‘Cachitos Nochevieja’ celebra los primeros 2000 con el canto del cisne de Sonia y Selena y una nueva ristra de rótulos irónicos
El homenaje del programa de La 2 nos enfrenta a una cruda realidad: Raúl, David Civera y Rebeca son los Miky, Tony Ronald y Jeanette de una generación a la que nos cuesta madurar


Que los primeros años 2000 ya son abono para los nostálgicos es algo que duele en el alma a cualquiera que tenga más de 35 años. Muchos espectadores en estado de negación hemos abrazado el ya tradicional especial de Nochevieja de Cachitos de hierro y cromo de este año, titulado Love de twenties como un bonito homenaje a los felices 20, los de las chicas flapper, el expresionismo alemán, el art déco, el surrealismo y todos esos movimientos que nada tienen que ver con nuestra fecha de nacimiento. Para cuando Ángel Carmona ha mencionado en el primer minuto de programa a Sonia y Selena, las Glinda y Elphaba patrias, el golpe de realidad ha sido inevitable.
Clásicos entre los clásicos... 🎶
— La 2 (@la2_tve) December 31, 2025
Sonia y Selena siempre serán @cachitos_tve aunque su separación nos haya hecho "cachitos" el corazón 💔 #CachitosLoveTheTwenties https://t.co/rBMFSWytmG pic.twitter.com/TD5oc3ir51
El dúo grabó para el programa de La 2 su enésima actuación del Yo quiero bailar, es de suponer que no mucho antes de su abrupta y controvertida nueva separación. Rebeca Pous, el siguiente fantasma de los veranos pasados que se le ha aparecido a Carmona, no es precisamente una flapper ni su hábitat natural es el de una libérrima fiesta del Berlín de entreguerras o el de las páginas de El Gran Gatsby. Pero algo de bueno tendrán que tener los 2000 si Cachitos se ha fijado en ellos. O quizá es que ya se han agotado las reservas de décadas pretéritas que recordar.
Al menos, el espacio hace servicio público al desmentir una vez más el bulo de la muerte de Lorna, que aparece viva y coleando en un plató que rinde claro homenaje a Música Sí para resucitarse a ella misma y a su Papichulo.
En un momento dado, una Nina a lo Matrix ha enfrentado a Carmona al dilema de la pastilla roja y la pastilla azul. Por lo que sea, él ha decidido tirar por el rojo incel de la manosfera y la cosa no ha mejorado para los negacionistas del paso del tiempo. La nostalgia, materia prima del formato, nos ha dejado claro que habrá niños y jóvenes esta Nochevieja que mirarán a Raúl, David Civera y la propia Rebeca como otros observábamos a Miky, Tony Ronald y Jeannette apareciendo de vez en cuando en comandita en Qué tiempo tan feliz. Parte de culpa la tiene el edadismo, pero también el hecho de que la precariedad permanente haya obligado a varias comunidades españolas a ampliar las ayudas a los jóvenes hasta los 40 años.
De lo que sí ha servido la primera parte de Cachitos Nochevieja, la previa a las uvas, ha sido de arma propagandística con la que la cadena pública publicita su estrategia actual: apostar por la música en directo, considerada veneno para la audiencia por resultar previsible para el espectador, con su ya machacón (aunque bienvenido) eslógan de RTVE La casa de la música.
Mientras Sonia y Selena ofrecían su canto del cisne en La 2, en la cadena principal La Oreja de Van Gogh de Amaia Montero hacía lo opuesto, estrenando Todos estamos bailando la misma canción. Spotify bien podría etiquetar el tema en la sección de pop católico. Algunos seremos edadistas, pero nos valen unos hedonistas primeros 2000 (como esos locos años 20 que precedieron al desastre) antes que una regresión voluntaria a esa nostalgia mal gestionada de la que hablaba Paloma Rando en una anterior crónica de fin de año; la que empieza añorando la UHF y termina abrazando el franquismo. Cachitos de nuevo en el lado correcto de la historia.
La segunda Cachitos de Nochevieja, la postcampanadas, nunca presenta ningún conflicto. No nos cansamos de la sucesión de actuaciones procedentes de ese archivo musical que RTVE pretende seguir alimentando regadas de rótulos chistosos. A continuación, algunos de los más destacados.







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