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El deán quiere dedicar a los ‘sin techo’ lo robado por el electricista

Las cuentas de la catedral de Santiago presentan en 2014 un superávit de 185.000 euros

El alcalde de Santiago y los presidentes del Gobierno y de la Xunta, con el deán el pasado 20 de octubre durante el anuncio de una ayuda de 17 millones para restauración de la catedral.
El alcalde de Santiago y los presidentes del Gobierno y de la Xunta, con el deán el pasado 20 de octubre durante el anuncio de una ayuda de 17 millones para restauración de la catedral. EL PAÍS

Hay discrepancias dentro de la catedral de Santiago. Ayer, cuando ya acababa la rueda de prensa de presentación de las primeras cuentas con superávit desde el Año Santo 2010, surgió la cuestión del dinero del electricista. Los 1,7 millones de euros incautados en los registros de los domicilios del ladrón del Códice (según la sentencia habría robado 2,4) fueron ingresados por el juzgado en una cuenta de la catedral una semana antes del juicio. No se pueden tocar hasta que el fallo, recurrido por la abogada de Manuel Fernández Castiñeiras, sea firme. Pero mientras tanto, en la Iglesia compostelana se hacen planes. Y la diversidad de opiniones quedó patente en la mesa donde se sentaban para responder a la prensa el actual deán, Segundo Pérez; el director de la Fundación Catedral, Daniel Lorenzo; y el seglar procedente de Caixa Galicia y Televés que ahora administra los dineros del templo, Francisco Domínguez. El último, que fue el primero en contestar, explicó que su propuesta es invertir la cantidad robada en el plan de restauración y conservación de la achacosa basílica (una obra que necesita 30 millones y que ya cuenta con subvenciones para esta década por 18,7, más los 3,5 invertidos el año pasado). Pero a continuación el deán tomó la palabra, y dijo que su idea es gastarlo en “acción social”. Dedicar la millonaria cifra recuperada a “colaborar con Cáritas” y a "los sin techo”.

Por lo demás, la economía de la catedral progresa sin miedo a un nuevo caso Castiñeiras, “algo imposible de repetirse”, entre otras cosas, porque en seguridad se invierte cada año más de la cuarta parte del dinero que se gasta. Entre 2002 y 2012, los ejercicios de mayor actividad delictiva del electricista (cuando anotaba en sus diarios las cantidades que cogía y aparecía sacando fajos de la caja fuerte del despacho del administrador), el déficit medio en años ordinarios rondaba los 170.000 euros. Cuando tocaba santo, se compensaba, y el superávit alcanzaba el medio millón. Pero desde que la administración dejó de estar en manos de los canónigos y se contrató personal ajeno al clero la tendencia mudó, y en 2014 se logró un saldo positivo de 184.937 euros que, según se dijo ayer, se destinaron a más obras de restauración.

Con las aportaciones de fieles, turistas y peregrinos, los arrendamientos de locales, el canon de las tiendas de recuerdos que gestiona Aldeasa en la catedral, la actividad cultural (como visitas a cubiertas y museo) y algún otro concepto, el templo compostelano ingresó el año pasado más de 2,5 millones de euros. A esto hay que restarle los sueldos de la plantilla (51 nóminas, 779.300 euros), la seguridad (405.731), el mantenimiento y los suministros, y otros gastos como los relacionados con la liturgia, que son los más altos (542.238), y con la actividad asistencial, que son los más bajos (92.104 euros). De todo ello, lo que más llama la atención es el peso que tienen en los ingresos de la seo los donativos y limosnas que van a parar al cepillo y lo mucho que han aumentado desde que la Iglesia asegura que no hay hurtos. En 2014, las aportaciones de los fieles sumaron 1.031.872 euros, lo que significa un 59,65% de lo recaudado por todas las vías (subvenciones aparte). Antes de 2012, en los años ordinarios, la cifra no llegaba a los 571.000 euros.

Para conseguir fondos más allá de los ingresos propios de la basílica y de las generosas subvenciones del Gobierno central (17,9 millones), la Xunta y el Consorcio de Santiago, se puso en marcha un plan de mecenazgo para empresas con el que se cosecharon otros 500.000 euros, y un programa de amigos que fracasa estrepitosamente. “No está funcionando”, admitió Domínguez, “tenemos 150, bastantes menos que un equipo de fútbol de barrio, y aún encima la gran mayoría no están empadronados en Santiago”.

Para defenderse de las críticas por la cantidad de dinero de la Iglesia que está exenta de cotizar, Domínguez argumentó que la catedral “ingresa directamente en el erario público por impuestos y seguridad social 725.000 euros anuales”. Aseguró, además, que tienen un cálculo hecho, estimado a partir del número de visitantes y varias encuestas, y que de manera indirecta la catedral representa “el 30% del PIB turístico de Galicia”.