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Trabajar siete días a la semana por 600 euros

El Ayuntamiento de Barcelona denuncia las condiciones laborales y salariales de las empleadas del hogar

Una empleada del hogar limpia la ventana de un piso.
Una empleada del hogar limpia la ventana de un piso.

La inmensísima mayoría son mujeres e inmigrantes. Y llegan a trabajar internas para una familia por 600 euros siete días a la semana. Sin pausa. “Sabemos un caso de una mujer que cobraba 400”, denunció ayer la portavoz de Mujeres Palante, Norma Veliz. La entidad participó en el Ayuntamiento de Barcelona en la presentación de una batería de propuestas para dignificar la precaria situación de las trabajadoras del hogar. El consistorio reclamó al gobierno español que ratifique el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo para equiparar los derechos de estas trabajadoras al del resto de sectores.

La Comisionada de Inmigración, Lola López, admitió que no hay datos sobre el sector, por lo que una de las primeras cuestiones que quiere hacer el consistorio es un diagnóstico: “Pero no hace falta tender datos para saber que muchas de estas trabajadoras están en situación de precariedad, de no respeto a los riesgos laborales, de discriminación y hasta de violencia”, dijo.

Porque el empleo del hogar se realiza de puertas adentro de las casas —sin que tenga acceso la inspección, como en las empresas— y, porque como dijo Carles Bertran, del sindicato CC OO, el sector es “un triángulo con tres vértices” que sumados muestran su precariedad: la normativa laboral (que ahora reconoce el empleo del hogar pero está fuera del régimen general y no contempla cuestiones como la prestación por desempleo o indemnizaciones); la ley de extranjería (que pone muy difícil trabajar a los inmigrantes en situación irregular); y la valoración social de este empleo, que no está considerado de acuerdo con la importancia que tiene para la sociedad.

Bertran defendió la necesidad de “poner en la agenda política el trabajo de un sector muy invisibilizado” en el que las mujeres “trabajan solas en los municipios” y en el que en el caso de los cuidados a menudo se suman dos precariedades: “la de la cuidadora y la familia del enfermo”. En parecidos términos se expresó Veliz, de Mujeres Palante, al pedir “que no se cargue sobre las espaldas de la gente más pobre, y de las trabajadoras del hogar y las internas que están en situación irregular, la incompetencia del sistema”. La portavoz de Mujeres Palante, a la que este año se han acercado 600 mujeres explicó que solo un 1% son españolas, que el 90% están en situación irregular y que muchas veces no tienen ni contrato. Aseguró que estas empleadas “viven un doble duelo, al migrar y al estar en situación de internas, en algunos casos de esclavismo”.

Bessy Ponce, de la asociación Mujeres Migrantes y Diversas, habló también de la gravedad de “internas que trabajan de domingo a domingo rozando la esclavitud por 500 o 600 euros”, sin ni siquiera unas horas libres a la semana y que “saben que si no aceptan ellas lo hará otra".

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