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Ganaderos de Lleida vierten purines ilegalmente por el cierre de las plantas

La Generalitat asegura que existen alternativas para cumplir la norma

Una de las explotaciones porcinas en Lleida. Ampliar foto
Una de las explotaciones porcinas en Lleida.

“Ya no cabe más”, se queja Jaume Bernis mientras señala la balsa para almacenar los purines que generan los cerdos de su explotación en Alcarràs (Segrià), un pueblo de 8.000 personas en el que se crían más de 180.000 cerdos. Hasta hace tres semanas, parte de los excrementos que generaban sus cerdos los enviaba a una planta para generar electricidad. Pero desde el cierre de estas instalaciones, por la intención del Gobierno central de reducir un 40% las primas para la producción de electricidad con purines, el ganadero se ha visto obligado a tirar sus excedentes al campo. Un vertido que, como reconoce Bernis, excede el límite que marca la ley y que empeorará el estado de los acuíferos.

El cierre de las plantas afecta a más de 500 explotaciones y a la gestión de 650.000 metros cúbicos de purines, un 10% de los que se producen en Cataluña. Pero como reconoce Bernis, presidente de la sección porcina del sindicato JARC, 70 ganaderos de Lleida que transportaban sus purines a las cuatro plantas, ya cerradas, de Alcarràs, Miralcamp y Juneda, ya vierten sus excedentes al campo. “Yo llevaba cerca de 3.500 metros cúbicos a la planta. No tengo más remedio que saltarme la normativa”, dice el ganadero. La Directiva Europea de Nitratos estipula que no se pueden verter más de 170 kilos de estas sales por hectárea en zonas declaradas como “vulnerables”. Una definición que afecta total o parcialmente a 31 de las 41 comarcas.

La UE decidió a principio de los años 90, impulsada por los países del norte de Europa, por entonces grandes productores de cerdos, poner límites al vertido de purines en los campos. La presión de los grupos ecologistas provocó que la cabaña porcina de países como Dinamarca u Holanda fuera reduciéndose en detrimento de la catalana, que el pasado año rozó los siete millones de cabezas. Ante el aumento de cerdos, un 65% en los últimos 20 años, en 1999 se inauguró la planta de cogeneración de Alcarràs para gestionar los purines que la tierra ya no podía absorber. Fue por entonces cuando Bernis cuadriplicó el volumen de su negocio. La autorización de esa ampliación pasaba por llevar sus excedentes a la planta de Alcarràs, que tenía un convenio de 15 años, por lo que tendría que haber cerrado el próximo mayo. Pero la nueva legislación, pendiente de aprobar por el Gobierno central, tiene carácter retroactivo desde el pasado julio, por lo que, en caso de aprobarse tal y como está redactada, las plantas tendrían que devolver el dinero recibido. Para no acumular pérdidas, han decidido cerrar.

Las palabras del ganadero se mezclan con el ruido de la bomba cuando comienza a llenar una gran cuba con el purín de la balsa. Su destino: un campo a 2,5 kilómetros de la explotación porcina donde se lanza a la tierra. “Nosotros no queremos hacer daño al medio ambiente”, matiza Bernis. Pero un 37% de los acuíferos catalanes está contaminado por exceso de nitratos, sus aguas superan los 50 miligramos por cada litro que marca la legislación europea.La Generalitat pretende quitar hierro: “La prioridad es garantizar la viabilidad de las explotaciones y la no afectación ambiental de las zonas vulnerables”, dijo el pasado miércoles Josep Maria Pelegrí, consejero de Agricultura.

El Gobierno catalán ha defendido a cal y canto al sector porcino en su protesta contra el Ministerio de Industria, pero advierte de que “aún no deberían haber problemas de vertidos por encima de lo que marca la ley”. Agricultura recuerda que la ley obliga a tener un depósito para almacenar los purines durante cuatro meses. Por ese motivo, apuntan que “si hay problemas es por una mala gestión”, y remarcan que en caso de incumplimientos habrá sanciones. Desde Agricultura aseguran que hay alternativas a “medio plazo”. La primera pasa por cambiar la dieta de los cerdos, lo que reduciría hasta un “40%” la concentración de nitratos en los excrementos. Pero, como advierte Bernis, los nuevos piensos, más pobres en proteínas, retrasan el crecimiento de los cerdos. La otra es la instalación de máquinas para separar la parte líquida y sólida de los purines. Esta última, con más nitratos, podría ser transportada a zonas más lejanas con déficit de fertilizantes. Pero “tendría que hacer una inversión importante” se queja Bernis.