El Frente Carolina Ramírez, la estructura que detonó la crisis en la negociación con las disidencias de las FARC

El Estado Mayor Central de Iván Mordisco reconoce que ese frente masacró adolescentes indígenas que ya habían sido víctimas de reclutamiento forzado en Putumayo, el episodio que llevó al Gobierno a suspender el cese al fuego

Yeison Alexis Ojeda, alias ‘Danilo Alvizú', comandante del Frente Carolina Ramírez, lee un discurso en un video publicado en redes sociales.
Yeison Alexis Ojeda, alias ‘Danilo Alvizú', comandante del Frente Carolina Ramírez, lee un discurso en un video publicado en redes sociales.frente Carolina Ramírez (RR SS)

La negociación política con uno de los mayores grupos de disidencias de la extinta guerrilla de las FARC ha entrado en crisis. El propio Estado Mayor Central, como se autodenomina, ha admitido en un comunicado conocido este miércoles que asesinó al menos a tres adolescentes indígenas que el frente Carolina Ramírez había reclutado forzosamente en el selvático departamento del Putumayo –tanto las autoridades como las organizaciones indígenas han denunciado que fueron cuatro los asesinatos–. Esa masacre despertó un repudio generalizado y llevó al Gobierno de Gustavo Petro a suspender el cese al fuego pactado desde el Año Nuevo con los disidentes en cuatro departamentos: Meta, Caquetá, Guaviare y Putumayo.

El frente Carolina Ramírez, bautizado por el nombre de una de las primeras combatientes abatidas cuando se declararon en disidencia de la cúpula guerrillera que negociaba el acuerdo de paz, ha planteado un enésimo desafío a la estrategia de la paz total y entorpece el diálogo con la corriente encabezada por Iván Mordisco, a la que el Gobierno ya ha concedido estatus político. También ha subrayado las nuevas dinámicas de reclutamiento forzado que alimentan el fuego de los grupos armados. “Si el cese al fuego bilateral no es efectivo en determinados territorios para proteger la vida y la integridad de toda la población, no tiene sentido persistir en ello”, ha defendido el Gobierno.

¿Cuál es el lugar del frente Carolina Ramírez, que baña de sangre la frontera con Ecuador, en ese desordenado archipiélago de grupos armados denominados como disidencias? Más del 90% de los excombatientes de las FARC que firmaron la paz a finales de 2016, unos 13.000 exguerrilleros, han cumplido con sus compromisos. Pero las disidencias han desestabilizado las condiciones de seguridad en muchas regiones, saboteado los esfuerzos de construcción de paz y amenazado las garantías de seguridad para los exguerrilleros y sus familiares contempladas en los acuerdos.

El fenómeno comenzó en la recta final de las negociaciones con las FARC. Una de sus estructuras más representativas, el Frente Primero, que operaba en el sureste del país, publicó a mediados de 2016 un comunicado en el que se apartaba del proceso, al que tildó como una “traición”. Es la semilla del Estado Mayor Central. Desde entonces surgieron otras facciones en distintas regiones.

Las corrientes de Iván Mordisco y la Segunda Marquetalia de Iván Márquez –el otrora jefe negociador de la guerrilla que retomó las armas junto a otros jefes que habían firmado la paz– se consolidaron como las más notorias, una suerte de sombrillas. Ambas fueron designadas por Estados Unidos como organizaciones terroristas cuando retiró de esa lista negra a las FARC, ya desarmadas y convertidas en un partido político. Ambas también entablaron una guerra a muerte en la que fueron cayendo en confusos enfrentamientos –a menudo del otro lado de la frontera con Venezuela– varios líderes, entre ellos Gentil Duarte, que había sido el rostro más visible del Estado Mayor Central.

El Frente Carolina Ramírez se creó por una intención de dos comandantes disidentes, Gentil Duarte e Iván Mordisco, de controlar nuevamente el corredor que va desde el Meta, en el centro del país, hacia la frontera con Ecuador, concretamente en Putumayo, explica Andrés Cajiao, experto de la Fundación Ideas para la Paz. “El Carolina Ramírez siempre ha estado articulado y coordinado con el Frente Primero” y con otras estructuras del Estado Mayor Central, del que sigue directrices, apunta. El cabecilla es Danilo Alvizú, un mediático combatiente, activo en redes sociales, que no tuvo un cargo relevante en las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. De él se conoce que llegó a ser fotógrafo en Bogotá y después apareció en Putumayo en una historia llena de puntos ciegos.

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“Hemos visto claridad en el mando”, coincide Elizabeth Dickinson, analista del International Crisis Group, al explicar que el propósito principal de ese frente era consolidar el control que tiene el Estado Mayor Central sobre los ríos en el sur del país, en Putumayo y Caquetá, que van hasta el Pacífico. “Lo que pasa con los frentes importantes es que empiezan a tener tentáculos, son tan extensos y hay tantos comandantes pequeños que pueden ocurrir incidentes”, matiza.

“Al Carolina Ramírez lo caracteriza una fuerte presión y reclutamiento sobre los pueblos indígenas del Caquetá”, como lo evidencia el asesinato de los adolescentes, señala Estefania Ciro, investigadora del centro de pensamiento A la orilla del río. “Es un imperativo mantener en el centro de este proceso de paz la protección de las comunidades, la voz de las víctimas y la búsqueda de la no repetición, especialmente para los pueblos étnicos que han sido gravemente afectados por el conflicto armado durante décadas”, señalaba este miércoles en esa misma línea un comunicado conjunto de organismos internacionales que acompañan los acercamientos entre el Gobierno y el Estado Mayor Central, entre ellos la Misión de Verificación de la ONU y las embajadas de la Unión Europea y de Noruega.

En Colombia persisten siete conflictos armados internos, y cuatro de ellos involucran a las distintas facciones disidentes, de acuerdo con el último balance anual del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Uno de ellos es justamente la feroz batalla que libran en Putumayo el Estado Mayor Central, a través del Frente Carolina Ramírez, y los Comandos de la Frontera, que mantienen una alianza con la Segunda Marquetalia.

Tanto el Carolina Ramírez como los Comandos de la Frontera están compuestos por una amalgama de combatientes que incluye tanto guerrilleros disidentes como firmantes del acuerdo de paz que retomaron las armas, además de nuevas dinámicas de reclutamiento forzado, apunta el congresista Andrés Cancimance, representante a la Cámara por Putumayo del Pacto Histórico, el partido de Gobierno. “Hoy hay una disputa muy grande, liderada por el Carolina Ramírez, de hostigamiento hacia los firmantes de paz. Las dos estructuras ejercen presión para que los firmantes que han venido cumpliendo con el acuerdo se vinculen con uno u otro, y eso ha generado asesinatos de firmantes con liderazgos muy sobresalientes”, dice a este periódico. “Por más cese bilateral al fuego que haya, ninguna de las modalidades de violencia se ha suspendido”, se lamenta.

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