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El Estado toma competencias de la Generalitat para luchar contra el caracol manzana

La Confederación Hidrográfica pide ayuda a la Guardia Civil para frenar su expansión

Varios piragüistas pasan por la zona donde está el filtro contra el caracol manzana, a la altura de Miravet en el río Ebro.
Varios piragüistas pasan por la zona donde está el filtro contra el caracol manzana, a la altura de Miravet en el río Ebro.

El caracol manzana ya es una amenaza aguas arriba del río Ebro. La localización de más de 30 ejemplares adultos, decenas de juveniles y dos centenares de huevas de esta especie invasora a 40 kilómetros de distancia del último punto infectado que se conocía, y a más de 60 kilómetros de la desembocadura del río, confirma que, lejos de echarle freno, la plaga se expande. La Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) ha arrebatado a la Generalitat la exclusividad de las competencias de control y ha pedido ayuda a la Guardia Civil para gestionar la infección.

El hallazgo en Miravet, a primeros de julio, de un nuevo foco infeccioso de caracol manzana activó las alarmas atendiendo a la rápida capacidad de propagación de que ha dado prueba esta especie invasora. Por primera vez el caracol se dejaba ver aguas arriba del azud de Xerta, la bifurcación que divide el agua para el canal de la izquierda, infectado de manera imparable desde hace ocho años, y que nutre a los regantes de la derecha, a priori, limpio de plaga. La CHE reaccionó alertando que se convertía en una necesidad “la erradicación total del foco” ante la posibilidad que el caracol fluyera por toda la red de riego de los arrozales del Delta. Había sido la Agencia Catalana del Agua la que avisó del hallazgo, pero la CHE no dudó en mandar al lugar a un equipo propio de técnicos para evaluar la situación.

La CHE entiende que el tramo afectado corresponde a “dominio público hidráulico” y se puso al frente de la gestión de la crisis. Pidió ayuda a la unidad subacuática de la Guardia Civil de Huesca para que retirara los ejemplares que había en el agua y reclamó más vigilancia en el río. El organismo, que tiene sede en Zaragoza, admite estar realizando campañas de control “fuera del ámbito de gestión” que le es propio pero alega que es una medida “preventiva” para reducir riesgos. Hasta septiembre los técnicos de la CHE harán seguimiento, dos veces por semana y en turno diurno y nocturno, de la evolución del foco infeccioso.

Durante el día detectan las llamativas postas rosadas, marcan el lugar y por la noche, cuando el caracol adulto sale a la superficie, tratan de capturarlo. Mientras, la Generalitat, a través del Departamento de Agricultura, reclama que se fije quien tiene competencias para poder actuar en cada tramo de río. “Hace más de un año que la Generalitat reclamó al ministerio una aclaración sobre las competencias para poder ser más eficientes en la lucha contra el caracol manzana, y aun no hemos obtenido respuesta”, defiende la consejería.

Agricultura señala que, desde que en 2009 se tuvo constancia de la presencia del caracol manzana en el delta del Ebro, se ha trabajado conjuntamente con las comunidades de regantes, con entidades ecologistas, con el Parque Natural y con el IRTA para trazar diferentes estrategias de lucha contra la plaga. La Generalitat mantiene que el papel de la CHE ha sido de “colaboración”, pero le niega cualquier función de dirección de los trabajos y se apunta que los controles corren a cargo de los Agentes Rurales, Mossos d’Esquadra y policías locales.

Una mano negra

La Confederación Hidrográfica del Ebro, a través de Elena Pérez, técnica en calidad de aguas, ha concluido que solo la acción del hombre puede estar detrás de la propagación de la plaga en un tramo tan superior del río. Tras conocerse la presencia de caracoles en Miravet, Pérez habló de vandalismo y de posible negligencia de los pescadores. La Generalitat reaccionó prohibiendo pescar en todo el tramo cercano a Miravet. No es nueva la sospecha de que algunos pescadores usan caracol manzana como cebo vivo para atraer a los peces. A Josep Planell, vicepresidente de la Sociedad de pesca deportiva de Tortosa, una entidad que cuenta con casi 200 socios, tampoco le sorprende: “En el mundo de la pesca hay gente para todo”, y señala que, a pesar de que está prohibido y castigado, hay quien sigue usando “cebo vivo o cangrejos” para atraer a los peces.