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Texto informativo con interpretación

Lone Scherfig, la pulidora de la joya 'An education'

La directora danesa lleva a la pantalla una historia de amor y rebeldía en el Londres de 1962 escrita por Nick Hornby

Pocas, muy pocas veces se encuentran joyas como Una educación (An education) en las salas de cine. Y no es un menosprecio a películas ya clásicas desde su rodaje como La cinta blanca, de Michael Haneke, o rompedoras como Un profeta, de Jacques Audiard, o reveladoras, como En tierra hostil, de Kathryn Bigelow. O proféticas, en el fondo y en la forma, como Avatar, de James Cameron. No. An education emana magia, es un rayo de luz que probablemente acabe sepultado entre los tiros de Mel Gibson, los cabreos de Harrison Ford o cualquier otro taquillazo.

An education desborda pasión por la vida, empuja a cada espectador a salir a la calle y enamorarse, a entender la vida como un disfrute, a oír música, beber buen vino, leer libros y viajar a París. Con ella recordamos que más vale dar un beso furtivo que quedarse con las ganas, que la aventura espera a la vuelta de la esquina. El aliento que insuflaba alma a Donde viven los monstruos se convierte en el huracán que empuja An education. Y curiosamente los Oscar -premios antagónicos a lo defendido en este filme- le han tendido la mano con tres candidaturas: mejor película, mejor actriz protagonista (Carey Mulligan) y mejor guión adaptado (el maestro Nick Hornby está detrás, quién si no).

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Nick Hornby es la pieza clave. El escritor leyó el ensayo autobiográfico de Lynn Barber, una famosa periodista británica, en la revista Granta (donde describe cómo a inicios de los años sesenta se enamoró de un hombre mayor que ella y de dudosa reputación) y supo ver la semilla de una película. Su esposa, Amanda Posey, productora de cine independiente, compró los derechos y Hornby decidió debutar como guionista adaptador en 2004: probablemente porque en ese texto había elementos comunes a sus narraciones, como las notas de comedias en personajes que arrastran tristeza, curiosas relaciones paternofiliales y esa manera clara y franca de mostrar la vida con sus causas y sus consecuencias.

Con el proyecto en marcha, y algunos actores reclutados, ficharon a la directora Beeban Kidron, la realizadora de Un romance otoñal, A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar o de la segunda parte de Bridget Jones. Pero los plazos de producción se alargaron 18 meses (según Variety en 2007 era uno los mejores guiones del año que no se habían rodado) y Kidron estaba comprometida con otro filme, así que en su lugar entró la danesa Lone Scherfig, responsable de Italiano para principiantes o Wilbur se quiere suicidar.

Una apuesta arriesgada si no fuera por el órdago de la actriz protagonista. Arropada por veteranos como Olivia Williams, Alfred Molina, Emma Thompson o Dominic Cooper (que sustituyó a Orlando Bloom a una semana del rodaje), Carey Mulligan se convierte en el gran descubrimiento de An education: ni sus anteriores interpretaciones en Orgullo y prejuicio o El mejor, ni las posteriores en Hermanos o Enemigos públicos permitían atisbar el talento de esta londinense.

Y para corroborar -o no- toda la historia, al teléfono desde su Copenhague natal contesta Scherfig. "En realidad, no sé dónde encontré ese toque mágico. Todo el mundo puso lo mejor de su parte, y yo ni pude controlarlo, ni lo intenté". La danesa capitanea un filme muy británico, en el que cada pieza recuerda el Londres de 1962. "Eso me hizo investigar mucho más que en anteriores ocasiones. Londres aquel año explotó en llamaradas de energía, se abrió a la vida al igual que le ocurre a la protagonista, Jenny. El filme es como una máquina del tiempo, y eso me hizo ser muy cuidadosa, pero a la vez sabía que debía priorizar la autenticidad por encima del detallismo".

En eso entra su amor por Jenny, "personaje que debía defender como fuera porque su corazón es el motor del filme; construí con Carey el papel poco a poco, desarrollándolo en su espíritu en los ensayos y pidiéndole que fuera más ambiciosa en el rodaje". Sherfig entra en su descripción: "Yo desde luego disfruté de más libertad a mis 16 años que ella. Pude conocer Madrid en un viaje de estudiantes, viví privilegios que ella no tuvo, no me lié en el momento inadecuado con el hombre erróneo, aunque reconozco que ese amante treintañero, David, fue el personaje que me empujó a dirigir el filme".

¿Y eso? "Es complejo, un reto para cualquier directora. El público no debe rechazarlo a la primera, sino que, como Jenny, tiene que quererle". ¿Jenny es más Audrey Hepburn o más Jean Seberg? "Diría que es sofisticada como la primera, pero que le mueve la inocencia y las ganas de vivir de los filmes franceses que protagonizaba la segunda". ¿Y cómo se logra en películas tan diferentes como las suyas mantener cierta autoría? "No estoy muy segura. Porque es la primera vez que no ruedo un guión propio. ¿Siente que An education tiene algo mío?". Seguro. Por ejemplo, los personajes mueven la acción.

Para Hornby sólo tiene buenas palabras: "Me siento muy cercana a él. Ya había leído sus libros y disfrutamos de nuestro trabajo tanto que espero que se repita la colaboración". Antes ha dicho que conoció Madrid hace 35 años. ¿Qué recuerda de aquel periplo adolescente? "Poco. Que la sentí como muy oscura. He vuelto posteriormente y he disfrutado el inmenso salto hacia delante que han realizado. Conozco mejor San Sebastián por el festival de cine. ¿Cree que la película gustará en España?". An education llega al corazón de cualquier ser humano, y no importan las nacionalidades. "Eso espero".

Lone Scherfig en el rodaje de 'Una educación' ('An education')
Lone Scherfig en el rodaje de 'Una educación' ('An education')FOTO PROMOCIONAL
Vídeo: SONY PICTURES
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