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Muere Juan Lladró, uno de los fundadores de la famosa casa de porcelanas

El responsable de la internacionalición de la compañía tenía 91 años

Juan Lladró, ante la figura más valiosa de la colección, en la Ciudad de la Porcelana de Tavernes Blanques, en 2012.
Juan Lladró, ante la figura más valiosa de la colección, en la Ciudad de la Porcelana de Tavernes Blanques, en 2012.

Juan Lladró, uno de los fundadores de la compañía valenciana de porcelanas, ha fallecido este sábado a los 91 años, según han confirmado fuentes de la familia. Juan era el mayor de los tres hermanos que en la década de los 50 crearon la empresa. Partiendo de un horno moruno en el jardín de la casa de sus padres, en Almàssera (Valencia), convirtieron la firma en un símbolo planetario del lujo.

El fallecido fue el principal responsable de la formidable expansión internacional que llevó a Lladró a abrir tiendas en las calles más exclusivas del mundo, de Nueva York a Tokio. La lista de celebridades admiradoras de la marca a lo largo de las últimas seis décadas incluye a la actriz Lauren Bacall, el cantante Michael Jackson o la reina Isabel II de Inglaterra.

Retirado teóricamente en 2003, Juan no dejó de acudir a su despacho de la Ciudad de la Porcelana —un complejo de 100.000 metros cuadrados situado en Tavernes Blanques, a cinco minutos de Valencia— y de mandar. Daba órdenes a los directivos, supervisaba los acabados y conversaba con los trabajadores, con quienes mantenía una relación paternalista. Lo hizo hasta diciembre de 2016, cuando decidió vender Lladró al fondo español PHI.

Las legendarias desavenencias entre los hermanos fundadores, aireadas en libros y medios de comunicación, habían provocado la división del imperio empresarial una década antes. Juan se había quedado con el 70% de la división de porcelanas, mientras que José y Vicente pasaban a controlar las vertientes agrícola e inmobiliaria del grupo.

Para entonces, la crisis de la compañía de porcelanas era notoria. En algún momento entre finales de la década de los noventa y principios del siglo XXI, las delicadas figuras de Lladró pasaron de moda, sobre todo en el mercado anglosajón, que era el que había impulsado la marca, a pesar de los intentos de la compañía por diversificar el diseño.

El crecimiento de las ventas en mercados como China, India y Rusia, donde el número de ricos, su clientela natural, aumentaba, no compensó el declive en Occidente. En 2015, la empresa declaró pérdidas por 38 millones de euros y un inmenso stock de figuras sin vender, valorado en 30 millones más. 

Familia de agricultores

La evolución del negoció obligó a Lladró a encadenar expedientes de regulación de empleo. Algo especialmente doloroso para Juan, según fuentes de su entorno, debido a la relación personal que mantenía con sus trabajadores, procedentes en su mayoría de los pueblos de la huerta del norte de la ciudad de Valencia donde había nacido él mismo en 1926, en el seno de una familia de agricultores.

Las rencillas internas, trasladadas a la segunda generación de la empresa familiar, y las discrepancias sobre el rumbo a tomar desencadenaron una sucesión de cambios en la dirección de la compañía, zanjadas por el patriarca con la venta de la empresa.

Además de su visionaria trayectoria empresarial —Lladró fue una de las primeras compañías españolas en desembarcar con éxito en Estados Unidos y llegó a tener un museo de ocho plantas en el corazón de Manhattan—, Juan fue uno de los impulsores del movimiento político y cultural de corte regionalista y conservador que floreció en Valencia después de la transición. En 2001 sucedió al poeta Xavier Casp como decano de la Real Academia de Cultura Valenciana, una institución enfrentada al consenso científico por su oposición a la unidad lingüística del catalán.

Su funeral tendrá lugar este domingo en el Tanatorio Municipal de Valencia.

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