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El empleo en la industria alimentaria catalana crece un 13% en un año

La cifra casi triplica la creación de puestos de trabajo del sector manufacturero

Un veterinario revisa piezas de cordero en el Matadero J. Torres, en Tordera. Ampliar foto
Un veterinario revisa piezas de cordero en el Matadero J. Torres, en Tordera.

La industria recupera el pulso en Cataluña, también en el sector agroalimentario. Las empresas que producen de alimentos y bebidas emplearon a 93.000 personas durante el tercer trimestre de 2014, frente a 82.300 de un año antes, según el Instituto de Estadística de Cataluña. Una subida interanual del 13%, casi el triple del 5% para el conjunto de las manufacturas. Se trata, además, de una dinámica sostenida en el tiempo, con tres trimestres seguidos de subidas en la ocupación desde 2013. Las razones de esta evolución positiva estriban en la capacidad de las empresas para buscar nuevos mercados, la recuperación del consumo interno, el filón del enoturismo y la venta de proximidad, según los expertos.

El director general del Institut Català de la Vinya i el Vi, Jordi Bort, explica que la situación de la industria vitivinícola ha mejorado. “Se observa un crecimiento en la plantilla fija de las empresas, la que no se contrata por la vendimia”, asegura. La razón estriba en el crecimiento de las exportaciones y el mantenimiento del consumo interno. Las ventas al exterior de las bodegas han subido un 0,34% entre 2013 y 2014. Y durante el mismo período, el número de botellas comercializadas en España ha aumentado un 1,68%, según el Consejo Regulador del Cava. En cuanto al volumen del vino exportado, este ha alcanzado los 223.858 hectolitros entre enero y agosto, un 7,41% más que en el mismo periodo de 2013. El enoturismo, además, representa un nicho de crecimiento para las bodegas: “Es una oferta que generará nuevos tipos de puestos de trabajo. Las bodegas necesitan especialistas en turismo”, añade Bort.

Las empresas cárnicas, otro de los puntales del sector, han prosperado pese al veto ruso a la importación de carne, fruta y hortaliza de la Unión Europea. En 2013 ya tuvieron que afrontar el cierre de este mercado a las exportaciones de porcino por motivos sanitarios. “Pasamos a vender más en otros países, como Filipinas, Hong Kong, Taiwan, China y el Este de Europa”, asegura Josep Collado, secretario general de la Federación Catalana de Industrias Cárnicas. Los derivados del porcino, junto al buen comportamiento de la carne avícola, han compensado el descenso en el consumo de vacuno, cuya producción ha caído un 6,1% el último año porque muchos hogares no pueden asumir su precio. “El porcino y las aves son más versátiles, se pueden consumir de muchas maneras y son más económicas”, sostiene Collado.

El sector cárnico ha suplido el veto ruso con más ventas en el este asiático

Las harineras y los fabricantes de panadería han encontrado un filón en el norte de África. “En países como Argelia, Túnez y Marruecos ha crecido la industria hotelera y esta necesita proveedores de pan precocinado”, asegura David Coll, responsable de industrias alimentarias de Pimec, patronal de la pequeña y mediana empresa catalana.

Y, con independencia del tipo de producto alimentario, la venta directa y de proximidad también crece. “Es una forma de comercialización en la que solo hay un intermediario del payés al distribuidor, como la tienda de una cooperativa. Es una manera de crear un mercado y una marca, fidelizando a un cliente que quiere un producto fresco”, dice Coll.

Las bodegas apuestan por el enoturismo para el crecimiento

El aumento de la productividad, sin embargo, también puede suponer un obstáculo para la creación de nuevos puestos de trabajo. Las industrias alimentarias han respondido a la crisis económica automatizando su manera de trabajar: invirtiendo en maquinaria y reduciendo puestos de trabajo. “Se ha pasado del etiquetado manual al automático. Antes se limpiaba una lechuga manualmente y se llevaba a Mercabarna. Ahora, las máquinas la lavan, cortan, empaquetan y envían a los supermercados”, explica Coll.

Además, no todas las compañías se encuentran en la misma situación. Es el caso de las que se dedican al empaquetado y preparación de frutas y hortalizas. Domènech Vila, director de Acció, la agencia del Departamento de Empresa y Empleo, explica el impacto del veto ruso a la importación de productos agroalimentarios. “Hay frutas y verduras que no pueden almacenarse mucho tiempo y el mercado se ha saturado, por lo que el precio cae”, explica Vila. La bajada de actividad en las industrias de empaquetado de la fruta es “del 10% al 12%”.

Coll opina que la industria agroalimentaria tiene potencial y ya es uno de los más importantes de Europa. “El reto es explicar bien el producto, porque la demanda existe. Siempre hay alguien dispuesto a comprarte allí fuera. Hay que ganarse el mercado”, concluye.