Tribuna
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La importancia de la ciencia de las pequeñas cosas

El investigador y divulgador José Manuel López Nicolás destaca la importancia de la transferencia del conocimiento y la divulgación en esta charla que pronunció en la entrega de los Premios Nacionales de Investigación 2020

Los Reyes, acompañados por el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, han entregado este lunes los Premios Nacionales de Investigación 2020, en una ceremonia celebrada en el Palacio de El Pardo.
Los Reyes, acompañados por el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, han entregado este lunes los Premios Nacionales de Investigación 2020, en una ceremonia celebrada en el Palacio de El Pardo.

El 17 de noviembre de 1944, Franklin D. Roosevelt, presidente de Estados Unidos, escribió una carta a Vannevar Bush, director de la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico estadounidense, pidiéndole ayuda para reconstruir una nación que, aunque victoriosa, había quedado arrasada tras la II Guerra Mundial. Roosevelt sabía que el progreso científico y tecnológico debía utilizarse tras la guerra para la mejora de la salud pública, la creación de nuevas empresas y la elevación del nivel de vida de los estadounidenses.

¿Por qué les cuento esto? Porque la situación por la que estaba pasando EE UU tras la II Guerra Mundial puede extrapolarse al momento que estamos viviendo debido a la covid-19. Nuestro planeta, arrasado sanitaria y económicamente, no está luchando contra un ejército armado, pero sí contra algo que puede llegar a ser mucho peor: un virus que está matando a mucha gente y arruinando a infinidad de familias.

¿Está ayudando la ciencia a salir de esta situación al igual que ocurrió en EE UU? Por supuesto. Lo sucedido en estos últimos meses ha demostrado, una vez más, que la ciencia es la obra de arte colectiva más importante de la humanidad. Es cierto que se han cometido fallos, pero como dijo Julio Verne: “La ciencia se compone de errores, que, a su vez, son los pasos hacia la verdad”.

En un solo año hemos sido testigos en tiempo real de un esfuerzo titánico, sin precedentes en la historia de la humanidad, para lograr en un tiempo récord un grupo de vacunas frente a la pandemia. Un hito de la ciencia basado en la cooperación internacional que se estudiará en los libros de texto.

En los últimos meses se está hablando mucho de la importancia de la investigación, pero poco de la otra gran protagonista de esta batalla: la Transferencia del Conocimiento generado gracias a la Investigación. De hecho, no conozco un caso más importante de Transferencia del Conocimiento en toda la historia de la ciencia que el que estamos viviendo.

Tradicionalmente, cuando en los centros de investigación nos referíamos a la Transferencia siempre nos venía a la cabeza el sector empresarial. Se asociaba al desarrollo de nuevos productos, de patentes, de spin-off, … pero desde hace pocos años la Transferencia del Conocimiento se dirige a otros dos sectores: los gobiernos y la sociedad.

No conozco un caso más importante de Transferencia del Conocimiento en toda la historia de la ciencia que el que estamos viviendo.

Respecto a la Transferencia al sector empresarial y su importancia en la pandemia, la colaboración público/privada está permitiendo a las empresas desarrollar en tiempo récord vacunas y fármacos. También está detrás de la fabricación de mascarillas efectivas, de productos higiénicos, de respiradores… Pero jamás olvidemos que la clave del éxito de esta transferencia al sector empresarial reside en la investigación básica realizada en cientos de laboratorios de todo el mundo durante muchos años. Ya lo dijo Santiago Ramón y Cajal: “Cultivemos la ciencia por sí misma, sin considerar por el momento las aplicaciones. Estas llegan siempre, a veces tardan años, a veces, siglos”.

Por otra parte, la Transferencia del Conocimiento a las diferentes administraciones y gobiernos ha permitido a nuestros mandatarios tomar decisiones basadas en el conocimiento científico. Nunca la ciencia había intervenido tanto en la toma de decisiones políticas como en esta crisis mundial, y esto debería ser, a partir de ahora, lo habitual. No volvamos atrás. En esta toma de decisiones políticas se ha visto la importancia de la interdisciplinariedad de la ciencia. Hace dos años, en un ejemplar que resultó ser premonitorio, la revista Nature proclamó en su portada que la interdisciplinariedad sería la herramienta que salvaría al mundo. No se equivocó. Gracias a la biología conocemos los posibles animales transmisores de la enfermedad, gracias a la medicina sabemos tratar patología asociadas a la infección por coronavirus, gracias a la química desarrollamos productos desinfectantes, gracias a la biotecnología fabricamos vacunas usando nuevas terapias, gracias a la ciencia de los materiales diseñamos filtros de protección… Pero no solo las ciencias experimentales o de la salud están ayudando. Todas las disciplinas científicas, clásicas y modernas, pertenecientes a diferentes áreas de conocimiento (donde también incluyo a las ciencias sociales, jurídicas o las humanidades entre otras) están poniendo su granito de arena.

Finalmente, la Transferencia del Conocimiento a la sociedad, a través de la comunicación científica, está siendo crucial en esta batalla. Investigadores, periodistas, divulgadores... cuentan diariamente a la ciudadanía los avances que se producen en la lucha contra el coronavirus y las medidas más apropiadas que hay que tomar para evitar el contagio. Pero la comunicación científica tiene otro objetivo importantísimo: la lucha contra las pseudociencias. Siempre hay personas que, incluso en las situaciones más dramáticas, intentan aprovecharse de los demás. Con la pandemia lo estamos viendo. No solo las “noticias falsas” nos inundan sino que hay gente que, aprovechándose del miedo de la sociedad, intenta vendernos productos o terapias que no solo no son efectivas sino que incluso pueden ser muy peligrosas... Pues bien, no conozco mejor herramienta que la divulgación científica para hacernos personas más libres, “entendiendo la libertad como la toma de decisiones basada en el conocimiento y en el espíritu crítico y no en mentiras, trampas o fraudes”.

Pero la Transferencia del Conocimiento, un motor de desarrollo social, sanitario y económico imprescindible en cualquier sociedad moderna, puede ayudarnos aún más. ¿Cómo?

Aunque les suene extraño la maldita COVID-19 nos ha brindado una oportunidad inesperada que puede servirnos para construir un mejor futuro. De la noche a la mañana los medios de comunicación colocaron la ciencia en portada, los políticos la incluyeron en sus discursos y la sociedad empezó a valorar como nunca la importancia del progreso científico/tecnológico.

Gracias a ello estamos ante una oportunidad histórica de hacer realidad algo que los científicos llevamos reclamando desde hace años y que nunca se ha logrado: la firma de un gran Pacto de Estado por la Ciencia que asegure que, gobierne quien gobierne, la inversión en ciencia esté siempre asegurada. Jamás ha existido un caldo de cultivo en la ciudadanía sobre la importancia de la ciencia como el que hay actualmente y no se entendería no aprovecharlo para firmar un Pacto que no sería el triunfo de una persona, tampoco de un ministerio ni siquiera de un gobierno…sería el Pacto de todos y así todos debemos verlo. Nos va el futuro en ello.

Recordemos la ciencia del pasado, fascinemos con la ciencia del futuro pero, sobre todo, hagamos ver la presencia de la ciencia detrás de las pequeñas cosas

¿Y qué tiene que ver la Transferencia del Conocimiento con el Pacto de Estado por la Ciencia? Muchísimo. Para alcanzar el Pacto es imprescindible la presión social… y para ello es necesario mantener viva en la sociedad la importancia de la ciencia, mucho más allá de su papel contra la pandemia. Hagámoslo utilizando como herramienta la comunicación social de la ciencia, el tercer pilar de la Transferencia del conocimiento, y mediante tres acciones clave.

En primer lugar recordemos a la sociedad continuamente que hemos llegado hasta aquí gracias a otros grandes descubrimientos científicos del pasado como la potabilización del agua, el descubrimiento de los antibióticos o los avances en las técnicas de diagnóstico médico.

Además, debemos mostrar a la sociedad los grandes avances actuales como la histórica llegada a Marte, las técnicas de edición genética, la primera fotografía de un agujero negro, la búsqueda de exoplanetas, la cada vez más efectiva lucha contra las enfermedades raras, los grandes avances logrados por las personas hoy premiadas …La ciencia está pasando por un momento maravilloso y en la mayoría de los grandes hitos nuestro país está muy presente.

Pero hay algo que a veces se nos olvida y que, tras muchos años dedicado a la docencia, a la investigación y a la Transferencia del Conocimiento, estoy convencido que es imprescindible para conseguir acercar definitivamente a la sociedad a la ciencia y, por tanto, que esta exija alcanzar el Pacto de Estado. Hay que hablar mucho más de la ciencia de las pequeñas cosas, de la ciencia de la vida cotidiana, de la ciencia del día a día, de la ciencia que nos permite tener la calidad de vida que tenemos.

¿Y dónde se encuentra la ciencia de las pequeñas cosas? En nuestras necesidades más básicas como son los alimentos, cosméticos o nuestra ropa. En nuestras aficiones como el deporte, el arte, la gastronomía o la música…incluso en los sitios donde menos se le espera, como en nuestras queridas tradiciones populares, se encuentra la ciencia y la tecnología: un simple castillo de fuegos artificiales no es otra cosa que una Tabla Periódica de elementos químicos en el cielo.

Un simple castillo de fuegos artificiales no es otra cosa que una tabla periódica de elementos químicos en el cielo

Recordemos la ciencia del pasado, fascinemos con la ciencia del futuro pero, sobre todo, hagamos ver la presencia de la ciencia detrás de las pequeñas cosas.

Acabo, pero no sin antes hacer una reflexión final. Hoy en el palacio de El Pardo estamos homenajeando a la multidisciplinariedad científica y premiando a sus máximos exponentes en nuestro país. A todos quiero darles la enhorabuena por sus Premios Nacionales de Investigación pero, sobre todo, deseo mostrarles mi más profundo agradecimiento por algo muy especial. Sus disciplinas representan las patas de una gran mesa llamada ciencia….y la ciencia, a su vez, es una de las patas de otra mesa aún más grande llamada cultura. Pues bien, jamás olvidemos que las personas cultas son personas difícilmente manipulables capaces de tomar decisiones justas que conducirán a la sociedad al lugar que merece. Así que muchas gracias de corazón por su trabajo y, sobre todo, por contribuir, desde la ciencia, a formar una sociedad más culta, más justa y, por tanto, más libre.

José Manuel López Nicolás es catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Murcia y Vicerrector de Transferencia y Divulgación Científica de dicha universidad. Este artículo es la charla que pronunció el 17 de mayo de 2021, en la entrega de los Premios Nacionales de Investigación 2020.

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