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Ana María Matute: "Si me dieran el Cervantes, daría unos botes tremendos"

La novelista presenta 'Paraíso inhabitado' tras ocho años de silencio narrativo

La escritora Ana María Matute rompe ocho años de silencio literario con una nueva novela, Paraíso inhabitado en donde retrata la infancia agridulce de una niña rebelde y fantasiosa, que lucha contra las imposiciones de una familia y una época hasta que encuentra su propio paraíso. "Esta es la única novela en la que hay referentes autobiográficos", reconoció hoy Ana María Matute, vital y con un gran sentido del humor, después de pasar casi un año entre camillas de hospital.

La autora, eterna candidata al Premio Cervantes, que se concedió hace unas semanas a Juan Marsé, reconoció que si le dieran el Premio "daría unos botes tremendos". "Pero nunca lo he esperado", matizó, y añadió: "No me lo dan porque no les debo gustar ("no al jurado de Cervantes", aclaró, pero, "¿por qué tengo que gustar a todo el mundo?", se preguntó en voz alta esta autora, galardonada con el Premio Nacional de las letras y autora de clásicos como Olvidado Rey Gudú; y Aranmanoth.

Matute, acompañada por la periodista y escritora Ángeles Caso, fue desgranando las claves de su nueva novela en donde sin "blandenuería", evoca su primera infancia, rodeada de Gigantes o adultos incomprensibles y amparada sólo por el refugio del Cuarto Oscuro (a donde la mandaban cuando era "mala") y la literatura. El cuarto oscuro era, al igual que para la protagonista, el único sitio "donde me dejaban en paz y era una liberación" y la literatura y el cine, su tabla de salvación.

"La literatura es mi forma de pisar el suelo" y "y ponerme a escribir es mi actual cuarto oscuro" y "los Gigantes ahora es el mundo y algunas personas en particular", reconoció esta escritora, que todavía tiene muchas ideas o "run-runes" en la cabeza para próximos libros, si la salud se lo permite, porque "ya tengo 83 años", exclamó. Aunque la historia se narra cuando es ya adulta, el punto de vista de El Paraíso inhabitado es el de su infancia donde Adriana sólo encuentra comprensión en su tía Eduarda, una mujer libre e independiente que vive en un lugar misterioso y lejano, Las Ruinas.

El mundo se trastoca cuando Adriana conoce a Gravila, un niño que juega con un pastor alemán y vive con un adulto que lo cuida. De repente, todo estallará y la muerte le alcanzará muy de cerca, pero no hará morir la infancia del todo; ya que, como afirma la narradora, "tal vez la infancia es más larga que la vida".

La soledad de los niños

Con un lenguaje "sencillo", que no "pobre" matizó la autora, Matute refleja la gran soledad que sienten muchos niños, incomprenidos por unos adultos que se empeñan en imponer sus normas y modales, sobre todo en los años de la República, previos a la Guerra Civil, que terminó destruyendo normas vidas y sueños. Pero en medio de tanta incomprensión, la protagonista de Paraíso inhabitado, Adri o Adriana descubre el amor "profundo" en un niño ruso, de melena rubia, con quien descubre un "baluarte" y un "mundo propio, que no hay nadie que destruya", señaló la autora.

"Los niños también se enamoran y sienten amor y odio", advirtió la autora, para quien no hay nada "que se pague tan caro como la inocencia", explicó la autora, en cuya novela va adquiriendo tonos grises cuando las circunstancias y personas, a menudo hostiles, a los que ella identifica con los Gigantes, seres extraños y amenazntes, le hacen la vida imposible. Amparada por las semejanzas entre su nuevo libro y su vida, Ana María Matute recordó a sus padres y especialmente a su madre, una mujer severa "que podía haber sido amiga del Cid", pero con la que terminó "entendiéndose" casi al final de sus días, mientras le dictaba sus propios textos para pasarlos a máquina.

Preguntada por la necesidad de que entren más mujeres en la Real Academia de la Lengua, donde ella es una de las tres mujeres que tienen un sillón y la única escritora, Matute señaló que hay "muchísimas mujeres que se merecen estar en la RAE" y aseguró que ignora la razón deque no haya más. "No les deben gustar, pero no por ser mujeres, porque yo soy muy mujer", subrayó. Para concluir una inusual rueda de prensa, Ana María Matutes apostilló: "Nunca se fíen de un hombre o mujer que no tenga imaginación o que no quiera beber".