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La Casa Lleó Morera se abrirá al público

Los bellos interiores del edificio creado por Domènech i Montaner son uno de los ejemplos más destacados del modernismo barcelonés

Imagen de los interiores de la Casa Lleó Morera. Ver fotogalería
Imagen de los interiores de la Casa Lleó Morera.

Barceloneses y turistas tenían que conformarse con admirar la Casa Lleó Morera, construida por el arquitecto Lluís Domènech i Montaner en 1905, desde fuera, a través de su imponente fachada de balcones curvos coronada por un esbelto minarete, ya que la vivienda situada en la esquina del céntrico paseo de Gràcia con Consell de Cent, era inaccesible. Pero la cosa cambiará si prospera la iniciativa de la constructora Núñez y Navarro, propietaria del edificio, de abrir al público la planta noble del primer piso, uno de los más ricos y bellos interiores modernistas de Barcelona.

Domènech i Montaner supo rodearse de los mejores artesanos del momento

Hasta ahora solo unos privilegiados habían podido acceder a su interior. El 10 de septiembre de 2009 un grupo de barceloneses pudieron contemplar su profusa ornamentación realizada con las más diversas técnicas y materiales: mosaicos, pintura mural, esgrafiados, mármoles, piedras y maderas durante 4 horas, con motivo de los 25 años de emisión de TV-3. Pero la vivienda no ha estado vacía. Desde que en 2006 la adquirió el grupo Núñez a la familia Lara, los cuatro pisos de que consta están en alquiler (desde 11.426 euros al mes). En concreto el piso principal lo ocupa la empresa de moda y complementos Guess, que tenía instalado allí oficinas y un showroom, pero su alquiler acaba esta semana y no lo prorrogará. Esta circunstancia, según fuentes de la empresa del grupo Nuñez, ha llevado a sus dueños a replantearse el futuro de esta vivienda única, y su intención es no volver a alquilarla más y abrirla al público mediante el cobro de una entrada.

La apertura es un viejo deseo del patriarca de la empresa, Josep Lluís Nuñez, que ya lo expresó en octubre de 2007 durante la firma de adhesión de su vivienda a la Ruta Europea del Modernismo.

Pero para abrirla se tendrá que adaptar a los requisitos de accesibilidad y seguridad obligatorios y así conseguir los permisos municipales correspondientes. Desde el Ayuntamiento de Barcelona aseguran que los dueños no se han puesto en contacto con ellos, y que esperan la petición desde la empresa. "En función del uso que se le quiera dar se aplicará, en un grado u otro, el Código Técnico de Edificación del Ministerio de la Vivienda, necesario para la apertura al público de cualquier edificio, incluso los protegidos", aseguran desde patrimonio municipal. La especificidad de la construcción, en este caso un bien patrimonial que goza del mayor grado de protección, impide intervenciones que afecten negativamente al edificio, por lo que habrá que adaptar la normativa. Entre las posibilidades que se barajan es que sea accesible desde la parte posterior del inmueble, desde el interior de la manzana.

La tercera en discordia

La Casa Lleó Morera, forma junto a la Casa Batlló de Antoni Gaudí y la Casa Amatller de Josep Puig i Cadafalch la famosa “manzana de la discordia”, una especie de rovell de l’ou del modernismo barcelonés donde estos tres arquitectos rivalizaron como en ningún otro sitio del Eixample (fruto del interés de los burgueses que esos años construían su vivienda en el Paseo de Gràcia) en crear la mejor y más bella vivienda. La Casa Batlló ha cumplido 10 años abierta al público, y las colas dan a entender que la experiencia ha sido un éxito de convocatoria. Cuando terminen los trabajos de reforma de la Casa Amatller, previstos para finales de este año, la vivienda del industrial chocolatero y su hija abrirá las puertas para mostrar su historia y el único interior modernista intacto (que se sepa) con todo el mobiliario original conservado. Con la apertura de la Casa Lleó Morera, los barceloneses, podrán juzgar, en primera persona, cuál de las tres casas es la más bella. Será un buen ejercicio.

Para Teresa Sala, profesora de Historia del Arte Moderno de la Universidad de Barcelona, la apertura del piso noble "es una noticia fundamental, ya que permitirá admirar un interior único de la ciudad". La especialista en interiores modernistas, recuerda que su perduración en el tiempo "ha sido posible gracias al esfuerzo de muchos durante años", y menciona a la empresa Bilbao Compañía de Seguros, que compró el edificio en 1943 "en un momento en el que el Modernismo era un estilo poco respetado, conservaron todos los interiores mientras que se lo podrían haber cargado todo". Para Sala, lo importante será encontrar el equilibrio entre el edificio y su apertura y "evitar su desgaste". "Será una visita obligada como lo es la casa Batlló, la Pedrera o la casa Amatller, para todo el que venga a Barcelona y para los barceloneses; otra cosa será lo que se quiera explicar durante la visita".

La firma de ropa que ha ocupado en los últimos años la vivienda también han sabido respetar la vivienda. Han evitado el anclaje en las paredes utilizando caballetes para exhibir sus productos; el cableado de la luz está a la vista y han iluminado las estancias con lámparas de pie o halógenas colocadas en cable de tensión, mientras que han evitado que el mobiliario entrara en contacto con las paredes decoradas.

Domènech i Montaner supo rodearse de los mejores artesanos del momento para crear esta edificio compuesto por sótano, planta baja, tres pisos (con solo una vivienda por rellano), buhardilla y azotea, que decoró de forma profusa y rica: del creador de muebles Gaspar Homar que, además de dirigir al resto de artistas, creó toda la madera del edificio y el mobiliario de las viviendas, como el del piso principal que se puede ver en el Museo Nacional de Arte de Catalunya, gracias a que lo compró Joan Ainaud de Lasarte cuando era su director; del escultor Eusebi Arnau, que decoró con ninfas la fachada y esculpió en el interior de la vivienda principal dinteles de cerámica con figuras de porcelana en relieve que representaban leyendas populares; del taller de vidrieras Rigalt y Granell, que crearon uno de los grandes tesoros de la casa: la enorme vidriera emplomada que recorre todas las plantas de la fachada posterior; del dibujante Josep Pey, que diseñó la marquetería y de Lluís Bru que creó los mosaicos del suelo.

Para abrir el espacio al público se tendrá que adecuar a la normativa

Desde que Nuñez y Navarro adquirió la vivienda inició una intensa labor de rehabilitación de su interior, ya que la fachada había sido restaurada poco antes de que el grupo Núñez comprara el edificio. Durante estos años se han recuperado las vidrieras, se ha renovado parte de la ebanistería, del parqué y de los mosaicos. Los bajos del edificio, alquilados desde 1943 a la firma de marca de lujo Loewe han sufrido una historia más convulsa. De la destrucción de los interiores para instalar el negocio se ha pasado, mediante tres intervenciones, a intentar recuperar su aspecto original. La última concluyó en marzo pasado, recuperando parte del aspecto de la fachada inferior, como la entrada de carruajes, la columna esquinera ideada por Domènech y algún fragmento de frescos realizados en los techos del interior, ocultos bajo un cielo raso durante 70 años.

Nido de ametralladoras

J. A. M.

Desde que en 1864 Joan Mumbrú y su mujer compraron un solar irregular en el nuevo Ensanche barcelonés donde construyeron una pequeña casa con jardín, hasta la actualidad, la codiciada vivienda ha pasado de mano en mano. En 1943 Bilbao Compañía de Seguros adquirió la vivienda a los herederos de los Lleó Morera. Ellos fueron los que alquilaron el semisótano y la planta baja a Loewe. En 1986 la Mutualidad de Previsión Social de la Abogacía se hizo con el edificio, y encargaron en 1988, la primera gran rehabilitación a Óscar Tusquets, sobre todo recuperar el templete destruido por una bomba en 1936 ya que se había instalado allí un nido de ametralladoras. Años después, en 1998, fue la editorial Planeta la que compró todo el edificio, instalando sus oficinas principales. En mayo de 2003 la capilla ardiente del editor José Manuel Lara fue instalada junto a la vidriera del piso principal. En 2006, la compró Núñez y Navarro, su actual propietario, por 26 millones de euros. El Ayuntamiento estuvo a punto de ejercer el derecho de retracto. El primer piso estuvo alquilado entre 1915 y 1917 por el Real Círculo Artístico, y más tarde por el Casal de les Comarques Catalanes. En 1986 lo ocupó el Patronato de Turismo, hasta que en 2006 pasó a manos de la firma Guess.