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el final de ETA

Aulas con memoria

Alumnos de Bachillerato de ikastola bilbaína Begoñazpi debaten con víctimas de la violencia

Padres y alumnos de Begoñazpi en una de las jornadas de reflexión
Padres y alumnos de Begoñazpi en una de las jornadas de reflexión

"La historia no es todo el pasado, pero tampoco es todo lo que queda del pasado. O, si se quiere, junto a una historia escrita, se encuentra una historia viva que se perpetúa o se renueva a través del tiempo y donde es posible encontrar un gran número de esas corrientes antiguas que solo en apariencia habían desaparecido". Así acuñó y definió, en la primera mitad del siglo pasado, Maurice Halbwachs el concepto de memoria colectiva. Para el sociólogo francés, ésta reside en la arquitectura de las ciudades y pueblos, en sus monumentos, pero también en los medios de comunicación, en los testimonios personales y la opinión pública.

Esa memoria es la que, en los últimos años, elabora, repiensa y compone el País Vasco sobre y para sí. En buena medida lo hace a través de Gogora, el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos. Entre sus objetivos fundacionales está la "configuración de una memoria inclusiva garantizando la participación ciudadana". Y es en pro de esto último que se lanza el módulo educativo Adi-Adian, del que la ikastola bilbaína Begoñazpi es pionera. Este programa, que el Gobierno Vasco prevé extender de forma paulatina a todos los centros escolares, tiene claro su mantra: conocer la memoria colectiva y mantenerla viva para asentar en bases firmes la convivencia.

Con este fin llegaron a las aulas, a lo largo del curso pasado, los testimonios en primera persona de Sara Buesa, hija del parlamentario socialista asesinado por ETA Fernando Buesa, y Pili Zabala, hermana de Joxi Zabala, asesinado por los GAL. Como siguiente paso, a partir de lo escuchado, los 65 alumnos de Bachillerato de esta ikastola recabaron otros testimonios, en este caso anónimos: los de sus familiares y los de ciudadanos de la calle. Una vez en vídeo, con todo ello compusieron su propio puzle para finalmente, reunidos adolescentes y adultos en torno a una mesa, debatir. El formato, un 'world café' con tres interrogantes que abordan, en tres tiempos verbales, esta memoria compartida a la vez que propia.

Primera pregunta: ¿Cuál es el momento más duro que recuerdas de la situación vivida en Euskal Herria? De momento son los adultos los que responden: "Los asesinatos. Los años 80. Las manifestaciones, muy violentas por las dos partes: barricadas, represión, detenciones indiscriminadas, pelotazos, disparos. Y contramanifestaciones". "Una época en la que había miedo a expresarse. Un amigo mío, amenazado por ETA, tuvo que irse de aquí. Los políticos no se ponían de acuerdo para solucionarlo. La convivencia era imposible". "He vivido las torturas a un amigo mío. Recuerdo que salía de casa y mi padre me decía que tuviera cuidado, que no hablara de estos temas".

Segunda pregunta: ¿cuál es, en la actualidad, el papel de la sociedad vasca en este tema? Los adultos siguen llevando la voz cantante: "No olvidar. Transmitirlo a los que, como vosotros, parten de cero y no están contaminados, no lo han vivido en ningún bando". "Entenderlo, empatizar con el otro. Explicar por qué ocurrió para que no se repita nunca"."Seguir trabajando. Hacer un esfuerzo por ser un único pueblo, que haya interacción y convivencia real". "Escuchar, incluir a todas las partes. El diálogo. Dedicarle recursos a nivel político y social. Que hablen las dos partes, que ambos estén dispuestos a hacer concesiones".

Tercera pregunta: Deja un mensaje a quienes vayan a vivir aquí dentro de 100 años. Y por fin los jóvenes dan un paso al frente: "Tenemos claro que fue una época muy dura, pero apenas nos habían hablado de terrorismo antes. Sabemos muy poco de lo que ocurrió". "Cuando hemos intentado hablar con adultos, muchos no han querido respondernos. Les cuesta hablar de esto". Sufrimiento y diálogo, en pasado y futuro, encabezan sus conclusiones, dominan el poso que les deja esta experiencia. Para Merkat Bernaola, director de Begoñazpi, "es un tema donde hay prejuicios, tabúes... pero hay que entrar a fondo en él, hablar, para que sane. Cuando ves a una víctima del terrorismo decirte que la paz, la reconciliación, la cohesión social son lo importante, que hay que pasar página como sociedad sin odio ni rencor, sabes que tienes que hacer algo. Éste es el mayor aprendizaje".

Un máster que estos alumnos de 16 y 17 años han recibido en los últimos meses gracias a la memoria que les han regalado otras generaciones. Una asignatura que, por este curso, echa la persiana dejando por legado un mandato de unión, solidaridad, fuerza, humanidad, respeto, perdón y memoria. Una memoria que si no es colectiva no es.