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Baile en una región de contrastes

Tony Fabre presenta su última coreografía tras rechazar la dirección de la Compañía Nacional de Danza

Buen baile y reacciones a flor de piel. El mundillo de la danza en la capital se agita y el Conservatorio Superior de Danza María de Ávila (CSDMA) está teniendo estos días [hasta hoy domingo, entrada libre hasta completar aforo] en el Teatro Valle Inclán de la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) su puesta de largo, su primera presentación pública y dónde expone al juicio crítico no solamente el nivel de futuros egresados, sino las perspectivas de su política educativa en todas las vertientes de la danza, desde la española propiamente dicha a la danza moderna y el ballet. Cuatro estrenos absolutos y dos recopilaciones de fragmentos de Nacho Duato y William Forsythe conforman el prismático y ambicioso programa

Como siempre la danza va de prestado y las funciones tienen lugar en el auditorio de la RESAD, un escenario alejado de la idoneidad para la danza (en sus exigencias técnicas y espaciales actuales) y para el un calibrado correcto y en perspectiva de proporciones tanto estéticas como funcionales. Pero siempre se dice aquello de que el milagro del teatro lo resuelve todo y el resultado es una buena función donde hay un más que aceptable nivel de baile que incluso por momentos se muestra unitario. Ese empaste estilístico es con toda probabilidad una de las cosas más difíciles de conseguir y lo que da el sello de calidad definitiva a la materia coréutica

El único patinazo del programa es la danza contemporánea. La pieza Opto creado por la francesa Myriam Agar es un confuso e inútil trabajo de taller que además de anticuado no aporta nada ni en lo artístico ni el lo técnico. Apoyándose en recursos de improvisación de percusión (que interpreta en directo su autor, Luis Tabuenca con apoyo electrónico), da la sensación deshilachada de que cada uno va por su lado queriendo emular lo que Nikolais hacía hace 40 años. Salvan parcialmente la papeleta los bailarines, en un denodado esfuerzo de coordinación y dinámica que finalmente naufraga en una estética banal y pretenciosa.

La danza española, estuvo a muy buena altura en las dos piezas presentadas. Primero Pablo de Málaga, una creación de Joaquín Ruiz inspirada en Pablo Picasso, su amplia paleta y su fuerza, especie de retrato virtual y lírico. La obra "En plata" de Antonio Pérez era todo un reto: asociar música contemporánea al registro clásico español y maridar tales sonoridades a los palillos y el taconeo. Era un experimento que de entrada frena cualquier entusiasmo y que Pérez resuelve con elegancia, soltura y sensibilidad hacia estructuras extemporáneas como las de Arvo Pärt y que resultan de los mejores momentos de la pieza tanto coral como solista.

Tras un tríptico que recogía fragmentos de tres obras memoriales de Duato vino el estreno más esperado de la noche: It's been a honeymoon, de Tony Fabre, director de la CND2 y probablemente la última creación que realice en suelo madrileño el maestro y exbailarín francés, afincado en la capital hace más de 20 años. Fabre es un creador solvente y discreto, que maneja con soltura los registros del ballet contemporáneo. Esta creación, pensada para los artistas del CSDMA, pone en liza los mundos primitivo y el más sofisticado y actual (representado por las tres bailarinas que se expresan sobre sus zapatillas de puntas). Los hombres pasan de un sistema de expresión al otro, y así las frases van cambiando y pulsando una lectura ágil y estimulante. Tony Fabre pudo ser el futuro director bisagra de la Compañía Nacional de Danza, ofrecimiento del Ministerio de Cultura que rechazó esta misma semana, siendo sin dudas el hombre más indicado para ocuparse de la compleja transformación del conjunto.

No puede dejar de tenerse en cuenta que, de acuerdo a los criterios de la educación artística en España, estos bailarines son ya profesionales en toda regla, algunos de ellos con experiencia en compañías de trayectoria. Es por eso que, siendo la primera vez que el CSDMA sube a escena, la expectación está muy justificada y la impresión y pulimento no decepciona aunque un rodillo de modernidad a toda costa lastra la velada. Otra cosa son los mimbres interiores del producto, los que se desbrozan el un vídeo de presentación en el que los artistas y sus mentores opinan alrededor del quehacer. Lo que en principio parecen unos inocentes comentarios de taller puede ser analizado a la luz de los grandes dramas de la danza española, que siguen siendo dramas y los mismos de siempre.

Se hecha en falta un acento y profundización sobre los factores del poso académico. Falta por allí un tutú, ese símbolo no solo de un repertorio específico sino de unas maneras que son el indiscutido e indispensable cimiento del arte del ballet. Y tanto es así que destacan algunos que precisamente lucen esa cimentación muy bien armada y en progresión, es el caso de Jonatan de Luis, Virginia Gallo y sobre todo, Arturo Naranjo, que ya brilla con luz propia y al que se le ve pisando el futuro con sus propios y potentes pies.