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Arroceros y ecologistas crean el primer banco de paja de L’Albufera

Permite embalar el residuo vegetal, suministrarlo a los interesados en buscar un nuevo uso para este residuo que se solía quemar

Un campo de arroz en la Albufera de Valencia.
Un campo de arroz en la Albufera de Valencia.

Un pequeño grupo de arroceros en colaboración con Acció Ecologista-Agrò, la Escuela de Capataces agrícolas de Catarroja y la Fundació Assut, entre otros colectivos, han puesto en marcha el primer banco de paja de arroz en el parque natural de L’Albufera de Valencia.

La iniciativa, que se ha puesto en marcha este año por primera vez, ha permitido embalar la paja del arroz mediante petición previa y suministrarla a los interesados en buscar un nuevo uso para este residuo que, tradicionalmente se ha quemado y que ahora se deja pudrir en las aguas del entorno de lago para evitar las humaredas y la contaminación del aire.

Los impulsores de este programa solo cobran un euro por bala de paja a los interesados, que es el coste del embalaje.

La paja del arroz, sobre la que se han ensayado distintos sistemas de reciclaje, puede ser utilizada en proyectos de bioconstrucción, como programas de reforestación, de lucha contra la erosión de terrenos quemados, encojinados para campos de cultivo o como sistema para retener la humeda de terreno.

Las quemas de la paja del arroz, que durante años han sumido la ciudad de Valencia y otros municipios limítrofes al lago de L’Albufera en una densa humareda, se han reanudado este año de manera “excepcional y en áreas reducidas y muy delimitadas”. La razón de estas autorizaciones está en la falta de subvenciones de la Unión Europea que prohibía la quema y en la presencia de una planta que destruye la espiga del arroz. Según las organizaciones agrarias y las cooperativas, la quema tradicional de la paja se ha utilizado, entre otras razones, para suprimir las malas hierbas y los hongos y utilizar menos plaguicidas en la cosecha siguiente.

Las quemas autorizadas por el Consell, a la que se oponen los ecologistas, se han limitado a los tancats más próximos al lago de L’Albufera.