microrrelato deja en el lector una angustiosa duda", resume la escritora argentina Ana María Shua. Tras las huellas de Borges y Cortázar, pioneros de los microrrelatos, Shua lleva ya cuatro libros depositando interrogantes en la mente del lector.

Una estancia larga en un terreno donde algunos se quedan durante un tiempo casi tan fugaz como sus creaciones. "El microteatro puede ser un buen ejercicio para luego hacer algo con más espesor", explica Elvira Lindo. "Desconfío de los que solo son microrrelatistas: prefiero los que también tocan otros géneros", asegura la misma Shua.

De hecho, la argentina es autora de novelas, obras infantiles y cuentos. "Lo más difícil de escribir es una novela, porque hay que sostener una arquitectura compleja como la de un rascacielos", sostiene Shua. Construir una "casita" (como define a los microrrelatos) en cambio puede ser cuestión de un instante. En estas palabras está encerrado todo el espíritu de su autora: 'Socorro, socorro, sáquenme de aquí es un ejemplo de creación que Shua realizó en pocos minutos, guiada por una intuición.

Eso sí, todo arquitecto de lo micro tiene que saber manejar lijas y cinceles. "Los microrrelatos son piedras preciosas, extremadamente pulidas. Los mejores alcanzan la perfección más absoluta en la literatura. Pero es un género que no acepta el más mínimo defecto: perdería inmediatamente su valor", explica Shua.

El éxito

La misma escritora reconoce sin embargo que "cualquiera puede tener un pequeño éxito, conseguir escribir un microrrelato que esté muy bien. Aunque no un libro". Y en junio el presidente de la Academia de cine, Enrique González-Macho, señalaba que "hoy en día cualquiera puede hacer películas con una cámara de 300 euros". Es, por decirlo a la manera de Shua, la angustiosa duda que acompaña a este fenómeno, y que Fernando Savater expresa en un correo electrónico: "Aunque puede haber cosas de calidad, esa jibarización de la cultura resulta dudosa. Es la influencia del zapping primero y del Twitter después en todos los campos". Hablando de Twitter, los microrrelatos tienen una presencia muy viva en la red social.

La solución, según los entrevistados, es tan sencilla que cabe en una palabra: calidad. "En España hay 20 millones de escritores, pero publican 10. El talento destaca. Las primeras películas de Amenábar y Almodóvar fueron cojonudas. Para otros, el primer trabajo es el último", respondía González-Macho. Y para José Luis Pardo "no hay que obsesionarse con el formato. Al fin y al cabo cuenta el contenido". Que cada lector saque su conclusión. Ya saben, en eso consiste la angustiosa duda.