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Los refugios que Franco construyó en Barcelona

El dictador prosiguió con la excavación de túneles por miedo a un ataque de las potencias aliadas durante y después de la Segunda Guerra Mundial

Un plano de Barcelona en 1962, con 153 refugios indicados. Ampliar foto
Un plano de Barcelona en 1962, con 153 refugios indicados.

No todos los 1.400 refugios antiaéreos que hubo en Barcelona fueron para defender a la población de los bombardeos, sobre todo, de la aviación fascista durante la Guerra Civil. Por supuesto, la inmensa mayoría se excavaron durante el conflicto, pero Franco también hizo refugios antiaéreos. La ingente obra de construcción llevada a cabo en la capital catalana desde finales de 1936, bajo el gobierno republicano, tuvo continuidad cuando las tropas franquistas entraron victoriosas en la ciudad, en enero de 1939 y una vez acabado el conflicto. El Servei d'Arquelogia de Barcelona ha presentado un meticuloso informe firmado por los arqueólogos Jordi Ramos y Carme Miró, que documenta el aprovechamiento de muchos túneles y la construcción de nuevos conductos subterráneos de protección. “Franco tenía miedo de una intervención militar aérea durante la Segunda Guerra Mundial”, apunta Jordi Ramos.

De hecho, ya en enero de 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, un decreto del Ministerio del Ejército citado en el estudio creó la Jefatura Nacional de Defensa Pasiva y del Territorio, “para dirigir y reglamentar la protección de la población y de los recursos y riquezas de todo orden contra las posibles agresiones aéreas", se lee en el decreto. “Seguían pensando en la guerra”, argumenta Jordi Ramos. “Además del miedo a un ataque aliado durante el conflicto en Europa, Franco no las tuvo todas consigo hasta que España entró en las Naciones Unidas e incluso hasta más tarde”. El informe muestra una carta arqueológica de Barcelona en 1962 con la ubicación de 153 refugios e, incluso, 16 refugios topografiados entre 1969 y 1973 por Clabsa, empresa del alcantarillado público.

Desde el punto de vista documental, es difícil dar una cifra concreta de todos los refugios, porque muchos aparecen en listados de diversos archivos pero no queda restro de ellos; otros aparecen duplicados; algunos se sabe que existieron pero no hay prueba documental que lo testifique...

La jefatura creada en 1941 heredó buena parte el trabajo de las Juntas de Defensa Pasiva de la República, responsables de la construcción de los refugios entre 1936 y 1939. Allí continuaron trabajando muchos de los arquitectos que habían proyectado túneles hasta entonces (y que no habían sido “depurados”) que, por ejemplo, descartaron la construcción de refugios en minas por su peligrosidad, finalizaron 111 refugios y comenzaron la construcción de 155 más.

Dos años más tarde, en 1943, otro decreto del régimen insistía en la protección civil: “En todas las poblaciones del territorio nacional de más de 20.000 almas y en todas aquellas otras de menor población en que por su importancia estratégica se presuma puedan ser objeto preferente de agresiones aéreas, será de obligación inexcusable ejecutar las obras necesarias para proteger a los habitantes de los inmuebles disponiendo de los ‘locales refugio’ necesarios”. En Cataluña, además de Barcelona, que contaba entonces con 1.081.000 habitantes, poblaciones con más de “20.000 almas” eran Badalona, L’Hospitalet, Manresa, Mataró, Sabadell, Terrassa, Igualada, Vilanova i la Geltrú, Lleida, Girona, Figueres, Tarragona, Reus y Tortosa.

El Refugio 307, contruido durante la guerra, a la falda de Montjuïc. ampliar foto
El Refugio 307, contruido durante la guerra, a la falda de Montjuïc.

El estudio del Servei d'Arquitectura, que ha desgranado registros militares de Ávila, Salamanca o Madrid, documentos arquitectónicos y archivos de particulares, aporta un plano con la ubicación de 22 refugios finalizados entre 1943 y 1945. Se aprecia que la mayoría pertenecen a edificios de la zona noble de la ciudad (Eixample y Gràcia) como el actual edificio Windsor, en la Diagonal; la sede que tiene hoy en día Apple en el principio del Paseo de Gràcia y que hace esquina con la plaza de Catalunya; el desaparecido teatro Calderón, en Rambla de Catalunya; el actual hotel Montblanc, en la Via Laietana… La amenaza sobrepasaba la del armamento convencional hasta entonces conocido: los refugios debían ser de hormigón armado y, además, había de “construirse o preverse al menos una antecámara o exclusa para protección contra agresiones químicas en el exterior”, se lee en el decreto firmado por Franco. El Ministerio, de hecho, elaboró unas “Instrucciones especiales para la defensa contra los efectos de la Bomba Atómica”.

Los refugios recuperados y de nueva construcción podían proteger a 600.000 habitantes, cerca de un 60% de la población. Para el resto, se realizaron pormenorizados estudios de evacuación en caso de agresión, i gual que se proyectaron actuaciones concretas sobre los principales generadores de energía de la ciudad, básicamente en las cuencas del Llobregat y del Besòs, para dejarla a oscuras en caso de ataque.

Un cambio de paradigma

“Los planos en plena guerra demuestran tanto el miedo como la gran organización de la sociedad”, explica Carme Miró, que subraya que la construcción de refugios fue una autenticidad del pueblo de Barcelona. La Guerra Civil supuso un cambio de paradigma crucial: la ciudad dejó de ser retaguardia para convertirse en campo de batalla. A partir de entonces, los frentes de guerra iban a llegar a las poblaciones urbanas: “Confío en que nuestros conciudadanos demostrarán ser capaces de resistir como lo hizo el valiente pueblo de Barcelona”, dijo Winston Churchill, primer ministro británico, cuando tuvo claro que la Segunda Guerra Mundial iba a castigar las ciudades inglesas igual que la Guerra Civil española había castigado Barcelona (y tantas otras poblaciones españolas).

Sin embargo, la imagen de los vecinos agarrando pico y pala y poniéndose a excavar pasadizos subterráneos por su cuenta queda un tanto idealizada. “Los refugios se hicieron bajo la supervisión de los sindicatos de arquitectos y, ya en época franquista, bajo la del Colegio de Arquitectos”, remarca Miró. La mano de obra vecinal, efectivamente, fue importantísima. La ciudad “amaneció” tras la guerra llena de escombros, piedras desprendidas, tierra… material que sirvió para tapar muchos refugios con el cuidado de poder volver a abrirlos en caso de necesidad.

“Es muy difícil que se puedan visitar”

Documentar los más de 1.400 refugios que hubo en Barcelona es complicado desde el punto de vista de la seguridad porque a la mayoría no se puede entrar: “La unidad del subsuelo de los Mossos d'Esquadra y los bomberos no permiten acceder a muchos de los refugios, básicamente porque la mayoría fueron tapados, rellenados con tierra y ruinas de la ciudad", cuenta Carme Miró. De hecho, la mayoría de estos refugios muy difícilmente se podrán visitar, como sí es el caso del Refugi 307, en Nou de la Rambla, a las faldas de Montjuïc, o el de la Plaça del Diamant, en Gràcia. Tal vez el refugios de la Torre de la Sagrera, muy cerca de donde se construye la estación del AVE, podría abrir sus puertas en un futuro porque su estado de conservación y adecuación es bastante bueno y, además, está dentro de un equipamiento municipal, pero Miró y Ramos no desvelan si será así. Muchos “desaparecieron” porque fueron aprovechados posteriormete para la red de alcantarillado, para la construcción de aparcamientos subterráneos o, incluso, para estaciones de metro.

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