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José Luis Alcaine, una vida de luz

El director de fotografía recibe la Medalla de Oro de la Academia de Cine

"Tu biografía es muy difícil de resumir". Con estas palabras Enrique González Macho, presidente de la Academia de Cine, comenzó esta mañana la entrega de la Medalla de Oro de la Academia al director de fotografía José Luis Alcaine (Tánger, 1936). "Eres hijo del director del cineclub de Tetuán. Cuando algo te pica desde la infancia...", comentó González Macho, que realizó un panegírico insistiendo en la bondad humana de Alcaine y en su habilidad para sublimarse al estilo del director, "sin perder un ápice de tu personalidad".

El cineasta ha trabajado en 125 películas "que forman parte gracias a tu luz del patrimonio del cine español". Además recalcó cómo en su última etapa ha incentivado sus inquietudes. "Tu intuición la has llevado a la investigación", dijo González Macho, antes de insistir en su maestría, "que esperamos que otros sigan". Y remató el honor de la Academia en entregarle esta medalla: "No es un reconocimiento para ti, sino que es de ida y vuelta, porque nos lo devuelves con tu labor todos los días".

Tras esas palabras, que el presidente acabó un poco emocionado, Alcaine habló y aseguró que este premio es para toda una generación con la que ha trabajado. "Llevo 45 años de carrera. Algo más, porque hice algo de trabajo negro". "He hecho mucho cine, y aún de las malas he aprendido. Ahora, al revisar mi carrera, recuerdas a gente muy especial, como Fernando Fernán-Gómez y descubres que todos estamos interconectados. En este oficio todo ha sido para bien para mí".

No a los 'story boards'

Después del discurso, Alcaine, ya sentado, habló con los periodistas. "Toda luz debe adaptarse a la historia. No me gustan los story boards, salvo en filmes de acción, porque hay que adaptarse a lo que ocurre", comentó antes de hablar de su última investigación, la que emparenta el Guernica, de Picasso, con Adiós a las armas, de Frank Borzage, tal y como adelantó en EL PAÍS. "He trabajado con muchos más directores luminosos que oscuros, porque he hecho muy poco terror. Curiosamente, la última, La piel que habito, pertenece a este género. A mí me cuesta mucho entrar como espectador en el terror, porque nadie se cree que alguien se meta solo en un pasillo oscuro, por ejemplo. El terror bueno lo crea el director, como se ve en ¿Quién puede matar un niño?, de Chicho Ibáñez Serrador, donde hice la fotografía".

En cuanto a su relación con Almodóvar, contó que tuvieron sus roces en Átame, y que por eso no colaboraron de nuevo hasta La mala educación. "Casi no hablamos en plató, y eso nos hace llevarnos muy bien. Él no suele tener claro qué quiere en fotografía, pero sí lo que no quiere. Recuerdo que charlamos mucho en Mujeres al borde de un ataque de nervios, donde él buscaba un luz tipo años cincuenta, estilo Douglas Sirk, muy de los estudios de Hollywood y alejada de la iluminación de la nouvelle vague. En La mala educación cambié un poco la luz a más thriller; en Volver todo era Penélope Cruz y esas dos cosas se fusionaron en La piel que habito. Hay desde luego un cambio de la estética de Pedro con ese predominio de los grises y azules".

¿Alguien se ha quejado de su trabajo? "Una vez, sí, Victoria Abril, que siempre ha sido una intérprete que mira mucho lo rodado en el combo, aunque aquella vez tenía razón. En general son las actrices las que vienen a decirme que quieren trabajar conmigo". Y así acabó el coloquio. Esta noche se hará la entrega oficial con invitados de la medalla.