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Entrevista:

"Ahora parece que si quieres ser autor, debes ser sádico"

El argentino Adrián Biniez, Oso de Plata en Berlín y premio Horizontes Latinos en San Sebastián con su primera película, 'Gigante', defiende el humor y la falta de solemnidad en el cine

Solo 34 años y el argentino afincado en Uruguay Adrián Biniez ya es Oso de Plata - Gran Premio del Jurado con su primer largometraje, Gigante. Únicamente fenómenos como las hermanas Makhmalbaf llegan a tamaños logros. Su Gigante es la historia de un amor, secreto, oculto y divertido. Él es un vigilante nocturno, tímido y grande, en un hipermercado. La mayor parte de su turno lo pasa en el cuartito de control de los monitores. Ella, que no sabe de sus sentimientos, es una de las mujeres de la limpieza. Él la persigue, la espía, convertido en un ángel de la guarda con aromas a oso de Mimosín. Ella vive su día a día sin percatarse de su presencia. Gigante tiene el exacto punto a mezcla entre la obra de Aki Kaurismäki y Charles Chaplin que convirtió en obra maestra a Whisky, de los uruguayos Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella. Uruguay no supera los 3,5 millones de habitantes, y aún así Stoll, el ya fallecido Rebella, Federico Veiroj (Acné) y Biniez han salido hacia delante con un filmes herederos directos de un cine mudo que combina el thriller y la comedia. En Donostia, además del trabajo de Biniez, estaba El cuarto de Leo, de Enrique Buchichio, en Horizontes Latinos, y dos filmes más en la sección Cine en Construcción. Sorprendente.

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En San Sebastián, Biniez estuvo varios días charlando con la prensa antes de ganar el más que merecido premio Horizontes Latinos. Voló después hacia el certamen de Zúrich, destino de muchos de los cineastas extranjeros visitantes de Donostia, y que al final ha visto su nombre reflejado en todos los periódicos por la detención de Roman Polanski. Y se fue con un tesoro en la maleta: Biniez quería un autógrafo para él y otro para Stoll de... Carlos Boyero. "No le gustó mi filme en Berlín, pero pibe, cómo lo contó". Cumplió el objetivo. Para Biniez la vida debe desprender alegría y eso incluye al cine más de autor.

Pregunta. ¿Así que no te gusta la solemnidad en el cine?

Respuesta. Cuando hay solemnidad en el cine es que falta profundidad o inteligencia. Que dan una mirada maniquea sobre el mundo. Si te fijas en los grandes directores, no van de solemnes. Mira John Ford y siempre hay momentos de humor. O las décadas de los sesenta y los setenta de Godard tiene golpes... Un humor de la concha de su madre. He puesto esos dos ejemplos porque están en las antípodas. Entonces, ¿por qué se ruedan filmes solemnes, con un personaje bueno y otro malo, maniqueas? Por favor...

P. ¿Cómo calificarías a Stoll?

R. Somos amigos, muy amigos. Nos influimos mutuamente, nos vamos de birras juntos. Antes de hacer mi filme, con mis cortos, ya admiraba su trabajo. Y nos reímos de lo mismo. Me gusta que los personajes tengan vida: que puedan hacer desde cosas tontas hasta cosas muy dramáticas. Por ejemplo, en un plano Jara, mi gigante, se golpea los labios haciendo ruido mientras mira las pantallas. El productor me dijo: 'Eres un boludo'. Y le respondí: '¡Es que hará algo durante todo ese rato muerto! ¡Hasta yo hago tonterías en casa!'. Me gustan las películas ligeras, no el sentido laico, sino en que no peque de solemne. Tengo muchos problemas con eso.

P. ¿Con algo más?

R. Pues sí, con el sadismo. Cannes está lleno de filmes que tiene un valor añadido de sadismo. Las películas van de una pareja, que se quiere, y de golpe va uno y les mata a escopetazos. Se ve que sale sangre para todos los lados, bien gore, y esas cosas. Es como esa cosa efectista... Parece un efecto especial de los filmes de autor como los de Hollywood tienen digitales. Ahora, si eres autor debes ser sádico. A Haneke le pasa siempre, a Gaspar Noé [director de Irreversible]... Noé es insoportable. O Las horas del día, de Jaime Rosales. Maravillosamente actuada, relinda, y de repente unos asesinatos... No, ésta la salvo, porque es buena. Rosales no es un ejemplo. Noé sí: sadismo, violencia, que se vea bien claro, bien truculento... El regodeo.

P. El dolor se puede mostrar de otras maneras.

R. ¡Claro! ¿Para qué existe la elipsis? Me saca de mí. Otra cosa es el mismo gore, que tiene sus propios códigos humorísticos: no es lo mismo Sam Raimi destripando gente que Lars von Trier mostrando una ablación. Lo odio. Mira a un amigo mío le dijeron en Cannes los organizadores: "Nos gustó mucho tu película, pero no es lo suficientemente cínica para este festival". Cuando me lo contó, me sentó mal... y confirmó lo que pienso últimamente de Cannes.

A Biniez, cinéfilo apasionado le chisporrotean los ojos. Ríe como un niño y acelera la conversación. Le gusta que le digan que su película emana vida, explica cómo podría haber sido seleccionado en Cannes alterando su final -con lo que demuestra que conoce muy bien la industria-, la perilla se mueve de un lado al otro al ritmo de sus gestos. Antiguo músico, lideraba el grupo argentino Reverb, acabó en Montevideo por amor... con su actriz protagonista, Leonor Svarcas, con la que rompió a mitad de rodaje. "Aún así todo fue muy bien".

P. ¿Dónde has encontrado al actor protagonista?

R. Tenía un amigo que incluso puso nombre al personaje, y que me inspiró algo de la historia. Pero no era actor, me di cuenta de que yo no podría lidiar con eso, y el primer día de pruebas apareció Horacio Camandule. Seguí con las prueba, pero siempre tenía en la cabeza a Horacio. Y fue él. Me dio el tono de la película, porque otro rostro habría creado otro filme. Tuve mucha suerte hasta con su lentitud.

P. ¿Cómo explicas la calidad del cine de Uruguay?

R. No lo sé, porque de ficción no se hacen más de cuatro o cinco largos al año. Y fíjate: yo estuve en Berlín, aquí hay tres más, y Mal día para pescar, de Álvaro Brechner, estuvo en Cannes. A mí también me sorprende. El año pasado por aquí también pasó Acné. No sé si hay otro grupo de cineastas tan amigos y que nos vaya tan bien.

P. ¿Cómo viviste Berlín? Te llevaste tres premios: Oso de Plata - Gran Premio del jurado, Mejor Ópera Prima y el Premio Alfred Bauer.

R. Rarísimo. Nunca había estado en un festival. Me he pasado toda la vida leyendo sobre ellos, pero hasta que estás allí...Uf, la primera proyección de Gigante fue en una sala de 1.600 personas en Berlín. Yo estaba muy, muy nervioso, muy cagado, y se notó mucho por ejemplo en la rueda de prensa, que la pasé mareado, ido. Perdí hasta la voz. También lo pasé muy mal en el estreno en Uruguay y en el primer pase aquí. Será la cuestión del idioma. Te preguntas si cogerán los chistes, si me entenderán...