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Luz de gas a Muñoz Ramonet

Las autoridades hicieron creer que parte de la colección que el industrial compró el 1950 se había perdido

Julio Muñoz Ramonet se dispone a firmar un documento, bajo la atenta mirada de su hermano Álvaro, en cincuenta.
Julio Muñoz Ramonet se dispone a firmar un documento, bajo la atenta mirada de su hermano Álvaro, en cincuenta.

Julio Muñoz Ramonet falleció el 9 de mayo de 1991 en la cuidad Suiza de Chur. Este lunes se cumplen 25 años en los que Barcelona no ha tomado posesión de la herencia que el industrial algodonero le dejó al fallecer, por la férrea oposición de sus cuatro hijas, que llevaron la última voluntad de su padre a los juzgados desde el primer momento. Y pese a que todas las sentencias han dado la razón a Barcelona, cerca de un millar de obras de arte continúan en paradero desconocido. En 2013 el Ayuntamiento de Barcelona obtuvo las llaves para acceder al palacete de la calle Muntaner donde vivió el empresario textil e inmobiliario y banquero que amasó una gran fortuna en la Barcelona franquista. Cuando entró, las mejores obras habían desaparecido.

Y es que la colección de Muñoz Ramonet parece condenada a no permanecer mucho tiempo en el mismo lugar. Reunida por otro industrial textil, Rómul Bosch i Catarineu tuvo que desprenderse de 2.627 obras en 1934 para hacer frente a la amenaza de cierre de su empresa, la Unión Industrial Algodonera, tras entregarlas como aval. La guerra y el fallecimiento de Bosch i Catarineu hicieron que las piezas de arte permanecieran en los museos de Barcelona hasta que en 1944 Muñoz Ramonet compró la empresa y con ella la impresionante colección, que comenzó a reclamar al año siguiente y que recibió en 1950, pero solo en parte: Las autoridades franquistas adujeron que muchas de las obras se habían perdido o destruido durante la guerra civil, pese a que tras el conflicto habían dicho lo contrario.

Cuando en 1944 Julio y Álvaro Muñoz Ramonet compraron Unión Industrial Algodonera SA (UIASA), para su holding textil formado por más de 30 empresas creado gracias a los favores del régimen y el control del estraperlo, los hermanos no sabían que tenía asociada una importante colección de arte cedida en 1934, como aval a un crédito pedido por uno de sus accionistas Ròmul Bosch i Catarineu (1894-1936), con el fin de sacar adelante su industria. El Institut Contra l’Atur Forçós (ICAF) de la Generalitat le concedió un crédito de cuatro millones de pesetas a devolver en diez años con un interés del 6%. A cambio, Bosch i Catarineu entregó su preciada colección creada desde 1923, que por entonces estaba formada por 2.627 piezas, entre pinturas, esculturas, objetos arqueológicos, tejidos y miniaturas, según puede comprobarse en el exhaustivo inventario que se hizo entonces y que conserva el Arxiu Nacional de Catalunya. La colección se entregó a Joaquim Folch i Torres, jefe de los museos de Barcelona y secretario de la Junta de Museos que dirigió los trabajos de catalogación y encargó la valoración a Alexandre Soler y Josep Bardolet, gran conocedor de las obras porque había vendido un buen número de piezas (sobre todo las medievales) al coleccionista. Para ellos el conjunto tenía un precio de 4.145.770 pesetas, cantidad que cubría los préstamos. En noviembre de 1934 las obras ya estaban depositadas en el Museo de Arte de Cataluña. En 1935, el ICAF encargó a la Junta de Museos una nueva valoración a los directores del Museo de Arte de Cataluña y el Museo Arqueológico, donde se habían trasladado en julio de ese año de las 1.017 piezas arqueológicas tal y como recoge otro inventario conservado en el Arxiu Nacional.

Ficha de 'L' Anunciación' del Greco, que se conserva al MNAC. ampliar foto
Ficha de 'L' Anunciación' del Greco, que se conserva al MNAC.

En septiembre de 1945 Julio Muñoz pide saber a cuánto ascienden los descubiertos y se dirige a la Comisión Mixta Liquidadora de la Generalitat, creada en 1943 por los Ministerios de Hacienda y Gobernación y las diputaciones catalanas para liquidar los asuntos pendientes. En el Arxiu Històric de la Diputació de Barcelona se conservan las actas de esta comisión que operó hasta 1965. En noviembre de 1945 le responden que la deuda de UIASA asciende 6.370.041 pesetas, sumando préstamo e intereses. A comienzos del año siguiente el empresario responde que el dinero no se había podido devolver por “falta de personalidad legal del acreedor”, al no existir la Generalitat y por eso se ha había generado “la gran cantidad de intereses, de exigibilidad harto discutida”. En ese documento, inédito, como las actas de la Comisión sobre este asunto, el empresario asegura que su empresa “acaba de tener conocimiento de que durante la época roja desaparecieron diversos objetos que integraban la colección”. Por eso; por haber “desarticulado la su unidad tras haber trasladado cerca de un millar de objetos al Museo Arqueológico”, y por haber “expuesto durante años las obras”, pedía una indemnización. Ante la situación, aseguraba que la “clave de esta compleja serie de cuestiones pasaba por la subrogación del Ayuntamiento en el lugar y derecho de UIASA”. Estaba claro que a Muñoz le interesaba más saldar la deuda que la colección. “Mediante un módico sacrificio, podrían pasar definitivamente a los museos de Barcelona, los ricos elementos que integran la colección de Arte Bosch”, acababa, por lo que la ciudad pudo haber tenido la colección en 1946.

Pero el Ayuntamiento no consintió, poniendo Muñoz en marcha una operación de ingeniería financiera que le salió bien, a medias, ya que al empresario se le hizo luz de gas haciéndole ver algo que se ha demostrado que no era cierto. Lo primero que pidió Muñoz a la Comisión fue que designara un perito que en unión del suyo hicieran un inventario de los objetos, actualizar el valor, establecer el valor de las perdidas y el importe de las expuestas. Muñoz nombró Folch i Torres, ya jubilado de su puesto de director de los museos y la Comisión a José Bardolet, dos viejos conocidos vinculados con las obras desde 1934, que volvían a tasarla 12 años después.

'Retrato de Felipe V' de Jacint Rigaud, una de las obras que el ayuntamiento reclama a las hijas de Muñoz Ramonet como parte del legado.
'Retrato de Felipe V' de Jacint Rigaud, una de las obras que el ayuntamiento reclama a las hijas de Muñoz Ramonet como parte del legado.

Pero no iba a ser tan fácil. La colección se había dispersado, tal y como se quejaba Muñoz, poco después de hacerse cargo la Junta de Museos: De las 2.627 obras que recoge el inventario de 1934; casi la mitad quedaron en el Museo de Arte de Cataluña: las 1.199 miniaturas; 323 pinturas (150 óleos, 49 tablas, 46 dibujos a pluma, 34 a lápiz, 24 aguafuertes, 6 acuarelas y 6 pinturas murales, más una obra de la que no se especifica técnica); 46 esculturas (25 tallas de madera, 18 de marfil y 2 de hueso) y 2 fotografías. En julio de 1935, según otro documento localizado en el ANC, se trasladaron al Museo Arqueológico 975 piezas de tipología bien diversa: cráteras griegas de figuras rojas, cerámicas romanas, vidrios, sílex, exvotos ibéricos o escarabeos egipcios. Al Museo de las Artes Decorativas de Pedralbes solo fueron 41 tejidos coptos, aunque el fichero que se conserva en el MNAC no hace mención a traslado alguno, estas excepcionales piezas se han localizado en el centro de plaza de les Glòries.

En el Área de Registro de Colecciones del MNAC, que coordina Jordi Casanovas, se conserva un documento de cuatro páginas Depósito Bosch y Catarineu, lleno de cifras (los números de inventario) que ayuda a entender la situación. Según consta, la colección estaba formado por 2.620 piezas (siete menos que el listado de 1934). Las piezas depositadas en el Museo de Arqueología fueron efectivamente 975. Las obras devueltas en 1950 a Julio Muñoz 1.427 (incluyendo las 1.199 miniaturas); las adquiridas por el Museo de Arte 107; por lo que hubo una operación de la que no tenemos constancia; además de 31 que el industrial donó, algo que también desconocíamos. La relación recoge otras 26 fichas anuladas.

Pero, ¿cuántas fueron las obras depositadas en el Museo de Arte de Cataluña desaparecidas durante la guerra y el traslado de materiales fuera de Barcelona, a Olot, Darnius y Ginebra. De la colección Bosch i Catarineu, solo una, según el informe conservado en Registro del MNAC. El llamado Álbum Fortuny, compuesto, según el inventario, por 80 dibujos que desaparecieron en 1938 cuando el crítico de arte Joan Merli se lo llevó a su estudio de Barcelona para fotografiarlo. Allí se le perdió la pista hasta que en 1951 una persona anónima devolvió al museo 24 dibujos que aseguró había comprado en un trapero. No obstante, Folch i Torres menciona en un informe pericial donde cita 80 obras expuestas en el Museo de Arte en 1945, que cuatro de ellas desaparecieron durante la guerra.

En cuanto a las piezas arqueológicas, el seis de mayo de 1949 tuvo lugar una reunión trascendente en el Museo Arqueológico Provincial. Por un lado, los peritos nombrados por la Diputación: el director del museo Martín Almagro Basch y José Colominas Roca, conservador del mismo. Por otro, el conocido Folch i Torres, presente en casi todo el proceso de esta colección. Las dos partes coinciden en que la “naturaleza de los objetos arqueológicos, en algunos casos producidos en serie, hacen completamente imposible la identificación de los ejemplares, que dentro de los fondos del Museo, pueden corresponder a la colección Bosch Catarineu, ya que no llevan ni número ni signo distintivo”. Los peritos hacen constar que: “No olvidan que una parte de esos objetos debió ser destruida o extraviarse a consecuencia de los traslados y desplazamientos que hubiera de sufrir las colecciones”, durante la guerra civil.

'Retablo de la Virgen de la leche', de Gonçal Peris. ampliar foto
'Retablo de la Virgen de la leche', de Gonçal Peris.

Según el catedrático de la Universidad de Barcelona Francisco Gracia, que ha investigado estos episodios, los materiales del museo arqueológico fueron embalados en 1937 en previsión de los efectos de posibles bombardeos, mientras que las piezas más significativas se colocaron en un refugio construido al que se accedía por la sala de Empúries. Tras un bombardeo en 1938 que alcanzó el vecino Palacio de Agricultura (sede del Teatre Lliure) se decidió evacuar todos los materiales. “En los inventarios no se aparecen los de Bosch i Catarineu, pero sin duda estaban en las 200 cajas que viajaron en marzo de 1938 a Mas Perxés de Agullana. En Barcelona solo quedaron los materiales que no podían trasladarse. Todos acabaron en Ginebra tras el pacto de Figueras”, explica Gracia que remarca que las condiciones de los viajes no eran las más apropiadas para las piezas.

Tras la guerra se nombró director del Museo Arqueológico a Martin Almagro que comenzó a recuperar los materiales que habían salido. “Las cajas regresaron de Ginebra en tres bloques en mayo, junio y septiembre de 1939, vía Irún y Madrid. En la reapertura del Museo, el 3 de agosto de 1939, se indica que todo el material se encuentra de nuevo en las instalaciones, por lo que no se dará nada por perdido”, explica Gracia, autor del libro Arqueología i política, donde analiza la gestión de Almagro al frente del museo hasta 1962. Almagro se opuso a devolver piezas de sus fondos a sus propietarios, como el de la escritora Caterina Albert o las piezas de la catedral de Barcelona que pasaron a la Generalitat tras varios decretos en 1936. “Los pleitos por los materiales confiscados y no devueltos se alargaron hasta 1971”, según Gracia.

La Memoria de Actividades de 1939 del museo explica que: “dado el volumen enorme de materiales de la más diversa procedencia traídos de Ginebra, el trabajo de comprobación fue muy prolijo, teniendo la satisfacción de constatar que no falta objeto alguno, como se temió en los primeros momentos”. Algo que no se correspondía con lo que el director Almagro dijo en el informe pericial de 1949.

'Clavus', franja violeta o púrpura que llevaban los senadores romanos (400-699), una de las 41 piezas coptas que se conservan al Museu de les Arts Decoratives. ampliar foto
'Clavus', franja violeta o púrpura que llevaban los senadores romanos (400-699), una de las 41 piezas coptas que se conservan al Museu de les Arts Decoratives.

En mayo de 1950, tras valorar las obras perdidas y su uso en 3.180.000 pesetas (577.556 de los materiales arqueológicos y 93.540 de las pinturas, más intereses), la Comisión asegura que Julio Muñoz tiene que pagar 4.272.041 millones; una cantidad similar a la prestada 16 años antes.

Pero Muñoz Ramonet no quería abonar cantidad alguna. El 20 de mayo escribe una carta al alcalde de Barcelona, Josep Maria Albert ofreciéndole la posibilidad de adquirir 29 de las obras de la colección que el empresario valoraba en 4 millones de pesetas. Para presionar, escribe una segunda carta ofreciendo gratis, si se materializaba la compra, una obra de Lluís Borrassà y otra de Pere Serra de los siglos XIV y XV. El pleno municipal acordó adquirir el lote por lo que la liquidación del crédito, en realidad, la hizo Barcelona, no Julio Muñoz.

Según un informe de UIASA, las obras de la colección Bosch i Catarineu estaban en casa de Julio Muñoz el 4 de julio de 1950. Pero, como hemos visto, solo en parte: Según los registros consultados este martes en el MNAC, este museo conserva 161 obras de la colección Bosch i Catarineu, de las que expone 18, en concreto las tablas y la pintura mural medieval que el Ayuntamiento compró en 1950. El resto, está en la reserva. El Museo de Arqueología conserva el millar de piezas integradas en los fondos del museo, pero sin distinción con respecto a otros conjuntos. Y el Museo del Diseño de Barcelona posee 41 tejidos coptos, todas las piezas que poseía la colección Bosch i Catarineu.

Francisco Gracia destaca una curiosa coincidencia. Uno de los trabajos de Almagro Gorbea más reconocidos internacionalmente son los dos primeros tomos de Las necrópolis de Ampurias, publicados en 1955. El primer volumen fue subvencionado por Julio Muñoz Ramonet tal y como aparece en la dedicatoria: “A don Julio Muñoz, a cuyo generoso mecenazgo se debe la edición de esta obra”, por lo que la arqueología si le interesaba al industrial. O no.

25 años desheredados

1991. El 9 de mayo muere Julio Muñoz Ramonet en Suiza, y deja en herencia en Barcelona su palacete de la calle Muntaner y su colección de arte. Los albaceas no dan a conocer la última voluntad del empresario. En octubre las hijas contratan los servicios de la experta Lori Gross para que los asesore y trasladan las obras de valor en Madrid, ciudad donde viven tres de las hermanas. Las hijas de Muñoz impiden también que la ciudad de Chur cree una fundación formada con la colección de miniaturas.

1995. Cuando el Ayuntamiento tiene conocimiento, después de publicar la información EL PAIS, constituye la Fundación Julio Muñoz para reclamar legalmente el legado a las cuatro hijas.

2007. El Juzgado de Primera Instancia sentencia que el testamento es válido y obliga las hijas a volver los bienes o pagar su valor.

2009. El Audiencia de Barcelona confirma la sentencia del juzgado de primera instancia.

2011. La Guardia Civil recupera en Alicante una obra del Greco y otra de Goya (valoradas en siete millones) del legado Muñoz Ramonet. Isabel Muñoz, la hija grande, había denunciado la desaparición el 2000 y había acusado su marido Jesús Castelo de sustraerlas del domicilio conyugal durante el proceso de separación.

2012. En marzo el Tribunal Supremo no acepta los recursos de las hijas y ratifica la sentencia de la Audiencia Provincial. Días antes de la sentencia, la Ayuntamiento de Xavier Trias paga 21,4 millones de euros por una finca de las hermanas Muñoz al Guinardó.

2013. Después de la resolución del Supremo, se pide la ejecución de la sentencia. El 25 de julio se entregan las claves del palacete. Cuando los técnicos municipales entran, no localizan las obras más importantes de la colección. Empieza el inventario del interior. En septiembre acaba el plazo para entregar El Greco y Goya recuperados y el Ayuntamiento emprende acciones legales contra las cuatro hermanas.

2014. En febrero, el Ayuntamiento certifica que las obras de los grandes autores han desaparecido del palacete y que sólo 85 de los 1.364 objetos encontrados son valiosos, pero ninguno pertenece en las grandes firmas que dan fama a la colección. Por eso, presenta una querella criminal contra las hermanas reclamándolos 853 obras de arte. Pocos días después, las cuatro anuncian acciones legales, después de negar que hayan robado ningún bien del legado de su padre y que ya han cumplido entregando las claves. En junio, el juez admite la querella e imputa las hermanas Muñoz. En septiembre, el Ayuntamiento pide que una comisión judicial busque las obras del Greco y de Goya para que se vuelvan.

2015. El Audiencia desestima la demanda de nulidad que presentaron las hermanas Muñoz contra la Fundación Julio Muñoz, creada el 1995 por el Ayuntamiento de Barcelona. El juez obliga a devolver el greco y el goya de Muñoz Ramonet en un mes y pide multas de 2.000 euros semanales si se incumple. En un informe pericial que las hermanas entregan al juez, cuestionan la autoría de muchas obras del legado.

2016. Manuel Castelo, nieto de Julio Muñoz, asegura que las obras del Greco y Goya son suyas y, por lo tanto, no se pueden devolver, y el juez suspende la ejecución de la sentencia.

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