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OPINIÓN

Preocupante normalidad del catalán

La Encuesta de Usos Lingüísticos muestra que en Cataluña el uso social del castellano sigue siendo muy superior

Hace pocas semanas el consejero de Cultura, Ferran Mascarell, presentó la Encuesta de Usos Lingüísticos de la Población 2013. Se trata de una encuesta quinquenal realizada por la Dirección General de Política Lingüística y el Instituto de Estadística de Cataluña a unas 7.500 personas de más de 15 años, que pretende conocer los usos del catalán y de otras lenguas en determinados ámbitos sociales. El sondeo recoge, por lo tanto, datos oficiales que se utilizan en la planificación de políticas lingüísticas y para iniciar acciones en el marco del uso social de la lengua.

En la presentación de los resultados, el consejero Mascarell se mostraba optimista al señalar que la encuesta “muestra el camino del catalán hacia su normalidad a pesar de un contexto demográfico muy especial, la globalización y la incidencia de políticas estatales no favorables al desarrollo del catalán”. La dirección de Política Lingüística ha editado, en formato electrónico, un folleto de quince páginas que resume las cifras del estudio y que contiene nueve frases que, sin faltar a la verdad, rezuman un falso optimismo sobre el uso del catalán. Analicemos algunas de ellas.

1. “Crecen las capacidades de hablar y leer catalán”. Efectivamente, crecen 2,1 y 0,7 puntos, respectivamente, en comparación con los datos de 2008, pero se trata de aumentos irrelevantes (como tampoco son significativas las disminuciones de un 0,3 en comprensión o de un 1,4 en escritura del catalán, que no destaca el informe). Sería más importante subrayar que una quinta parte de la población catalana de más de 15 años ni habla ni lee el catalán, y que casi la mitad (un 40%) no lo escribe, mientras que el castellano lo habla el 99,7%, lo lee el 97,4% y lo escribe el 95,9%.

2. “La evolución del uso del catalán se mantiene estable”. La estabilidad es apreciable respecto a la encuesta de 2008, pero no en comparación con la de 2003. En diez años, el catalán ha pasado de ser la lengua habitual del 46% de la población mayor de 15 años, a serlo del 36%. Diez puntos menos que, según la consejería, son consecuencia de la llegada de más de un millón de extranjeros en el período 2003-2008, pero que después de cinco años no han remontado. Los partidarios de incrementar la presencia social del catalán no pueden sentirse satisfechos al constatar que esta lengua es la habitual para tan solo un tercio de la población y que en el último quinquenio de efervescencia catalanista este dato no ha mejorado (al contrario, han aumentado cinco puntos los que tienen el castellano como lengua habitual, superando la mitad de la población).

3. “El catalán se usa más con los compañeros de estudio”. Efectivamente, el 43% de la población que está cursando estudios utiliza el catalán para relacionarse con sus compañeros, mientras que el resto usa el castellano (31%), ambas lenguas por igual (17%) u otras lenguas (8%). Pero en los demás ámbitos (amistades, vecinos, compañeros de trabajo o notas personales), el predominio del castellano es notorio (con diferencias respecto al catalán que rozan los 30 puntos); y también se utiliza mucho más el castellano en casi todo lo relacionado con el consumo y los servicios (pequeño y gran comercio, bancos, médicos o Administración del Estado). El catalán solo se usa más que el castellano en la Administración de la Generalitat y en la local.

4. "Más del 40% de la población tiene interés por aprender el catalán". Es tan cierto como que más de la mitad de la población mayor de 15 años no muestra ningún interés por aprenderlo (unas 3.700.000 personas), sobre todo la nacida en el resto de España (más del 60%), que es la que admite que no utiliza la lengua catalana de manera habitual (el 85%).

En definitiva, los datos muestran que en Cataluña el uso social del castellano es muy superior al del catalán. Si estos indicadores sirven para elaborar políticas que mejoren el uso social de la lengua catalana, la conclusión es que en los últimos cinco años dichas políticas no han producido los efectos esperados, aunque Ferran Mascarell insista en afirmar que la encuesta indica claramente que “el catalán tiende a la normalidad plena”. Quizás para Mascarell la normalidad consista en afianzar un desequilibrio muy favorable hacia el castellano.

Finalmente, es sorprendente que las principales asociaciones en defensa de la lengua catalana no hayan reaccionado a los datos negativos de la gran encuesta oficial sobre usos lingüísticos que se realiza cada cinco años. Ni Òmnium Cultural, que según sus estatutos tiene por objeto la defensa de la lengua catalana, ni Plataforma per la Llengua, que dice trabajar para promover la lengua catalana como herramienta de cohesión social. De hecho, sus páginas web no mencionan la noticia de la encuesta, ni tampoco emiten ningún comunicado de respuesta o mínimamente reivindicativo. Huérfanos de representación activa y enérgica, los defensores de la lengua catalana tienen más motivos para sentirse muy preocupados y disgustados.

Jordi Matas Dalmases es catedrático de Ciencia Política de la UB.