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"Me muestro como soy: un poco torpe"

Al Pacino presenta en Venecia 'Wilde Salome', su último trabajo a ambos lados de la cámara

"Durante 25 años he combinado el cine y el escenario y estaba dividido entre esas dos cosas. Después he empezado a filmar las cosas que me gustaban, sobre todo mi actividad teatral: mi trabajo como director ha empezado así. Solo cuando he llegado a ese punto me he enamorado del cine, cuando he entendido su magia. Ese momento lo ha cambiado todo para mí. Ahora bien, debo decir que como director sigue siendo un aficionado. De hecho tengo cinco o seis películas ya hechas que prefier mantenerlas ocultas. Quizás en el futuro podré hacer algo tipo "Seis personajes en busca de autor", una reflexión o más bien una relectura sobre el mundo Pirandello". Así arrancaba Al Pacino su comparecencia ante la prensa para hablar de Wilde Salome, su último -y estupendo- trabajo a ambos lados de la cámara.

El mito se presentaba en la ciudad de los canales con barba, melena y camisa blanca. Nada de trajes aparatosos o falsa pompa, la leyenda en carne y hueso: "es una opera muy personal y experimental. No es una película pero tampoco un documental... al principio tenía solo una visión, no una historia. Después he tenido una iluminación, he entendido que debía proceder como si se tratara de un collage. Haciéndolo me he proyectado a mi mismo, mostrándome como soy: un poco torpe, también en la gestión del proceso creativo entre teatro y cine" afirmaba Pacino. El actor, protagonista de películas inolvidables como El precio del poder, Tarde de perros, Serpico o Heat, ya había probado suerte en la dirección con la fantástica Looking for Richard, así que el embrollo no le cogía de sorpresa. La actriz Jessica Chastain, a su lado, tampoco parecía asustada, quizás porque cuando acudió a Cannes a defender la inmensa El árbol de la vida, tuvo que lidiar con la prensa de todo el mundo sin más compañía que la suya propia, ya que el director, Terrence Malick, hizo el mutis por el foro.

Obviamente y si se habla de Salomé, el nombre de Oscar Wilde aparecería tarde o temprano, así que cuando asomó la cabeza Pacino ya estaba listo para responder: "¿Oscar Wilde? Un progresista, un visionario. Sin embargo caminaba por senderos peligrosos y utilizaron su sexualidad para callarle. Wilde tenía una mente superior, intensa, llena de demonios pero también de religiosidad y me encantaría ver una película sobre el personaje. ¿La mía? No, la mía es sobre el drama de Salomé".

En una rueda de prensa extrañamente serena y sobria incluso hubo tiempo para inquirir al astro sobre el extraño rumbo que ha tomado su carrera como actor en los últimos tiempos, una carrera que parece no encajar con su -impepinable- calidad artística:

"He hecho cosas en mi vida que me gustaría no haber hecho, pero en mi vida privado, no en las películas. En cuánto al futuro, pues no lo sé, a veces me siento exhausto pero después se me empiezan a amontonar guiones... siempre digo: "seré selectivo", pero finalmente nunca lo consigo. El propósito, aun así, sigue siendo el mismo: haré solo aquello que sea justo hacer". Y así, con cripticismo o con una rotunda admisión de culpa (como quiera verse), se finiquito el asunto. La película, que quede claro, recibió el mayor aplauso en lo que llevamos de Mostra.