Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Soberanía, ajustes y causas perdidas

Hay que reconocer que les han dado motivos, mejor dicho, motivo en algún caso aislado y en el resto facilidades. Me refiero a la extrema derecha, particularmente mediática y a sus políticas, rubias las dos, protegidas; y por otro lado, me refiero a las personas que ocupan las instituciones. En algunos casos los motivos y facilidades vienen dados por la torpeza, el desahogo, la prepotencia e incluso la corrupción, en la mayoría de los casos combinaciones de todos estos elementos.

Los motivos y facilidades los han aprovechado los columnistas de cabeceras más o menos serias como El Mundo, La Razón, ABC o La Gaceta, por los opinadores de tertulias televisivas o radiofónicas, por plumillas de medios digitales y por representantes políticas rubias para arremeter contra instituciones que vienen desde el inicio de nuestra democracia o incluso del régimen anterior.

La monarquía no depende hoy de sí misma sino de la habilidad de sus enemigos para que caiga

A esta última institución me refiero en primer lugar. La Corona se ha visto sometida a un zarandeo que pone en serio riesgo el reinado de Letizia. Estos ataques provienen de su lugar natural, la izquierda, de aquellos sectores que en principio deberían ser su más firme apoyo, la derecha, y de foros populares no muy serios. Desde mi punto de vista, de todos estos agentes, no será Jon Albizu, el concejal que instó al equipo de Gobierno de San Sebastián a izar la bandera republicana el 14 de Abril, ni siquiera la derecha quien pueda acabar con la monarquía. El verdadero peligro para ésta, viene del nacionalismo español de Belén Esteban y Rosa Benito.

El gran cazador blanco pecó de torpe, no sólo por caerse sino por celebrar su guateque cinegético en el peor momento de la historia reciente de España. Ha pecado de desahogo al mantener un estilo de vida millonario en momentos de progresión exponencial de la pobreza y la exclusión. Ha pecado de soberbia con contestaciones fuera de tono y peinetas a sus críticos. Pero lo peor ha sido su connivencia o por lo menos intención de tapar las actividades corruptas de su yerno. El tiro en el pie de su nieto parece una metáfora de lo que los ocupantes de la Zarzuela han hecho.

Hablando de metáforas, el momento de debilidad de la más alta representación del Estado que no de los ciudadanos puede ser una imagen de la situación de España. La torpeza, el desahogo, la prepotencia y la corrupción han llevado a España, unidas al miedo, a una situación de debilidad tal que este país ha renunciado a su soberanía. La ha dejado en manos del BCE y del FMI y ha quedado al pairo, a merced de los vendavales que vienen de los especuladores de los mercados. De la misma manera la monarquía no depende hoy de sí misma sino de la habilidad de sus enemigos para hacerla caer o no. No soy de la opinión, como ha mantenido la línea editorial de este periódico en su ámbito nacional de que sea necesario apuntalar este modelo de jefatura del Estado. Probablemente una catarsis en forma de advenimiento de la República o incluso en forma de abdicación podría convencernos de que es necesario tomar nuestro destino en nuestras manos, abandonar la estrategia suicida del ajuste y más ajuste, que ni es capaz de resolver los problemas verdaderamente más graves como el desempleo ni siquiera es eficaz para reducir el déficit y dar tranquilidad a los especuladores. Ejercer la soberanía puede suponer el inicio de un nuevo camino, un nuevo modelo que cambie de medio a medio la trayectoria de España como nación.

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El retroceso del modelo autonómico avanzaría en diez minutos hacia el proceso independentista

La segunda cuestión institucional que me gustaría traer a colación es el ataque continuo y la culpabilización que la derecha hace del modelo autonómico. Pili y Mili del centralismo, es decir, Esperanza Aguirre y Rosa Díez lideran la reacción contra las comunidades autónomas a las que se culpa del déficit, de las duplicidades, y del excesivo coste de la Administración, como si antes no hubiera existido lo que llamábamos administración periférica. Lo primero que se me viene a la cabeza ante este espectáculo es que son verdaderamente inconscientes de lo que puede acarrear un triunfo de sus posiciones. Es cierto que como en la situación anterior el modelo autonómico ha sufrido los desmanes de algunos que han sido sus titulares y que se han erigido en catedráticos de la torpeza, el desahogo, la vanidad y la corrupción. No es necesaria ahondar en esta idea. El debate que han introducido contra el modelo autonómico conduce a lo innecesario de determinadas comunidades, La Rioja, Murcia….Pero desarrollado lleva incluso a la inconveniencia de grandes comunidades como Cataluña o Euskadi. ¿Qué ocurriría ante un retroceso importante u definitivo del modelo autonómico, incluso al cierre del mismo en lugares como Euskal Herria? Me atrevo a pensar que el consenso social de ser nación, con independencia de lo que cada uno considere como mejor relación con el Estado, llevaría a un impulso mayoritario, muy mayoritario, de la sociedad vasca hacia la independencia que ni con lo dispuesto en el artículo octavo de la Constitución podría detenerse. El proceso hacia la independencia avanzaría en diez minutos lo que costaría treinta años.

Por último, y al hilo de lo anterior, me gustaría añadir una idea. Si durante la segunda legislatura del anterior gobierno popular decía que Aznar había hecho más nacionalistas que Sabino Arana, hoy la boutade puede enunciarse así: Los Mercados van a hacer más independentistas que Arnaldo.

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