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Reportaje:

Una ventana callejera hacia la imaginación

El proyecto 'Life in Frame' del fotógrafo italiano Enrico Migotto retrata las poses espontáneas de cientos de transeúntes ante un marco colocado en medio de la calle

En un trastero se suelen acumular polvo y recuerdos. Y muchos, muchos objetos. En el de la casa de su abuela, Enrico Migotto encontró un marco de madera de 70 centímetros por 50. "Era realmente hermoso", cuenta por correo electrónico este fotógrafo italiano, ni que relatara el primer encuentro con la mujer de su vida. El caso es que el objeto se convirtió en el pilar de su proyecto Life in Frame y su compañero de viaje durante tres años, de Londres a Venecia, de Berlín a Bruselas. Un fotógrafo y un marco. ¿Qué más? Las cientos de personas que se fotografiaban ante o detrás del utensilio- que el italiano colocaba en medio de la calle de varias ciudades- sin saber (en la mayoría de los casos) que Migotto a su vez las estaba retratando con su cámara.

El germen de Life in Frame, que se expone estos días en Bolonia, en realidad nació un poco antes. "Fue una mañana de mayo de 2007. Estaba preparando mi tesis sobre la historia de la fotografía y me desperté con esa idea en la cabeza: poner un marco vacío a disposición de la gente", recuerda el fotógrafo. Cuando a la idea y al marco añadió un soporte de hierro, realizado por un artesano jubilado que vive cerca de su casa, solo faltaba el paso final: el estreno por la calle. Fue en Bolonia y su acogida sorprendió a Migotto. Cuatro años después el fotógrafo relata la incertidumbre y el miedo que todavía tiene, los mismos que la primera vez. "Siempre me temo que el marco pase desapercibido y que la gente se quede indiferente. Sin embargo en unos minutos las dudas se desvanecen", asegura el italiano.

"Hasta ahora siempre he contado con una gran participación", aclara Migotto. Da igual que se trate de Turín o de Tárrega (Cataluña), de ingleses o de alemanes: el elemento común, según el fotógrafo, son "las ganas de querer llenar un espacio vacío y... hacerlo vivo". Y al aumentar la cantidad de gente, como en el caso del festival de la misma ciudad catalana o del carnaval de las culturas de Berlín a los que Migotto llevó su marco, también crecía la participación (involuntaria) a Life in Frame.

A veces el entusiasmo fue incluso más allá de lo imaginado por Migotto. "El marco se convierte en terreno fértil para la creatividad espontánea, la timidez le deja paso a la curiosidad", sostiene el artista. En Bolonia le tomaron la palabra: "De repente a uno de los participantes en un cortejo se le ocurrió la gran idea de saltar dentro del marco, que se cayó y se rompió. Y además ni siquiera saqué la foto del salto". Sin embargo los mismos transeúntes encontraron la solución: bastó con un boca oreja rápido y unos trozos de cinta.

A lo largo de cuatro años de "arte participativo", como Migotto lo llama, el italiano ha podido visitar muchas plazas europeas. Trabajaba 5-6 horas cada día, normalmente durante un fin de semana y en los lugares más céntricos y particulares de cada ciudad. El resto del tiempo lo aprovechaba con sus amigos que allí vivían, ya que en eso se basaba a la hora de elegir los destinos de sus viajes. También ha acabado haciendo amigos gracias a Life in Frame. "Intento no forzar la espontaneidad de las poses. Solo intervengo cuando la performance ha terminado y explico el proyecto. La gente se muestra entusiasta. Una pareja chilena de 60 años me ha invitado a Santiago de Chile".

Antes de Sudamérica, le quedan unos cuantos destinos europeos. Tres, en especial: "Lisboa, Cracovia y Cádiz son sueños que espero realizar cuanto antes". Obviamente, llevará consigo a su compañero fiel: "El marco es esencial. Es un contraste limpio con la idea de que todo tiene que ser grande, costoso, brillante, perfecto". Nada que ver con la humilde hermosura de un trastero.