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La hija del monstruo debuta en Venecia

Ami Canaan Mann, hija del realizador Michael Mann, presenta 'Texas killing fields'

Algo raro pasa en Texas. Ayer Killer Joe, de William Friedkin, dejaba al espectador con la risa congelada y el estómago haciendo volteretas con la historia de un asesino, un espabilado, una femme fatale y una chalada, todos de Texas.

Hoy la hija del grandísimo Michael Mann, Ami Canaan Mann, ha hecho lo propio (sin la risa congelada y con el estómago más o menos aposentado) con una historia basada en hechos reales sobre una zona del estado de George Bush y Rick Perry donde las adolescentes morían a puñados. No es que sea una obra maestra lo de la Mann pero hay que reconocerle notables aptitudes para la dirección y una gran capacidad (se supone que genética, teniendo en cuenta que su padre es el director de peliculones del género como Ladrón o Heat) para navegar, con timón firme, por un relato de crímenes donde los policías (agentes federales para ser más concretos) son puzzles andantes con notable destreza para la introspección.

El film se llama Texas Killing Fields y ha resultado una agradable sorpresa descubrir que la hija de uno de los realizadores más potentes de Hollywood podrá vivir de algo más que su apellido. La película, un thriller tenso y denso, nos conduce a través de la investigación -algo obsesiva- que un agente del FBI (el siempre magnífico Jeffrey Dean Morgan) y su compañero (impecable Sam Worthington) que debe dar con dos asesinos en serie que están haciendo que el censo de la zona disminuya a toda velocidad. Por medio una niña, su madre alcohólica y otra serie de tipos a cual más repulsivo, en una galería de personajes que recuerda levemente a Heat, donde todos los implicados parecen empeñados en meterse en líos.

El padre de la criatura, Michael, ha ejercido de productor, pero a juzgar por el resultado final no parece que haya hecho nada más que eso. Su hija tiene su propio ojo para la dirección y de hecho, y aunque hay algunas similitudes entre el estilo visual de ambos, la realizadora marca muy bien cual es su terreno de juego: es precisa, sobria, competente y le gusta ir al grano. También le ayuda un buen guión de Don Ferrarone, un exagente del FBI que ya asesoró a su padre en la mencionada Heat y que aporta al relato unos cuantos kilos de verosimilitud. La historia, real como la vida misma, es de un corte estético clásico, nada de frivolidades, ni salidas de tono. Eso ayuda al empaque del producto, que promete grandes cosas por lo que respecta a su responsable: la hija del monstruo debuta con buen pie. Habrá que seguirle la pista.