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SUPLEMENTO DE INNOVACIÓN EN EL PAÍS VASCO

Euskadi busca reforzar su sistema de innovación

El Gobierno y los agentes de la Red de Ciencia trabajan para optimizar las inversiones en I+D+i

Una pareja de investigadores trabaja en uno de los laboratorios de la corporación Tecnalia.
Una pareja de investigadores trabaja en uno de los laboratorios de la corporación Tecnalia.

Máire Geoghegan-Quinn, comisaria europea de Investigación, Innovación y Ciencia, lo decía hace unos meses: “Euskadi se convierte en un rayo de esperanza en el contexto europeo” en materia de I+D+i. Con poco más de dos millones de habitantes, el País Vasco se ha asentado desde hace tiempo como la avanzadilla de España en materia de innovación — “estamos a años luz de otras comunidades”, apunta un ex alto cargo de Industria que ha trabajado varios años en esta materia— y pone en Europa su mirada para la competencia y la emulación.

Los últimos datos del Panel de Indicadores de Innovación Europeo —IUS 2013, por sus siglas en inglés—, difundidos el pasado mes de julio, sitúan a Euskadi muy cerca del grupo de países con alta innovación, pero por debajo de la media de la UE-27. La comunidad autónoma obtiene una puntación de 0,48, seis centésimas por debajo de dicha media europea, pero claramente por encima del conjunto de España (0,41).

Una conciencia clara, tanto pública como privada, de que la apuesta por la I+D+i resultaba clave en el desarrollo económico y, en los últimos años, para poder hacer frente a la crisis y la colaboración entre los múltiples agentes de la Red Vasca de Ciencia, Tecnología e Innovación ha permitido alcanzar esos resultados. Solo las dos grandes corporaciones tecnológicas que forman parte de la Red (Tecnalia e IK-4) emplean a 3.000 investigadores, el 40% del output de la investigación industrial de España. Tecnalia es el primer centro tecnológico español y el quinto de Europa.

La estrategia que se consensuó en la pasada legislatura y quedó plasmada en el Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación 2015 es mantenida como propia por el Gobierno de Iñigo Urkullu y su consejería de Desarrollo Económico y Competitividad, que encabeza Arantza Tapia. El objetivo máximo del plan es que dentro de dos años Euskadi dedique el 3% de su PIB a I+D+i, lo que supone algo más de 1.900 millones de euros. Ello implica no solo al presupuesto del Gobierno como tal, sino a todas las instituciones que intervengan en esta materia en Euskadi y a las empresas. Un 3% de país, por tanto.

La comunidad autónoma alcanzó el año pasado por vez primera la media de la UE en gasto de I+D+i, con un 2,08% del PIB. Ese compromiso para 2015 se mantiene, pese a la crisis, como el propio lehendakari ratificó en julio pasado a representantes de las dos alianzas tecnológicas citadas y de los Centros de Investigación Cooperativos (CIC), otra de las ramas destacadas de la Red de Ciencia.

El objetivo de dedicar a I+D+i el 3% del PIB en 2015 se mantiene

La crisis lo determina todo y con falta de impulso público hay menos tracción de dinero privado, además de los problemas que por sí mismas están teniendo las empresas. El Gobierno prevé poder mantener el volumen de recursos dedicados a I+D en los mismos niveles de 2012, aunque inicialmente anunció un descenso del 9% en esta materia.

Tras la posibilidad de un mayor endeudamiento que ha permitido la relajación del objetivo de déficit, a lo que se suman transferencias de fondos del EVE, los diferentes programas de I+D+i convocados dispondrán de un presupuesto global de 143,9 millones de euros con la perspectiva del trienio 2013-2015, de ellos 109 millones ya este año.

El pasado ejercicio fueron en total 161,2 millones para 2012-2014, aunque las cifras no son homologables por cambios en los tipos de convocatoria. La comparación de convocatorias exclusivamente para 2013 frente a 2012 muestra un ligerísimo crecimiento (apenas un 0,85%).

La apuesta actual y la preocupación del Ejecutivo en tanto que tractor público del sistema de innovación vasco es abordar una revisión de la Red que permita adaptarla para responder mejor a las necesidades de las empresas. Y mejorar lo necesario para acercar el sistema a parámetros europeos.

Además de la acuciante necesidad de optimizar recursos, el análisis parte de las debilidades que se han constatado en el sistema: una trama de innovación completa, pero con muchos actores —más de 100 agentes forman parte de la Red Vasca de Ciencia—, que necesita aclarar sus objetivos y modelos financieros; la necesidad del trabajo conjunto interdepartamental e interinstitucional y de clarificar el rol de Ikerbasque, y la “bajísima” actuación, como reconoce el departamento, en la evaluación de los resultados de la investigación y de la propia política de ayudas.

Los programas de investigación para el trienio cuentan con 144 millones

De esta forma, junto con los agentes de la Red, el Ejecutivo ha comenzado a desarrollar un sistema de evaluación de los programas y de las políticas que permita adaptar la inversión pública a los resultados obtenidos. La intención reconocida es orientar los fondos a aquellas estrategias de investigación aplicada donde su impacto tenga más éxito, especialmente en materia de productividad empresarial. Y, junto a ello, el seguimiento, tanto técnico como económico y de mercado de los fondos públicos transferidos y la evaluación sistemática de los programas de innovación.

Todo ello se resume en un concepto que se está poniendo en marcha en Europa y que Euskadi quiere asumir para completar el Plan 2015: las estrategias de investigación e innovación para la especialización inteligente (RIS3, por sus siglas en inglés). ¿Y en qué consisten? La idea es que las estrategias regionales de innovación sean inteligentes en el sentido de especializar o concentrar sus recursos e inversiones en áreas donde existen claras sinergias con las capacidades productivas existentes y potenciales del lugar, en este caso Euskadi. “Dedícate a tu capacidad potencial y a lo que haces mejor”, resumen fuentes de Desarrollo Económico.

Además, la UE priorizará en un futuro los planes de especialización inteligente a la hora de que los diversos programas puedan optar a recibir financiación europea.

Las apuestas concretas pasan por “focalizar un poco más”, en palabras de otras fuentes de la consejería, dentro de las áreas que abarca el Plan 2015: energía, tecnologías de la información y la comunicación, envejecimiento, salud y manufacturas. “Hay que focalizar bien en función de nuestras capacidades y de la respuesta que podamos dar a la inversión del sector público”, añaden dichas fuentes. Por ello se están analizando junto con los agentes de la Red y con las empresas cuáles tienen que ser las líneas maestras de actuación.

La importancia de lo intangible

Tras más de seis años de vida, Innobasque, la Agencia Vasca de Innovación, se ha convertido en un actor clave en el ecosistema innovador vasco. Suma ya más de mil socios, entre empresas (68%), agentes científico-tecnológicos (15%) y Administraciones y agentes sociales (12%). Su objetivo es hacer de Euskadi el referente europeo en innovación para 2030, trabajando en torno a tres líneas: evaluación del sistema de innovación vasco, generar una cultura en esta materia y apoyo a la reactivación económica.

En el primer apartado, una de sus últimas iniciativas cifra aún más el peso del trabajo innovador. Con metodología de su homóloga británica Nesta, Innobasque ha elaborado Indizea, un parámetro para medir cuánto invierten las empresas vascas en capital intangible (I+D, diseño, propiedad intelectual o software, por ejemplo) y cuál ha sido su contribución a mejorar la productividad.

Indizea ha permitido concluir que la inversión empresarial en intangibles ha supuesto un 6% del PIB de Euskadi entre 2004 y 2010.

En los tres primeros años de ese periodo, justo antes de que estallase la crisis, la productividad creció a un 1,8% anual; entre 2008 y 2010 lo hizo al 0,7%. La contribución de los intangibles llegó al 34% en el primer periodo y al 26% en el segundo, suponiendo, en ambos casos, la inversión media anual en I+D+i un 6% del PIB. Ello permite concluir que la innovación ha frenado la caída de la productividad.