La crisis del coronavirus

¿Son las universidades focos de supercontagio?

Dos investigaciones señalan el potencial de las facultades para la expansión de las infecciones, pero también advierten que son espacios de fácil control y seguimiento

El rector de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Francisco Oliva, y el vicerrector de Estrategia y Planificación Docente, José Antonio Sánchez Medina, durante un examen celebrado en el campus.
El rector de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Francisco Oliva, y el vicerrector de Estrategia y Planificación Docente, José Antonio Sánchez Medina, durante un examen celebrado en el campus.UPO

La mala evolución de la pandemia ha malogrado la vuelta a las aulas de la comunidad universitaria para exámenes y docencia. Los responsables de las instituciones académicas defienden que “son espacios seguros”, aunque las últimas restricciones impuestas en la mayoría de comunidades les han llevado a replantear la intención de abrir las clases y primar la educación a distancia. Es lo que reclaman los representantes de los estudiantes, que abogan por mantener de forma telemática la actividad ante el aumento de contagios y la falta de “adaptación”, en su opinión, de las instalaciones. Dos estudios han abordado la situación: en uno, investigadores de Stanford admiten el riesgo de que las facultades sean focos de supercontagio; pero estos científicos y otros de la Universidad de Harvard concluyen que se puede y se consigue conjurar esta amenaza.

El recelo ante la concentración de jóvenes en las aulas, muchos de ellos de otras comunidades y con gran movilidad, se debe a sus peculiaridades epidemiológicas. Solo el 9,6% de los casos diagnosticados se corresponde con jóvenes de entre 15 y 24 años, según los datos de la Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, se han detectado picos de entre un 15% y un 20% en la franja comprendida entre los 20 y los 29 años tanto en Europa como en América. “Si bien muchos jóvenes no enfermarán ni necesitarán una cama en la UCI, no son inmunes a desarrollar los efectos graves del COVID-19”, ha afirmado Carissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud. Pero el riesgo no solo es por la incidencia entre los estudiantes. Un mayor contacto social y el hecho de que muchos de ellos no desarrollan síntomas puede facilitar el contagio a los docentes, el personal universitario y a las comunidades en las que viven.

Un estudio liderado por Hannah Lu, profesora del departamento de Ingeniería de Stanford y publicado en Computer Methods in Biomechanics and Biomedical Engineering, afirma que “las universidades suponen un riesgo real de desarrollar una incidencia extrema de la covid”.

Un total de 14 de las 30 universidades estudiadas mostraron “un pico de casos en de las dos primeras semanas de clase”. En ellas, siempre según la investigación, seis mantenían docencia principalmente en línea, seis con modelos mixtos (presenciales y a distancia) y dos con clases presenciales. La incidencia máxima (el doble que la media nacional) se registró en las universidades estudiadas en el primer trimestre, cuando, por el contrario, en el mismo periodo se había registrado una menor tasa media de contagios en el país. “Esto sugiere que estos brotes universitarios iniciales no están relacionados con la dinámica nacional de los brotes. En su lugar, son eventos locales independientes impulsados por la reapertura del campus”, afirma Hannah Lu.

“Nuestros resultados confirman el temor de que las universidades podrían convertirse en los nuevos puntos calientes de la transmisión de la covid”, asegura una investigadora

“Cada vez está más claro. Estos brotes son eventos locales independientes impulsados por la reapertura del campus y la vuelta de los estudiantes. Nuestros resultados confirman el temor de que las universidades podrían convertirse en los nuevos puntos calientes de la transmisión de la covid. Pero, al mismo tiempo, los administradores universitarios deben ser alabados por sus respuestas rápidas para manejar con éxito los brotes locales”, añade Ellen Kuhl, coautora del informe.

En este sentido, la mayoría de los campus universitarios, según el mismo informe, “responde con éxito a los brotes y reducen sus números de reproducción rápidamente, muy por debajo de uno, en dos o tres semanas, por ejemplo, al pasar temporalmente a la formación en línea”. “La mayoría de las universidades son capaces de gestionar rápidamente sus brotes y suprimir las infecciones en todo el campus, mientras que las comunidades vecinas tienen menos éxito en el control de la propagación del virus”, destaca Hannah Lu.

Control de los contagios

Elena Losina, investigadora de la Universidad de Harvard, defiende en otro estudio, publicado en Annals of Internal Medicine, que “el distanciamiento social y la obligatoriedad de llevar mascarillas puede prevenir la mayoría de los casos de covid en los campus universitarios y es muy rentable”. “Si a estas medidas se le añaden pruebas rutinarias, se evitarían el 96% de las infecciones”, asegura.

Este estudio tampoco descarta que las facultades puedan convertirse en focos de contagio. “Debido a que los estudiantes viven en estrecho contacto, aumenta la probabilidad de transmisión”, advierte Losina, quien añade que la presencia de personal docente o laboral de más de 55 años en las facultades “aumenta el riesgo de mortalidad por covid”. Sin embargo, al igual que el estudio de Standford, mantiene que el control de la pandemia en las universidades es eficaz, fácil y con un coste asumible.

Incluso si los campus permanecen cerrados, es probable que haya muchas infecciones entre los profesores y entre los estudiantes que regresan a sus casas o a sus viviendas alrededor de la ciudad universitaria, advierte una investigación

La investigación concluye que, “incluso si los campus permanecen cerrados, es probable que haya muchas infecciones entre los profesores y entre los estudiantes que regresan a sus casas o a sus viviendas alrededor de la ciudad universitaria”. Sin embargo, advierte que la cancelación de eventos universitarios unida a mantener el más amplio distanciamiento social, un modelo de educación a distancia y presencial así como el uso de mascarillas “evitaría el 87% de las infecciones entre los estudiantes y profesores”. Según este estudio, centrado en instalaciones de Estados Unidos, el coste sería de 170 dólares por infección prevenida.

La máxima eficacia de las medidas de prevención, según este estudio, se alcanzaría si a las estrategias mencionadas se sumara la realización de test cada dos semanas entre los estudiantes, aunque no presenten síntomas. El porcentaje de infecciones evitadas se elevaría al 96%. Salamanca ya ha comenzado y la Universidad de Valladolid ha anunciado para este miércoles los cribados dirigidos al conjunto de la comunidad universitaria en sus cuatro campus: Valladolid, Palencia, Segovia y Soria. En Madrid han arrancado los test de antígenos en siete universidades.

Situación en España

En España, el presidente de los máximos responsables de las universidades (CRUE) y rector de Córdoba, José Carlos Gómez Villamandos, y el ministro de Universidades, Manuel Castells, habían abogado por la realización de exámenes de forma presencial si esta actuación no contravenía el cumplimiento “escrupuloso” de las medidas sanitarias acordadas para evitar contagios. Con este criterio, las Universidades Públicas Andaluzas (UPA), acordaron el pasado 9 de enero apostar por la máxima presencialidad compatible con el cumplimiento de las normas sanitarias. Este mismo fin de semana han dado marcha atrás. En un último acuerdo, firmado el pasado sábado, los rectores defienden que se han adoptado “cuantas medidas han sido necesarias para garantizar la seguridad sanitaria de las actividades e instalaciones”. Sin embargo, las nuevas restricciones les han obligado a modificar la decisión y han acordado “valorar la adopción de posibles medidas que permitan reducir la movilidad, incluyendo, entre ellas, la adaptación de los calendarios académicos y el aumento de las actividades online, sean las docentes o las de evaluación”. Vuelta a la universidad telemática.

Los rectores afirman que las universidades son espacios seguros

Los datos avalan hasta ahora la baja incidencia del coronavirus en las aulas españolas. Desde el pasado 1 de octubre, según la información disponible por la Crue con datos de 46 centros académicos superiores, los casos detectados en la comunidad universitaria suponen un 0,2% respecto a la población total de los centros analizados. Son 239 casos por cada 100.000, una cifra muy inferior a la media del país.

La Universidad de Sevilla, con un campus disperso por la ciudad, ha registrado 108 casos positivos en la semana del 11 al 17 de enero, lo que supone un 1,39 por mil del total de la comunidad universitaria de la Hispalense y 81 casos más que los 27 registrados la semana anterior. Ana María López Jiménez, vicerrectora de Servicios Sociales de la institución, atribuye este incremento al que se ha registrado en la ciudad y destaca que no se ha detectado ningún caso originado en el ámbito académico.

En este sentido, López Jiménez resalta la coincidencia de los estudios sobre universidad y covid en que en este ámbito es fácil de controlar. “Las medidas combinadas que estamos tomando son eficaces y lo demuestra nuestra experiencia”, destaca. La vicerrectora señala que la Universidad de Sevilla, al contrario que los campus estadounidenses investigados, “es parte de la ciudad, por lo que la incidencia de la pandemia en el entorno tiene reflejo también en la comunidad universitaria, pero no por las aulas”. La institución ha restringido la actividad presencial al mínimo en consonancia con el aumento de la alerta en la capital andaluza, que se encuentra en nivel cuatro.

José Antonio Sánchez Medina, vicerrector de Estrategia y Planificación Docente de la Universidad Pablo de Olavide, con un campus concentrado, aunque sin residencias dentro del mismo, cuestiona que las aulas sean focos de contagio, como sostiene el trabajo de Standford, y también coincide con la investigación de Harvard en que los casos que se dan se controlan muy fácilmente. Sin embargo, su equipo de seguimiento, que incluye expertos en coronavirus y epidemiología, ha decidido mantener la mayor parte de actividades sin la presencia de alumnos hasta abril. “Los dos vectores principales son los contactos y la movilidad. No podemos controlar qué sucede cuando el estudiante no está en el aula o el campus y, a diferencia de colegios e institutos, nuestro alumnado tiene una gran movilidad. Los contagios no se producen porque el campus sea inseguro, sino por esta movilidad. Así que hemos tomado la decisión de mantener la mayoría de las actividades en línea por responsabilidad social. Sería una temeridad no hacerlo así, no por la universidad, sino por el entorno”, explica.

El vicerrector de la UPO avala su afirmación con la “experiencia”. Desde el comienzo de las clases, según relata, se han dado en esta universidad solo 13 casos positivos y, de ellos, 11 se generaron fuera del campus. “Tenemos protocolos muy estrictos. La Universidad no es fuente de contagios”, asegura tajante.

Los alumnos, a favor de la enseñanza telemática

La decisión de limitar la presencialidad coincide con la demanda de la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (CREUP), que ha reclamado que el máximo de la actividad académica posible sea en línea para evitar “aglomeraciones en pasillos y aulas”. El Sindicato de Estudiantes ha exigido directamente la cancelación de pruebas presenciales al igual que la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF).

El Ministerio de Universidades recuerda que, según los planes elaborados para el presente curso, “en caso de imposibilidad de cumplimiento de las medidas sanitarias, ha de implementarse un modelo de docencia híbrida o, en caso necesario, totalmente virtual que respete los derechos de estudiantes, profesores y personal de administración y servicios, y que asegure la calidad tanto de las enseñanzas impartidas como de la evaluación de las mismas”.

Los estudiantes denuncian “falta de información y preparación de las universidades”

Tanto el ministro como el presidente de Crue afirman que las universidades españolas son espacios seguros y que la docencia, bimodal, en la mayoría de los casos, se está desarrollando con la normalidad que permiten las actuales circunstancias. «La disminución de la presencialidad en las clases cuando se detectan casos en las universidades está frenando la propagación de la enfermedad», ha asegurado el presidente de la Crue, que ha insistido en la importancia de utilizar todos los sistemas de detección para conseguir que la tendencia mejore aún más.

El Consejo de Estudiantes Universitario del Estado (CEUNE) y la Coordinadora de Representantes de Estudiantes de Universidades Públicas (CREUP) opinan lo contrario y defienden que “falta información y preparación de las universidades”. “Los posibles rebrotes y las condiciones extremas durante los exámenes de enero son temas recurrentes sobre los que se ha estado debatiendo desde el principio del curso académico. No obstante, ni las universidades ni las instituciones se han adaptado en tiempo y forma a las repercusiones de estas, incumpliendo las medidas sanitarias en las universidades durante la convocatoria ordinaria, desechando la posibilidad de la evaluación telemática y poniendo en riesgo la seguridad del estudiantado”, afirman en un comunicado.

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