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Charlot, el gran humanista

Barcelona acoge la primera gran muestra en España de la vida y obra de Charles Chaplin

Es lo que se dice una exposición entretenida. Por la profusión de material documental que incluye y porque casi un siglo después de su invención Charlot aún hace reír. Y no es nostalgia, ni sonrisa amable sino carcajadas. Menos ruidosas, eso sí, que las que provocaron en 1917 que un cine de Ohio reclamara a la productora Mutual Film Corporation los gastos de reforma del local que literalmente se había caído por las risotadas del público. Se ha demostrado hoy en la presentación de la exposición Chaplin en imágenes que mañana abre sus puertas en CaixaForum Barcelona. Al comisario de la muestra, Sam Stourdzé, le costó hacerse oir mientras en una pantalla Charlot libraba un delirante combate de boxeo en una de las escenas de Luces en la ciudad (1928-1931). "Una de las grandes enseñanzas de Chaplin es que nos recuerda que los temas serios se pueden tratar con humor", comenta Stourdzé, para quien la importancia del gran cómico reside en su humanidad y en su manera moderna y actual de plantear la relación del hombre con la sociedad.

La exposición, que inició su andadura en 2005 en el Jeu de Paume de París, incluye unos 300 documentos entre fotografías, escritos, álbumes, recortes de prensa y películas. "Agradezco a la familia de Chaplin que nos haya abierto sus archivos personales, en los que trabajé unos tres años para preparar la muestra, y, además, hemos contado con fragmentos de las copias restauradas que ha realizado la Cineteca de Bolonia", ha comentado el comisario, para quien todo el conjunto puede considerarse inédito ya que hasta ahora nunca se había mostrado la obra de Chaplin en una exposición museística de este calibre lo que, por descontado, permite un análisis detallado de su trabajo imposible de ver en una mera retrospectiva de sus películas. Entre los documentos inéditos o poco conocidos de la muestra destaca el making off de la escena del baile de El Gran Dictador que filmó, en color, el hermano del cineasta, y los fragmentos de las películas familiares de Chaplin en su exilio en Suiza que ofrecen la faceta más íntima del cineasta.

Pero hay mucho más. Dividida en seis apartados, la exposición recorre desde la creación del personaje de Charlot en 1914 en pequeñas películas cortas y mudas hasta su desaparición a partir de 1940 abatido por la llegada del cine sonoro, al que Chaplin se sumó muy tarde. La evolución del personaje del pícaro malcarado de los cortos al tierno vagabundo de los largometrajes, la cuidada coreografía de estos filmes en los que el movimiento estaba calculado al milímetro, la reivindicación del personaje por parte de numerosos artistas de vanguardia o la relación agridulce del cineasta con la fama y la persecución que sufrió en Estados Unidos durante la Guerra Fría que le llevaron a su largo exilio en Suiza son otros apartados de una exposición que es más que una película pero atrapa al espectador como si lo fuera. Tras su estancia en Barcelona, en donde se presenta hasta el 27 de abril, la muestra podrá verse en verano en CaixaFórum Madrid, el nuevo centro que la Fundación La Caixa abrirá a principios de este año la capital, y después realizará itinerancia en otras ciudades españolas.